Antares Socor, Detective Paranormal

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CAPÍTULO 1

Las corrientes del tiempo convergían en un día que parecía como otro cualquiera, pero lo cierto era que algo demasiado inusual estaba a punto de ocurrir. Las almas atormentadas durante tempos remotos, se fusionaban en una amalgama de dolor y gritos, junto con las almas afligidas del presente y las que serían torturadas en tiempos futuros. El torrente temporal parecía estar abriendo un portal hacia un mundo totalmente desconocido, una existencia salvaje y caótica, donde todo el mal de la Creación parecía estar encerado, a punto de ser liberado como rezaba las leyenda antigua de Pandora.

«Righänger», gritaron a la vez todas las almas desoladas, con voces roncas y agudas.

 

Se despertó sobresaltada, incorporándose sobre sus reales posaderas. Estaba en su cama, en su habitación, en su casa. El corazón le latía tan deprisa, que parecía querer salírsele por la boca. Un sudor frío perlaba todo su cuerpo, que temblaba violentamente, presa del pánico.

Jamás había tenido una experiencia tan real como esa. Antares sabía que eso no había sido un sueño, ni una pesadilla; la sensación de que ese portal estaba succionando su alma fue real. Tuvo un mal presentimiento, algo muy gordo estaba a punto de ocurrir, algo que cambiaría su vida por completo.

Percibió una vibración en el tejido de la realidad y de forma instintiva posó sus azules ojos sobre el espejo que había en la cómoda, a su izquierda, frente a su cama. Tal y como sintió, la brecha en el tejido de la realidad se originó en el espejo, lo vio todo a cámara lenta; el espejo se combó hacia dentro y al instante siguiente se expandió, ondeando como si estuviera hecho de agua. Una fuerte luz surgió del mismo y tras esta, un bulto negro salió disparado, estampándose en la pared de enfrente, a un metro de Antares, a la altura de su cabeza.

La mujer se levantó mientras el bulto caía al suelo, encendió la luz para comprobar boquiabierta que ese bulto, era un duende de pelo rojo como el fuego y piel negra como el azabache.

            —Eeeh... ¿hola? —Preguntó ella, cuando logró articular palabra.

El duende se levantó tambaleándose, a punto de caerse varias veces, hizo un gesto con la mano, pidiéndole paciencia a la joven y acto seguido se puso a vomitar. Antares jamás había visto vomitar de esa manera tan exagerada a algo de tan pequeño tamaño.

            —¡Pero tío! ¡Que me estás poniendo  el suelo perdido! ¿De dónde coño sacas tanto siendo tan pequeño? —Rechistó.

El duende terminó de vomitar, tras tres intensos e infernales minutos y respiró profundamente.

            —¿Pero tú eres gilipollas o qué te pasa? —Chilló una vez que pudo respirar con normalidad, mientras daba rápidos botecitos— ¿A quién cojones se le ocurre poner una puta pared en frente de un espejo?

Antares no supo cómo reaccionar, sobre todo por la cara tan expresiva de aquel duende de ambarinos ojos.

            —Yo flipo… —sentenció.

            —¿Qué tú flipas? ¡Yo sí que alucino pepinillos! ¿Pero qué tienes en la cabeza? ¿Serrín?

            —Mira enano, como no te tranquilices te voy a meter un sopapo que vas a atravesar la pared.

            El duende la miró impresionado.

            —¿Eres Antares? ¿Antares Socor? —Preguntó.

            Ahora fue ella la que se quedó mirando al duende con los ojos muy abiertos.

            —¿Cómo lo sabes?

            —Por la descripción que me han dado de ti, ¡no voy a adivinarlo por ciencia infusa!, ¿no te jode?

            —¿Qué descripción y quién te la ha dado?

            —Gorda, fea, de ojos azules y una mala hostia que flipas…

            —Se está rifando una hostia y tú llevas todas las papeletas, enano.



LOBO FANTASMA

#70 в Detective
#49 в Novela negra
#430 в Fantasía
#93 в Magia

В тексте есть: asesinatos, amor, magia

Отредактировано: 18.05.2018

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