Antares Roter, Detective Paranormal

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CAPÍTULO 6

   Antares salió de la ducha y fue a cepillarse los dientes sin ni siquiera secarse. Pasó la mano por la superficie empañada del espejo y observó por unos instantes a la peliazul que le devolvía la mirada con aquellos ojos de un azul más claro que el turquesa de su cabello.

   Por un momento recordó que ya no se sentía incómoda con su desnudez y su aspecto, tal como le pasara años atrás, cuando cayó gravemente enferma y le costó meses recuperarse de las secuelas de su enfermedad.

   Eso la llevó a recordar a Amaranto, a quien conoció durante el proceso de recuperación y le ayudó en todo lo posible tras prometérselo. Aunque ella lo negaba una y otra vez, sentía cierta atracción hacia su amigo. No eran una obsesión o un enamoramiento propiamente dichos, pero sí que le sentía como algo suyo. Su amigo almeriense podría parecer una persona dependiente y sedentaria al principio, aunque cuando se le conocía bien uno se daba cuenta de que era un espíritu rebelde, que se sentía cautivo si permanecía mucho tiempo en un mismo lugar y no dudaba en mandar a la mierda a una persona para toda la vida, aunque llevara 20 años de amistad.

   La lealtad era algo imprescindible para que Amaranto considerase a alguien uno de los suyos e incluso llegase a admirarle. Pero si le traicionaban ya no volvía a confiar en esa persona e hiciera lo que hiciera Amaranto la expulsaba para siempre de su vida. Por eso Antares y él siempre se llevaron tan bien, porque ambos eran leales a su amistad, sin el menor atisbo de duda se defendían a muerte si veían que atacaban al otro injustamente. Y luego estaba esa capacidad que tenían de dejar a un lado su orgullo —porque ambos eran muy orgullosos— para pedir perdón si se enfadaban; nunca llegaron a estar más de una semana sin hablarse tras una discusión, porque si no le buscaba ella, lo hacía él. No tenían una relación de dependencia, pero ambos necesitaban al otro en sus vidas, porque ambos se retroalimentaban.

   Recordar el pasado hizo que la cordobesa volviera a empezar a preguntarse qué ocurrió para dejar de hablar sin más —y no fueron pocas las veces en las que ella le dejó mensajes para saber qué ocurría durante las tres primeros meses, pero viendo que no los leía siquiera, ni respondía a sus llamadas de teléfono, desistió—.

   Su teléfono comenzó a sonar de repente, hacía cuatro años que no escuchaba esa melodía en el aparato, Bad Man de los Blue Sarraceno era la canción que tenía asignada como tono de llamada para Amaranto. Tropezó con la cama por las prisas en cogerlo.

   —¿Diga? —Preguntó al descolgar.

   —¿Cómo qué «diga»? ¿No tienes mi numero en la agenda?

   —¡Es una formalidad al descolgar carapán! ¿Qué dirías tú si yo te llamara?

   —Te diría: «hola ojazos de hielo, ¿qué llevas puesto?» Y después gruñiría en plan erótico.

   —Pues no llevo nada, acabo de salir de la ducha.

   —¿Vas rasuradita?

   Antares se sonrojó y se hizo un silencio incómodo. Amaranto empezó a reír con su risa floja y contagiosa.

   —¿Te han dicho alguna vez lo gilipollas que llegas a ser? —Preguntó la bruja cordobesa con una sonrisa en la cara.

   —Sí, bastante a menudo, de hecho eres tú quien no se cansa de repetírmelo, será que entre gilipollas nos reconocemos.

   Antares hizo una pedorreta al intentar aguantarse la risa.

   —Yu güin dis taim, ¿eeeeeh? —Respondió con tono jocoso.

   —¿Ya estamos con el puñetero meme? Menos mal que no puedes enviar la imagen por voz, que si no…

   Antares sonrió picarona.

   —¿Quién dice que no? —respondió divertida— La tecnología avanza a pasos agigantados, mira el chat si no te lo crees.

   Amaranto arqueó una ceja y aprovechó el manos libres para abrir el chat con Antares desde el teléfono y ahí encontró el famosos meme que rezaba «Yo estoy enseñando inglés. Ai am lernin inglis, ¿eeeeh?». Ambos rieron a carcajadas.

   —Hija de puta, lo que echaba de menos esto —sentenció Amaranto secándose las lágrimas que le caían por la risa.



LOBO FANTASMA

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En el texto hay: asesinatos, amor, magia

Editado: 18.05.2018

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