Antares Socor, Detective Paranormal

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CAPÍTULO 4

          Cuanto más ascendía y se acercaba a la cabaña, más le temblaban las piernas. ¿Por qué sentía ese miedo? ¿Acaso en el fondo sabía que ella tenía la culpa de que su amigo la hubiera dejado de lado? Por más que buscó en sus recuerdos no encontró ningún hecho que provocara esa separación tan repentina. ¿Entonces por qué esos nervios ante el reencuentro con él? No tenía razones para sentir ese anhelo de volver a verle. ¿Era eso, deseaba volver a verle hasta el punto de ilusionarse? No, no podía ser eso, ¿por qué se iba a ilusionar?

           El sol se había ocultado ya tras las montañas, aunque aún se podía ver gracias a las luces del crepúsculo. Una brisa cálida muy leve comenzó a soplar, barriendo las hojas caídas tras el otoño. Antares sonrió al recordar que tanto Amaranto como ella compartían la preferencia por los lugares cálidos.

           Por fin alcanzó la cabaña. Ahí estaba «la Loba», la Honda Shadow de color rojo de su amigo. La bruja recordó la primera vez que su amigo se la prestó y dejó que la condujera, le encantaba tener a esa bestia entre sus piernas; se sentía poderosa sobre ella. Con la oscuridad creciente no se dio cuenta de la hamaca que había junto a la puerta de entrada hasta que la tuvo en frente. Allí estaba él, con un periódico tapando su cara, mientras su pecho ascendía y descendía con ritmo tranquilo; Amaranto dormía. Se acercó para poder contemplarle con detalle. Fue a apartarle el periódico de la cara, con todo el sigilo que pudo, sintiendo que su pulso se aceleraba al saber que estaba muy cerca de poder volver a contemplar su rostro.

          Se llevó un chasco cuando vio que llevaba el pelo largo y enmarañado; la barba estaba desaliñada y sin afeitar desde hacía dos meses por lo menos. Ella siempre lo prefirió con el pelo corto y la perilla arreglada, aunque debía admitir que le parecía muy terno verlo dormir, nunca lo vio así, tan frágil, tan indefenso, tan…

            —¡RUCA! —gritó él de repente, provocando que ella lanzara un chillido, que resonó por toda la zona.

          —¡Me cago en tu padre! —espetó ella entre gritos, golpeando a su amigo, mientras él se revolvía en el suelo, presa de una risa floja que no podía contener.

           Esa maldita risa contagiosa también trajo buenos recuerdos a la cordobesa. No pudo evitar reírse con él, a pesar de estar enfadada por el susto.

            —¿Quieres para de reírte ya carapan? —preguntó entre furiosa y divertida.

            —¿Pero tú has visto la cara que has puesto cararape? —replicó él.

            Ver que seguía teniendo la actitud de siempre con ella la tranquilizó.

            —Eres un gilipollas —espetó jocosa.

            —Y tú una mamarracha —replicó él.

            —Y tú un caramierda.

            —Y tú una caraculo.

            —Caranchoa.

            —Carapolla.

            —Carabesugo.

            —Caralmeja.

            —¿Después de 4 años sin hablarme me recibes así? ¿Dándome un susto de muerte?

           —¡Joder! ¿4 años ya? Va a ser verdad eso de que cuando uno lo está pasando bien el tiempo pasa volando.

            —Qué gracioso has sido siempre.

            —Mi mayor fuente de inspiración es tu cara, que eres tan fea que te enrollaban un chorizo al cuello para que el perro jugara contigo.



LOBO FANTASMA

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#72 в Magia

В тексте есть: asesinatos, amor, magia

Отредактировано: 18.05.2018

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