Anomalía de amor

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Capitulo 16

Sabrina

 

“El mundo está lleno de miradas, que lo dicen todo y no dicen nada.” 

 

Naomi cargaba con un enorme oso de felpa que un desconocido ganó para ella y yo, pues tenía un borrador que un niño me dio  como premio de consolación. 

 

Amaba el helado y a pocos metros atrás vi un puesto, sin embargo Naomi insistió  en que quería algodón de azúcar, así que desistiendo de mis deseos  la seguí hasta el lugar, aunque la fila era más larga de los esperado, pero Naomi estaba dispuesta hacerla contar de satisfacer sus antojos y a mi no me quedo de otra que esperar con ella aunque odie el algodón de azúcar. 

 

—Voy al baño, no te muevas de la fila. 

 

Sin antes poder contestarle algo a su petición, ella se fue dejándome sola y un poco confundida, claro eso no es una confusión  comparada, como el ser sacada de la fila por alguien más. 

Naomi me matara cuando  vuelva y no este en el lugar. 

 

—Bien rubia, ahora vamos a divertirnos —anuncia Ethan sin quitar su sonrisa o su agarre de mi brazo. 

 

Pero ¿Quién se cree para sacarme así como así? Ya muy nerviosa me puso desde la semana pasada cuando me apriciono contra los casilleros. Se que para él todo es un  juego, pero logro ponerme nerviosa aparte de muy avergonzada por haber llorado frente a él. Me niego rotundamente a ir a algún lugar junto a él después de todo eso merodeando mi cabeza. 

 

—Compraremos helados —espeto encaminándose al puesto que había visto hace rato. 

 

Bueno tal vez el que este sola un rato con él no este tan mal como creí, sólo es un helado, un dulce y frío helado de sabores increíbles. 

 

—¿Qué esperas? Vamos. —Esta vez fui yo quien lo arrastro hasta el puesto. 

 

Él volvió a reír y negar divertido: —vaya parece que no eres tan tímida como creía. 

 

Esas palabras lograron que mi cara adquiriera el mismísimo color carmesí asemejándose a un tomate, tal vez si estaba siendo un poco atrevida al reaccionar de esa forma. 

 

Solté su mano y me aleje un poco de él para guardar la distancia. 

 

—Y-o lo-s-iento —comencé a balbucear sin sentido como siempre hago cuando los nervios me dominan por completo, odiaba mucho esa sensación pero no podía evitar tenerla por desgracia. 

 

El pelinegro ignoro totalmente mis balbuceos y compro los helados, me extendió una paleta de de vainilla y la acepte con manos temblorosas. 

 

Soy una torpe y una cobarde. 

 

—Oye rubia, tú tranquila ¿bien? Vamos a aclarar algo, me acerque a ti porque te vía nutrida y yo también estoy aburrido así que me pareció una buena idea —espero  mientras habría su paleta de fresa y comenzaba a lamerla, yo hice lo mismo con la mía y camine a su lado esquivando a las tantas personas que pasaban a nuestro alrededor, entendiendo un poco la razón del porqué me saco de la fila de esa forma y comenzó a hablarme como si fuéramos amigos de toda la vida cuando nuestra única conversación es en el pasillo donde yo terminé llorando mientras le pedía que no me hiciera daño. 

 

Para considerarme a mi una buena compañía si que debía estar aburrido. 

 

—Y ¿Por qué precisamente yo? no soy la persona más divertida del mundo —pregunte sin míralo, en ese momento toda mi atención estaba en la paleta de helado, como si fuera lo más interesante del mundo. 

 

—Porque te vi sola, casi pidiendo a gritos que te sacaran de ahí, además mis amigos están muy ocupados liberando las hormonas —explicó y volvió a tomarme del brazo para acercarnos a la rueda de la fortuna. 

 

Era enorme, demasiado alta para ser considera una atracción y no un monumento, no se como las persona se atreven a subirse en esa cosa, por Dios ¿es que acaso se creen súper héroes? 

 

Ni loca me subo a eso. 

 

—¡Nos subiremos a eso! —exclamo el chico  señalando la enorme y probablemente mortal atracción. 

 

Y este es mi momento de correr al estacionamiento y esperar a  todos completamente viva. No quiero que mi  muerte sea provocada por una rueda de la fortuna. 

 

—No, olvídalo, no quiero morir hoy —asegure  con la voz más firme que puede recolectar de mi interior, cuando mis piernas estaban temblando como una gallina con fiebre. 

 

—Bien, entonces serán dos molestos —contesto  esta vez dirigiéndose  a la taquilla, que para mí desgracia se encontraba vacía y como no estarlo si esa cosa era terrorífica. 

 

¡Ay por Dios! ¿con que clase de chico medio suicida me he  cruzado en el  camino? 



Isabel

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En el texto hay: primer beso, familia hogar amor, amor adolecente aventuras y humor

Editado: 16.10.2019

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