Antes del Alba

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VI

"All of his questions, such a mournful sound. Tonight I'm gonna bury that horse in the ground..."

 

 

Amanezco en mi cama y como acto instantáneo, una sonrisa del tamaño de mi cara aparece sin dar previo aviso. Sé que parezco idiota, pero nunca me había pasado lo que ocurrió ayer, hablo absolutamente de todo. Fue algo extraño, diferente y algo perturbador. Ayer Eric me trajo de vuelta a mi edificio y se despidió de mi de una manera tan cortés que no creí que el chico que estaba en frente de mí fuera el mismo tonto con el que me crucé hace alrededor de un mes. Sí que las cosas cambian. El día de hoy es lunes y no tengo ganas de hacer nada, hoy no trabajo así que tendré que idear algo. Salgo de mi habitación para ver si Jo se encuentra cerca, pero no la diviso por ningún lado del departamento, de seguro salió con Fred. Aun no me explica nada de lo que pasa entre ellos dos pero sé que pronto lo sabré, y será cuando ella decida contarme, no soy entrometida, es su vida.

Me dispongo a recoger un poco cuando tocan a la puerta. Es Dean y trae helado, mucho helado. Con una sonrisa enorme lo saludo y lo dejo pasar, nos tiramos en el sillón en frente de la televisión con cucharas y los potes de esta delicia. Ya extrañaba estos días, hace más de dos meses que lo posponíamos por los proyectos, compromisos, etc. Dean toma la manta que está en el respaldo del sofá y nos cubre con ella.

— ¿Qué hiciste anoche? Vine a buscarte pero no había nadie en el apartamento— comienza mi mejor amigo con curiosidad en la mirada. Dean no es sobre protector pero es muy curioso.

— Hm... ¿Recuerdas a ese chico de la librería que me hizo enojar? El que también nos encontramos en el cine y en el restaurante el sábado— Dean frunce el ceño en señal de concentración, cuando el recuerdo lo golpea, cambia esa mueca por una sonrisa pícara, me mira y mueve las cejas de arriba a abajo. Me río por su estupidez, jamás cambia.

— Conque... El "idiota de..." ¿Cuál era su nombre?

— Eric— respondo débilmente y él ensancha su sonrisa.

— ¿Y qué pasó ayer? ¿Estabas con él?

—Sí. Me invitó a un club— mi amigo abre mucho los ojos y me dedica una cara de sorpresa absoluta. No soy exactamente una persona afecta a salir a clubs los sábados por la noche. Suelta una risita aguda en señal de burla. Yo me comienzo a sonrojar.

— ¡No lo puedo creer! Saliste con un chico con el cual te llevas pésimo, ¿por lo menos resultó bien?

—Cállate, Dean. Y si... Pensé que era imposible pero sí. En su mayoría fue una buena noche.

— ¿Y lo verás hoy también? Porque si es así, no sé qué carajos hago aquí retrasándote, criatura— suelto una estruendosa carcajada y lo empujo por el hombro.

— Eres un imbécil, amigo. No voy a salir con él, no tenemos nuestros números como para contactarnos o algo. Aparte fue una cosa espontánea y nada más.

— Tienes mucho que aprender, pequeña Janelle.

— Ya cierra la boca y concéntrate en comer helado.

— Pero...— lo interrumpo metiendo la cuchara llena de helado a su boca para callarlo. Como respuesta consigo una gran carcajada. Y se calma.

Son las ocho de la noche y estamos aburridos en mi departamento, Jo no llega y muero por hacer algo. Dean propone ir a comprar más comida para pasar la noche viendo película tras película. Acepto y nos encaminamos al supermercado más cercano. Una vez ahí tomamos un carrito, lo lleva Dean y vamos tonteando. Hace bromas y reímos, jugamos con los peluches que hay en una sección y hacemos algunas tonterías. Llegamos a la sección de botanas y me acerco a las frituras para ver cuales se me antojan. No escucho a Dean y volteo a buscarlo, está de espaldas a mí decidiendo qué tipo de queso llevar para los nachos. Me volteo para seguir observando la variedad de frituras. Cuando creo que ya me decidí, un par de manos cubren mis ojos y yo de primeras me tenso pero luego río mientras pienso que es Dean jugando conmigo.

— ¿Por qué te me apareces siempre? — reconozco bien esa voz.

— No. Creo que el que me sigue eres tu— no borro mi sonrisa.

— Hm... ¿Estas segura de eso, Janelle?— susurra en mi oído.

—Sí, Eric. No sobrevives sin mí— suelto una pequeña carcajada y él también. Me libro de sus grandes manos y me volteo para verlo a los ojos, está más cerca de lo que pensaba.

— ¿Viniste a surtirte de comida chatarra?—pregunta con una sonrisa igual a la mía.



RJ Cuervo

Editado: 14.01.2019

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