Antes del Alba

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III

"I like to keep my issues drawn. It's always darkest before the dawn..."

 

 

Hoy es viernes, se llena la librería. Me apuro a llegar y efectivamente, es la una del mediodía y ya hay más de quince personas dentro; leyendo, conversando, riendo bajo, coqueteando y demás. Dejo mis cosas y voy a los estantes después de saludar a Rae y Kurt. La jornada pasa bien, algo pesada pero normal. Al salir, me abrigo bien y cruzo mis brazos en mi pecho. Voy caminando con los audífonos puestos y escuchando algo de rock clásico. Siento que alguien me observa, volteo y a la izquierda diviso una silueta alta. Me acerco un poco, sin perder mi trayecto original, tratando de saber si me observa o no. Avanzo unos cuantos pasos más e identifico ese par de brillos. Quito uno de mis audífonos y me acerco aún más, Eric desvía la mirada al suelo. Frunzo un poco más el ceño y él da media vuelta para retirarse de ese lugar. Camino un poquito más aprisa y lo tomo por el brazo. Queriendo saber qué demonios hace ahí. Por qué me sigue, por qué es un idiota, por qué.

— ¿Qué diablos pretendes? ¿Me estás acosando? ¿O esta es una broma? Porque déjame decirte que no es para nada graciosa—suelto, exigiendo una respuesta. Me mira con la eterna tristeza dentro de sus destellos color verde. No logro entender por qué tendrá ese reflejo perpetuo de tristeza, algo así como un toque gris a su aura, no logro explicarlo. Lo observo con cautela y curiosidad, este chico sí es extremadamente raro.

Por cierto, desde que me lo empecé a topar, no he vuelto a tener ese sueño alocado. Me siento incómoda y desesperada, me saca de quicio esta situación tan retorcida.

— Yo... Tengo que decirte algo. Va a sonarte como lo más irreal y falso que hayas escuchado en tu vida entera— dice en un susurro. No quita su vista de la mía y tiene un atisbo de súplica en ella.

— Hmm... De acuerdo... Pero... — contesto a lo que él interrumpe.

—Tienes que prometerme que no me juzgarás ni nada... ¿Sí? — habla con cautela.

—Sí, pero ya dime porque me estas asustando en serio— devuelvo con el ceño fruncido ante la expectación.

— No lo puedo controlar, siento que... Que de alguna manera... Te conozco, no lo entiendo. Lo juro. Salgo de mi casa y diario, invariablemente desde hace dos semanas, desde cuando me estrellé contigo ese lunes por la mañana... Todo lo que hago me conduce a ti... — suelta y abro la boca de asombro. Esto no pude estar pasando, en verdad no lo creo. Este tipo Harry es un acosador psicópata. En definitivo.

— Por favor, no me malinterpretes. Me alejaré de aquí, ¿sí? No quiero asustarte, pero no lo hago de manera consciente, ¿de acuerdo? — se acerca a mí y lo miro, tratando de averiguar qué es lo que trama, aunque en este momento no sé cómo carajos tengo que reaccionar.

— Si quieres ya no digas nada. No tienes la obligación, soy un loco—dice con pesar, está titubeando, muy inseguro—. Hey, hey... No te preocupes, ¿sí? — vuelve a decir.

— Ya me perdí, ¡es que no entiendo absolutamente nada! — grito exasperada. Baja la mirada y lo observo con delicadeza.

— ¿Por qué a mí? — dice más para sí mismo que para mí.

— No lo sé. Tenemos que averiguar qué va mal con nosotros dos, lo digo en serio. Yo tampoco soy una persona tan normal que digamos. He tenido estos... estos episodios, más bien son sueños... — confieso con voz muy bajita.

— ¿Qué? — sube la mirada hacia mí. Espera por una respuesta.

— Desde hace algunos meses... He tenido este sueño una y otra vez. Siempre es el mismo, no lo entiendo— me observa de manera tan atenta que me comienza a intimidar.

— Esto tiene que ser una broma ¡¿Y yo soy el loco?! — suelta de manera cortante y desesperada. Abro más mis ojos, no debí decirlo. Qué estúpida fui. Agh.

—Sí, bueno. Buenas noches— contesto borde, doy media vuelta y salgo corriendo lo más rápido que mis piernas me lo permiten.

— ¡Janelle! ¡Qué haces! ¡Regresa Janelle! ¡Maldita sea!— escucho que grita, sin embargo me importa demasiado poco lo que haga o diga a partir de este momento. Que se pudra. Casi no puedo respirar, he corrido mucho. Me paro recuperando mi respiración y estoy toda colorada, tanto por el frío como por correr. Estoy a dos calles de mi edificio, suspiro profundamente y me dispongo a caminar tranquilamente hacia mi apartamento. Espero que Jo no haya hecho un desorden ni esté ebria, es viernes y quiero dormir. Después de diez minutos de caminar lentamente, llegué al piso. Abro la puerta y grito.



RJ Cuervo

Editado: 14.01.2019

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