Antes del Alba

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"And I am done with my graceless heart. So tonight I'm gonna cut it out and then restart..."

 

 

El turno en la librería se me pasa lentísimo, estoy nerviosa pero ansiosa a la vez. Eric está haciendo que cambie mi perspectiva de él, pero siento que es demasiado bueno, demasiado fácil, algo casi perfecto como para ser real. Nunca antes había llamado la atención de alguien al grado como lo he hecho con Eric. Tengo que hablar con Dean para que él cierre. Está en el mostrador pero no hay nadie en la fila, así que me acerco a él.

— Dean...— lo llamo con la voz más dulce que puedo—. Mi muy querido y espléndido amigo, Dean...

Me mira sorprendido pero luego pone su cara de póquer.

— ¿Ahora qué quieres, Janelle? — sonrío ante su contestación.

— ¿Te he dicho lo mucho que te quiero?— me acerco y lo abrazo.

— Sí. Ahora dime qué quieres que haga y te diré si quiero hacerlo— dice como un padre—. Es por Eric, ¿no es así? — me separo de él y ríe cuando me vuelvo a sonrojar.

— Tranquila, lo vi llegar y vi cuando se te acercó— no sé cómo pero de seguro estoy tan roja como la luz del semáforo.

— Me va a recoger a las 8, si tenemos que salir tarde, ¿podrías cerrar tú?— hago carita de perrito abandonado y con frío.

— ¡¿Es en serio?! — yo solo asiento, creyendo que se va a negar rotundamente.

— Entonces sí pasó algo, ¡eres una sucia! ¿Por qué no me dices nada, Janelle? Agh. Odio cuando eres reservada y misteriosa.

— No es cierto, no lo hago adrede. Estoy asustada hasta la mierda. Nunca me ha pasado esto, Dean. Estoy intimidada, no sé qué pensar acerca de todo esto. Lo único que me guía son las situaciones de las novelas románticas que he leído. — nos miramos fijamente, Dean me mira con un aire paternal, con infinita ternura y preocupación.

— Pequeña Elle, nada malo va a pasar. Esto se llama vida, vive tu vida, Janelle; intenta ser feliz, intenta ser libre. Arriésgate y enamórate tantas veces quieras y puedas— me toma suavemente de los hombros—. Si te caes, yo te voy a ayudar a levantarte, siempre, cariño. Es una promesa, siempre voy a estar contigo. No tienes por qué tener miedo— me vuelve a abrazar y besa mi cabeza.

— ¿Seguro?— me escondo más en su pecho.

— Claro que sí, no siempre puedes ser fuerte, es normal tener momentos de debilidad— después de esas palabras, me sentí más tranquila y más segura. Estoy lista para esto, tengo a Dean a mi lado, apoyándome siempre, esperando para que cuando me desplome, me pueda atrapar. Pasan los minutos, son las siete con treinta minutos y sólo hay un chico en un sillón. Maddie se fue alrededor de las seis, pero no sin antes darle a Dean su número telefónico. Mi amigo parecía emocionado, está pensando en invitarla a salir. El chico es rápido. Diez minutos después, el único muchacho que está en la cafetería se levanta y guarda sus cosas, antes de salir se despide de nosotros, es genial, porque así no le dejaré todo el trabajo de ordenar el lugar a Dean. Una vez sin clientes y a veinte minutos de salir (y de que Eric llegue), nos disponemos a recoger y arreglar todo. Empiezo por los libros, limpio las mesas. Dean me ayuda a subir las sillas a las mesas y a apagar las cafeteras. Faltando cinco minutos para las ocho, estamos tomando nuestras cosas, listos para irnos.

— Mucha suerte, cariño. No te asustes, sólo déjate llevar, pero no hagas cosas de las que te arrepientas luego— me guiña un ojo.

— Gracias, Dean— suspiro profundamente para después regalarle una dulce sonrisa.

A las ocho en punto, vamos apagando las luces conforme vamos avanzando. Salimos al frío y justo en la acera, veo al chico que me tiene confundida esperándome junto con su auto aparcado. Lo miro y me sonrojo a la vez que sonrío y él me muestra una amplia sonrisa. Eric desvía la mirada de mí para posarla en mi amigo, quien ya ha cerrado el local y está a un lado de mí.

— Hola, Dean— saluda Eric. Dean sonríe y contesta con un hola y después me avergüenza:

— Cuídala bien, picarón— con esto, los dos chicos sueltan una fuerte risa.

— Claro que sí, hombre— le guiña un ojo a Dean, es señal de confirmación. Eric se fija en mí y en mis mejillas color carmesí, me dedica una profunda mirada.

— ¿Nos vamos, Ellie?— me habla con dulzura, empapando su voz. Asiento, con el corazón a punto de salirse de mi pecho. Me giro hacia Dean, me pongo de puntitas y le doy un beso en la mejilla.



RJ Cuervo

Editado: 14.01.2019

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