Antares Roter, Detective Paranormal

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LA CONDESA SANGRIENTA

   Corría el año 1653 y una leyenda negra se había apoderado del conocimiento popular de la gente humilde de un pueblo de Hungría; quienes estaban sometidos por una leyenda urbana que los agentes de la iglesia católica difundieron, mediante subterfugios y malas artes. Dicha leyenda rezaba que el espíritu de una asesina condenada a su confinamiento hasta la muerte, había sido liberado de su prisión y estaba sembrando el terror en Ecsed.

   No fueron pocas las veces que algún sacerdote tuvo que visitar la villa para practicar algún exorcismo, así como fornidos guerreros o especialistas en cazar demonios y otras entidades malignas. Pero desde la muerte de la condesa Erzsébet Bathory en 1614 empezaron a desaparecer hombres, mujeres y sobre todo niños, así como empezaron a escucharse aullidos desgarradores en mitad de la noche, cada vez con más asiduidad.

   Una tarde, una misteriosa mujer llegó montada a lomos de un corcel negro. Se notaba a simple vista que era una ducha guerrera, ya no solo por su porte, sino por el aura que desprendían tanto ella como su caballo de guerra. Observó con detenimiento la villa desde la lejanía. Al adentrarse, aquello parecía un pueblo fantasma, no sólo por no haber ni un alma entre sus calles, sino también por la atmósfera tensa y espectral que se había instalado allí de forma perenne.

   La dama conocía bien la leyenda del pueblo de Ecsed y ya se imaginaba que no saldría nadie a recibirla. Se apeó de su montura y dirigió sus pasos con calma hacia el centro de la villa. Pudo percibir las miradas curiosas y temerosas de los vecinos de aquel pueblo, observándola con detenimiento. Uno de los pueblerinos se armó de valor y se acercó a hablar con la misteriosa mujer ataviada con armadura y tabardo negros.

   Estaba claro que pertenecía a una orden de caballería, pero no a cual, porque no había símbolo alguno en sus sigilos, ni en los del caballo.

      —Buen... buenas tar... buenas tardes, mi señora. ¿Puedo preguntar quién sois vos? —tartamudeó el hombre de aspecto desaliñado y humilde.

   —Buenas tardes buen hombre, mi nombre es Nerea. ¿Puede decirme si estoy en la aldea de Ecsed? —Preguntó ella a su vez.

   El aldeano se relajó un tanto al ver que a pesar de tener una mirada profunda, los ojos de Nerea desprendían bondad, paciencia y ternura.

   —Sí, vos estáis en el poblado de Ecsed. ¿Puedo preguntar si está de paso o ha venido por alguna razón?

   Nerea sonrió.

   —Vengo a encargarme del problema que asola esta aldea. ¿Puede indicarme dónde queda el cementerio?

   El hombre abrió mucho los ojos, sorprendido por la respuesta de la mujer.

      —¿Pero cómo? ¿Usted sola? ¿Una mujer? Debería haber venido con algunos hombres fuerte, aunque tampoco le serviría de mucho, porque incluso hombres tan grandes como montañas han muerto en el intento.

   Aunque personalmente le molestaran ciertas actitudes y formas de pensar de los hombres, la dama oscura Nerea había aprendido a ver más allá de las palabras y sabía que aunque la forma de pensar de aquel hombre no era la más correcta, también pudo ver que sus palabras nacieron de la más sincera preocupación hacia ella; por lo que no llegó a enfadarse.

   —No se preocupe buen hombre, algo conseguiré, estoy versada en combate y no es fácil derrotarme —señaló por fin.

   —Pero vos queréis enfrentaros a un demonio con forma de mujer, dicen que roba el alma, la sangre  y el corazón de sus víctimas tras matarlas.

   —De verdad, no se preocupe. ¿Puede indicarme dónde queda el cementerio y dónde hay un establo para dejar a mi caballo?

   El hombre la miró con pena e impotencia, no sabía por qué pero aquella muchacha le había caído muy bien y temió por su seguridad. Resopló resignado.

   —Para llegar al cementerio seguid en línea recta hasta salir del pueblo, a su derecha veréis el campo santo a un kilómetro. No tiene pérdida, está frente al bosque. Antes de entrar tenéis un pequeño mástil para amarrar su caballo. Le rogaría a su merced que se diera la vuelta y conservara su alma, pero veo que es usted una mujer con arrestos y muy decidida. Le deseo la mayor de las suertes, vaya con Dios.

   Nerea guió a su corcel de guerra a paso lento hacia el cementerio. Observó todo lo que había a su alrededor con detalle y por si encontraba señales que indicaran alguna pista sobre la veracidad y naturaleza del espantajo que tanto atemorizaba al pueblo.



LOBO FANTASMA

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En el texto hay: asesinatos, amor, magia

Editado: 18.05.2018

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