Antes del Alba

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XXIV

"It's a shot in the dark aimed right at my throat..."

—¿Van a salir a la ciudad?—pregunta Anne, esto ha sido muy difícil, cada vez que la hemos visto, Eric se tensa, aprieta la mandíbula y su semblante se ensombrece. Hago una mueca hacia él cuando aprieta mucho más mi mano entre la suya, él lo nota y su semblante se suaviza, relaja su agarre y me ofrece una mirada de disculpa.

—Sí, es nuestro último día aquí—responde con un tono de voz que lo hace parecer peligroso.

—Oh, bien—habla Anne con el cinismo impregnado en su rostro—. Espero que lleguen para la cena, ya que será la última y a tu padre le gustaría que nos acompañen.

Él opta por no usar su voz y sólo asiente. Sin más, salimos por la puerta principal, el chófer nos está esperando cerca de la camioneta en la que usualmente vamos a la ciudad. Al acercarnos a él Eric empieza a hablar de nuevo.

—Muchas gracias, señor Fergus. Pero me gustaría conducir hoy. ¿Sabe si aún está el auto de Noah en el garaje?—habla con mucha amabilidad, todas las personas que trabajan aquí en la casa lo adoran, y con justa razón.

—Claro, Eric. ¿Quieres que lo traiga hasta aquí?—contesta algo desconcertado, de seguro ha de saber todo sobre lo ocurrido con su hermano mayor.

—No, no hace falta, iremos allá, muchas gracias señor Fergus—le regala otra agradable sonrisa y comienza a caminar hacia la parte trasera, cerca de las caballerizas.

—¡La llave se encuentra al entrar, girando a su lado derecho, colgando de la pared!—grita el señor Fergus cuando nos alejamos.

—¡Muchas gracias! ¡Nos vemos después!—contesta Eric mientras se gira y agita la mano como despedida.

No sé qué decir, sólo dejo que todo fluya. Llegamos al garaje, él me deja pasar antes y lo primero que llama mi atención es un auto cubierto con una enorme manta. Eric toma las llaves de donde Fergus le indicó y avanza para destapar el auto. Es un volkswagen escarabajo negro. Una sonrisa llega a mi rostro cuando lo miro. Está bien cuidado, por lo visto, lo han dejado impecable y no lo han vuelto a usar. 

— Hace cuatro años que no lo veía— empieza Eric con la voz algo inestable, respira profundo y cierra los ojos fuertemente—. Te hubiera adorado. Noah era muy parecido a ti, era un hipster sin remedio. Se hubieran entendido bien.

—¡Oh! Eso fue cruel, Barrett. Mi corazón se rompe en mil pedacitos— le digo lo más dramática que puedo ser, ya que me llamó hipster. Hace dos días comenzó con eso de llamarme hipster, porque según él, sólo me falta preguntar si la comida tiene gluten, andar en bicicleta y tomarle foto a todo lo que como para después publicarlas en instagram. Honestamente, no le tomo importancia y lo sabe, pero nos gusta jugar y bromear.

Suelta una tierna risa y yo me uno. Su mirada no se despega del auto frente a nosotros, lo examina con melancolía, hasta que los recuerdos se acumulan en sus ojos. Frunce el ceño, rehusándose a dejar que escapen en su forma líquida. De pronto, baja de su nube y actúa.  

—Vamos, salgamos de aquí— avanza hasta el auto y abre la puerta del copiloto para que suba y él rodea el frente para echar a andar el automóvil.

En segundos salimos del garaje y cruzamos el camino de la parte trasera que nos lleva a la carretera. Eric enciende el estéreo y nota que hay un casete dentro, así que la música puesta en él inunda el interior del carro.

"I was so high I did not recognize the fire burning in her eyes. The chaos that controlled my mind whispered 'Goodbye', she got on a plane. Never to return again but always in my heart"

Comienzo a cantar muy animada, esa canción es fenomenal. Me gusta mucho Maroon 5. Eric también lo hace, ambos nos miramos de vez en cuando y yo hago movimientos extraños con las manos, según yo, bailando.

El clima es frío pero es muy agradable, sólo está cayendo una ligera lluvia. La música continúa y giro mi mirada para observar el perfil de Eric, que va 'atento' al camino. Me doy cuenta que hoy, sin querer, ambos nos vestimos combinados, llevamos puesto un gorrito de lana color gris oscuro, abrigo negro y pantalones de la misma tonalidad. La variación es que mis botas son grises y las de él son negras, yo llevo una bufanda blanca y él lleva una del mismo color del gorrito. Me causa gracia porque no lo había notado, creo que él tampoco. Al escuchar mi risa, voltea a verme curioso, se forma una sonrisa en sus labios antes de preguntar. 

— ¿Qué es gracioso?— alterna su mirada entre el camino y yo. 

— ¿Te diste cuenta de que nos vestimos combinados?— suelto una carcajada y él voltea a dar una rápida mirada a su ropa para pasar a revisar la mía, cuando termina, se carcajea. 



RJ Cuervo

Editado: 14.01.2019

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