Antes del Alba

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VII

"So I like to keep my issues drawn. But it's always darkest before the dawn..."

 

 

De pronto abro los ojos gracias a las sacudidas que me está dando la persona que se encuentra justo en frente de mí. Parpadeo muchas veces hasta que consigo darme cuenta de dónde me encuentro y quién está conmigo. Es Eric, me quedé dormida a un lado de él.

— Ellie... Ellie, responde— me mira con auténtica preocupación—. Janelle, mírame. Nada fue real, fue sólo una pesadilla.

Lo observo aun asustada, con la respiración agitada y el pulso sonando atrás de mis oídos. Las lágrimas siguen su curso, corriendo por mis mejillas. Acto reflejo me aferro al chico de la mirada triste y él me devuelve el abrazo fuertemente.

— Shh... Todo está bien. Tranquila, Ellie— intenta arrullarme entre sus brazos mientras yo sigo luchando contra las lágrimas—. Estoy aquí. No pasa nada— posa sus labios en la parte superior de mi cabeza. Sigo sollozando. Suspiro de manera entrecortada buscando la fuerza para calmarme, el nudo en la garganta sigue ahí, solo que ahora es soportable tenerlo, aunque no pude evitar llorar como una cría, me siento aliviada de que alguien estuviera aquí conmigo para abrazarme. Generalmente soy fuerte, soy algo fría pero, sin embargo, soy humana y no puedo evitar romperme. No lo suelto ni él a mí. Cuando nota que estoy más tranquila, sus músculos comienzan a perder tensión.

—Lo— suspiro fuertemente—. Siento— necesito enjugarme las lágrimas pero no quiero soltarme de Eric. Hace mucho que no tenía una pesadilla que se sintiera tan real y que me dejara tan afectada, tan solo fueron dos veces y fueron justo después de la muerte de mis padres.

— No lo sientas. Me preocupé— comenta, alejándose un poquito para poder ver mi rostro, de seguro hinchado y con la nariz y mejillas rojas.

— ¿Qué pasó? ¿Qué hice?— pregunto en un pequeño susurro, ni siquiera me molesto en voltear a revisar el lugar, Dean no es exactamente lo que me interesa en este momento.

— Estabas dormida muy tranquila y de pronto comenzaste a soltar pequeños sollozos, después comenzaste a llorar más fuerte e iniciaste a gritar, decías que no querías morir y le gritabas a alguien que regresara contigo— confiesa igualmente en voz bajita, como temiendo que si la eleva me pudiera alterar.

—Lo lamento mucho, me asusté muchísimo... Aún sigo asustada— contesto con timidez y bajo mi vista a su cuello, donde sigo teniendo mis brazos enroscados.

—No tienes porqué disculparte, no es tu culpa, Ellie. Fue una pesadilla— habla con un atisbo de sonrisa. Sonrío lo más que puedo, pero sé que apenas llega a ser una mueca.

— ¿Ellie? Nunca me han dicho así antes— digo cambiando de tema, necesito distraerme, dejar de pensar en esa extraña y horrorosa pesadilla. Eric sonríe mostrándome sus dientes todos lindos.

—La adrenalina ocasiona que no se tenga control de lo que se dice, trataba de hablarte lo más dulce para que te tranquilizaras— sé que bromea porque también añora olvidar lo ocurrido.

—Qué listo eres... ¿Cuál es tu apellido?— esa pregunta vino a mi cabeza tan rápido como salió por mi boca, no me lo había preguntado antes. Suelta una tierna y adorable risa apenas audible.

—Barrett— me mira directo a los ojos, buscando una señal que le confirme que aún me siento asustada pero no la encuentra y puedo hasta notar cómo una sombra se retira de sus ojos.

—Qué listo eres, Barrett. Bien jugado— intento hacerme la graciosa ante esta situación en la que yo parezco un gato mojado, aferrado a su dueño. Se encoge de hombros y sin borrar esa sonrisa me contesta.

—Lo sé— la suficiencia se desborda de su aura—. Pero, ¿te gusta que te llame Ellie? — sonrío solo un poco más.

—Sí, me da igual— contesto con pesadumbre. Suspiro profundamente. Nos quedamos en silencio, sigue estando oscuro. Me recargo en Eric y él se echa para atrás en el sillón, aun conmigo entre sus brazos. Estoy prácticamente arriba de él, pobrecito, cuando se me pase el trauma me disculparé con él. Comienzo a tararear una canción mientras dibujo con mi dedo cosas sin sentido sobre el hombro de Eric. Han pasado minutos, quizá una o dos horas, no tengo noción del tiempo, lo único que sé es que se siente bien, al fin estoy relajada.

— ¿Qué soñaste, Ellie?— creo que le está gustando ese sobrenombre. Suspiro una vez más.

— Fue horrible, Eric. Sentía la desesperanza sobre mí. Me sentía vacía y estaba a punto de hacerlo, estaba a punto de caer— contesto todavía afectada, unas lágrimas traicioneras se filtran por mis ojos.



RJ Cuervo

Editado: 14.01.2019

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