Antes del Alba

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XXIII

"And I'm ready to suffer and I'm ready to hope..."

Se acerca abruptamente a mi, reacciono y retrocedo, hasta que mi espalda se topa con el pecho de Eric, que no se ha movido del umbral de la cocina, y Calixto se detiene, me mira con ojos desorbitados, retrocedo un poco más, sintiéndome algo incómoda, Eric lo nota y rodea mi cintura con sus brazos.

—N-no... sólo era él, el que nos atacó...—le contesto intimidada, obviamente. Calixto suelta un suspiro y asiente con la cabeza.

—Eso nos da cierta ventaja—se aleja de nosotros y se yergue completamente—. Vamos, a trabajar.

Se echa a correr escaleras arriba y nosotros lo observamos en silencio. Giro mi cabeza para encontrarme con la mueca chistosa en el rostro de Eric. Me río y le susurro un "que extraño", él asiente. Me alejo de él y hace un puchero.

—Anda, tenemos que ir a ayudar, después de esto regresaremos a donde pertenecemos—le guiño un ojo y le regalo una sonrisa, la cual responde y comienza a caminar detrás de mi.

Al llegar abro demasiado los ojos. Qué carajos... La habitación está patas arriba, pareciera que un tornado hubiera pasado por ésta. Todos los estantes han sido recorridos hacia los lados de la habitación, una alfombra reposaba justo en el centro, Calixto estaba trabajando sobre la misma cómoda en donde hizo nuestros sacos de protección, sin embargo, hay muchísimas cosas más sobre el gran mueble de madera; frascos que honestamente no quiero saber qué es lo que contienen, muchos pedazos de diferentes plantas y ramas, todo está amontonado y Calixto sólo tiene un espacio despejado en el cual coloca un recipiente de plata, probablemente.

Siento a Eric llegar a mi lado y su cara es la viva sorpresa y confusión. Voltea a verme con el ceño ligeramente fruncido a lo que yo solo me encojo de hombros, sin saber darle una explicación de lo que hace e hizo Calixto. Optamos por no interrumpir y nos dedicamos a observar lo que hace.

Va de un lado a otro varias veces, se detiene unos momentos para leer la página del libro, que por cierto, ni siquiera me di cuenta del momento en el que lo tomó, a veces lee en voz alta, otras suelta un bufido algo exasperado. Los minutos pasan, no quito mi mirada de sus acciones; mezcla cosas dentro del recipiente, repite ciertas frases. Cuando creo que sólo estamos pareciendo estúpidos viéndolo desde el marco de la puerta, Calixto se vuelve hacia nosotros. Me enderezo, expectante a lo siguiente.

—Muchachos, con ayuda de esto van a conseguir las respuestas acerca de cómo acabar con su maldición—dice con seriedad pero con cierto toque de expectación—. Vengan aquí, apuren el paso.

Caminamos para que él diga que nos paremos sobre la alfombra, ambos obedecemos sin chistar. Vuelve a hablar, ordenando que estemos uno frente a otro y tomemos nuestras manos.

—¿Qué tenemos que hacer?—estoy algo alterada, esto me recuerda a la vez en la que nos involucramos en todo esto.

—Tu, principalmente, calmarte. Nada malo va a pasar, peor ya no puede ser porque es magia arcaica. Puede pasar que el remedio no llegue a surtir efecto, pero no empeorará su estado. Para que funcione, necesito que se relajen los dos, respiren pausada y profundamente, ambos al mismo tiempo—seguimos sus indicaciones. Eric tiene sus ojos puestos en los míos, está tratando de transmitirme paz, también acaricia mis manos con sus pulgares. Suelto un suspiro cuando me siento más tranquila. Los dos respiramos al mismo tiempo. Cierro los ojos, buscando vaciar completamente mi conciencia.

Todo se vuelve lejano, me siento distante, lo único de lo que soy consciente es que sigo teniendo las manos unidas con las de Eric. Pierdo la noción de todo, no hay tiempo, no hay espacio, no hay emoción alguna, no hay nada.

De pronto comienzo a escuchar susurros aleatorios. "Esto servirá para que nunca se separen", "Ni siquiera la muerte podrá contra ustedes", "Es algo sencillo", "Esclavitud", "No tendrán descendencia", "Es un precio justo"...
"Serán míos por los siglos de los siglos".

Eso sonó muy bíblico, lo cual me hizo dudar acerca de la procedencia de los susurros. Sin embargo, un pensamiento llega a mi cabeza. "Esa expresión es demasiado antigua, era usada por discípulos, creyentes y paganos...". Una sucesión de imágenes irrumpe en mi psique, es rápida, pero puedo ver diferentes momentos en el tiempo, son tramos de mis vidas pasadas, todo el sufrimiento por el que he pasado a lo largo de éstas. Observo con atención todas mis tragedias, las maneras en las que he muerto, la depresión y la culpa de sentir que soy defectuosa porque no puedo darle descendencia a mi amor. Veo cómo ha fallecido Eric a lo largo de sus vidas, yo he presenciado todas y cada una de ellas, y eso es lo que me rompe por completo.

Me siento desfallecer, la angustia embarga todo mi ser, no quiero seguir mirando, no quiero saber más. Me estoy ahogando con mis propios recuerdos, sólo los negativos son los que permanecen presentes. Mi respiración comienza a ser errática conforme se vuelven a repetir las vivencias; de un segundo a otro, todo desaparece... todo es negro, sólo me escucho sollozar y gritar de frustración.



RJ Cuervo

Editado: 14.01.2019

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