Angel Guardian

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-Capítulo 13- Por el principio.

 

-Ethan-

¡Maldita sea! Caímos en la trampa de alguien más. Tal parece que no creé un plan de contingencia. Me enfoqué en cuidarnos de los putos espías de un solo hombre y olvidé que no soy el único que va tras él.

Pero que idiota, necesito concentrarme más y divagar menos.

Los estruendos iban aumentando y los gritos se acercaban más a medida que el caos crecía en el local.

 

— ¡Corran, la policía! —gritó desde afuera, una de las conejas que se encargaba de la seguridad.

— Ethan, ya suéltala y vámonos —bufa, Rex, apremiante—. Hay unas escaleras de emergencia al final del pasillo, subiremos por ahí y nos las arreglaremos en el primer piso.

 

La ojiverde se zafa de mi agarre y se abre camino entre nosotros dirigiéndose a la puerta para asomarse.

 

— No hay salida, estamos atrapados aquí —dice ella, abriendo una pequeña rendija que le permitiera ver el exterior—. La policía nunca mandaría a un grupo de hombres si no estuviera seguro de que bloqueó las vías de escape.

 

Soy consciente de cada palabra es cierta, nos encontramos en una posición complicada, sin embargo, yo saldré de aquí sin importar qué.

 

— ¡Carajo! Así que al final teníamos al hombre incorrecto —farfulla alterado.

— ¿A qué te refieres? —pregunto dándole una mirada a su actitud sospechosa.

— En realidad, —interviene, cierta metiche, en nuestra conversación— creo que atraparon al hombre equivocado. Es un policía y su informante también lo era.

— ¿De qué me perdí? —inquiere, Rex. Lleva una de sus manos a la nuca como reflejo de su confusión y levanta una ceja a la espera de que alguien de una buena explicación.

 

Yo hago el mismo gesto confundido y comienzo a interrogar con la mirada a ambos. Me faltan trozos de información para descifrar esto de modo coherente.

En ese momento, un movimiento proveniente del suelo mojado roba mi atención. El oficial se retuerce intentando enderezarse, despertó.

Rex lo levanta del cuello de su prenda y estampa su cuerpo contra la pared en un intento de intimidarlo.

 

— ¿Quién es tu informante? —brama amenazante—. No me hagas perder la paciencia, te juro que si no hablas en este instante te haré tragar plomo.

 

Veo como le apunta cerca a la garganta y suspiro negando con la cabeza.

¿Qué clase de mal chiste es este?

Estoy atrapado con mi descerebrado amigo y la coneja que apareció más armada que la seguridad de todo el local.

Tal parece que no trabaja para el gobierno, o al menos no para el de este país.

Mi presa resultó ser un hueso duro de roer, hasta ahora no tengo ni la menor idea de cómo terminé atrapado en una situación como ésta siendo quien soy.

Debí haberme quedado a dormir en el auto. Jodida mierda de suerte la que me tocó hoy.

Resoplo exasperado mirando a todas las direcciones que puedo divisar en este baño del asco.

Seguir en el mismo lugar que esta desconocida es algo que no quiero, no soporto la idea de no poseer el control de una situación.

Ella no luce nada inocente, es decir, lo único normal que tenía eran esas estúpidas prendas de bunny.

 

— Podemos quedarnos aquí y averiguar lo que tiene que decir, —habla, de una forma que solo logra revolver mi estómago aún más. Es peligrosa y no pienso confiar en alguien más, y ella no será la excepción— o podemos salir de aquí con la información.

 

Sus labios se curvan en una sonrisa de autosuficiencia, una diminuta cosa plateada brilla entre sus dedos llamando mi atención. ¿Eso podía ser lo que he estado buscando todo este tiempo?

 

— ¡¿De dónde lo sacaste, maldita perra?! - escupe sangre al gritar, el policía intenta zafarse del agarre de Rex, con el propósito de llegar a la pelirroja—. ¡Es imposible que lo hayas conseguido!

 

Al ver como forcejea en un intento deliberado de escapar, una sonrisa involuntaria se forma en mi rostro. Así que bunny podía servirme de algo, después de todo. Creo que puedo pasar por alto el hecho de que no conozco nada de ella y utilizarla a mi favor.

Si aprendí algo en esta maldita vida, es que mientras tengamos un objetivo en común, un total desconocido puede convertirse en el aliado más útil. Siempre y cuando me cuide las espaldas.

 

— Ya cierra la maldita boca, bastardo —bufa Rex y deja el arma a un lado para hundir su puño en el estómago del oficial.

 

Este se asfixia y se dobla en dos cerrando los ojos con fuerza.

Sostengo el puente de mi nariz como muestra de que mi paciencia había llegado a su fin.

 

— Salgamos de aquí —suelto evitando mirar cómo quedó el tipo, no tenía intenciones de matarlo. No encontré ningún arma amenazante y al estar vestido de civil es poco probable que traiga placa si vino de incógnito—. Tú ganas Taira, trabajemos juntos para salir de aquí, pero quiero ese usb con toda la información. ¿Quedó claro?



Skyler Teens

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En el texto hay: novelajuvenil, romance, angel de la guardia

Editado: 25.02.2019

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