Antes del Alba

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XXV

"'Cause looking for heaven, found the devil in me..."

Un sonido estridente provoca que despierte muy alterada, sin incorporarme, abro los ojos de golpe; intento moverme pero no puedo, ya que hay algo sobre mi cuerpo. Cuando soy consciente de la lenta respiración en el lado derecho de mi cuello, volteo a esa dirección y ahí está él. Parece un niño pequeño, tan inocente, tan bueno. Su cabeza reposa en el hueco entre mi hombro y cuello, su mano rodea mi cintura y su pierna está sobre mi cadera.

—Eric, amor. Es hora de levantarse, necesitamos arreglar unas cosas antes de partir al aeropuerto—paso mis dedos por su brazo y lo muevo un poco hasta que suelta un gruñido.

—No, es muy temprano. Hay que dormir media hora más—suelto una carcajada ante su proposición.

—Anda... tenemos que estar a tiempo, durante el vuelo dormiremos—justo cuando termino de hablar, vuelve a soltar otro gruñido y se gira para quedar de espaldas a mi, liberándome de su agarre. Me levanto y me pongo encima de él de manera juguetona—. ¡Levántate, perezoso!

Lo muevo por segunda vez y comienzo a hacerle cosquillas, él se queja pero no le hago caso, sigo jugando, pero después de unos segundos, soy consciente del por qué de sus quejidos. Se acaba de despertar, así que hay una 'situación' biológica complicada en sus boxers. Él reacciona cuando se revuelve debajo de mí, aprovechando que me distraje por darme cuenta de lo que le pasa y toma mis muñecas para que pare. Nos da la vuelta, pone mis manos en la cama y me mira fijamente con las pupilas dilatadas, trago saliva avergonzada y nerviosa. 

  — Oops...— le digo con la sonrisa más inocente que puedo ofrecer y él sonríe de una manera en la que logra verse como si fuese un felino peligroso. Acerca su cuerpo hasta el punto en el que ni un alfiler podría cruzar, el calor de nuestros cuerpos y su peso sobre mí hacen que pensamientos no muy apropiados, moralmente hablando, comiencen a enredarse en mi mente. 

  — Ningún 'oops', corazoncito— besa mis labios con necesidad y es algo feroz, sin embargo, me encanta, suelto suspiros y me muevo bajo su cuerpo. Abandona mis labios para pasar a mi cuello, esto se sienta tan bien. 

  — Eric— tenía la intensión de que se escuchara como un reproche o una llamada de atención, pero se escuchó como un ruego a que siguiera con lo que hacía y para motivarlo a que avanzara, ya que soltó un gruñido muy sexy. Hice acopio de toda mi fuerza de voluntad para recordarle que debemos estar en el aeropuerto en menos de una hora y no hemos hecho nada—. Amor, en serio... tenemos que prepararnos... 

Las palabras salieron como si hubiera estado corriendo por horas, muy entrecortadas y en voz baja. Negó con la cabeza y me miró con ojos divertidos, como si me retara, y su sonrisa me lo confirmó; quiere ver hasta dónde soy capaz de llegar. Si accedo a este juego, perderemos el vuelo y si me niego, ambos estaremos ansiosos y él no dejará de susurrar cosas obscenas a mi oído durante todo el trayecto de la casa de sus padres al aeropuerto y en el vuelo. Suelto un gemido de disgusto y cierro los ojos, apretando los párpados con fuerza. Ha detenido sus jugueteos y sólo me mira atentamente.  

  — En serio quiero quedarme y saber qué es lo que pasa, pero en serio necesitamos terminar con los pendientes para regresar a Manhattan— es increíble que sea tan ansiosa que deba parar a Eric porque llegaremos tarde al aeropuerto. Él no borra su sonrisa pícara. 

— Bien, pequeña concentración de estrés, tendremos que posponer la cita— su voz es tan sexy, sus palabras van tan despacio y su acento no deja de cautivarme. Suspiro profundamente y asiento, convenciéndome de que es lo más sensato que podemos hacer. Eric suelta una risa y se retira de encima de mi cuerpo, éste llora por volver a sentirlo cerca, pero no, ahora no. Comienza a recoger todo lo que está tirado en el suelo y lo acomoda en el borde la cama, siente mi mirada sobre él y voltea sonriendo abiertamente—. Si quieres, toma una ducha primero, después de ti es mi turno. 

Muerde su labio y yo abro la boca para dejar escapar un suspiro, admirando cuan sexy se ve cuando está en este humor pícaro, sensual y divertido. 

— Ahá, sí... m-me ducharé... no tardo— hablo como puedo, me levanto de la cama y voy al pequeño sofá en donde dejé mi muda de ropa limpia, la tomo sintiendo mi pulso aún acelerado, me incorporo y al querer avanzar lo más rápido y discreto posible, mis pies se estrellan contra la maleta en el suelo y salgo disparada de bruces, pego un grito agudo y siento la alfombra debajo. Me muevo, estoy gruñendo y despotricando acerca de mi estupidez. Eric se inclina hacia mi y toma mi cintura para ayudar a levantarme, al verlo, sé que está poniendo todo de su parte para no carcajearse justo aquí, frente a mi cara demasiado roja como para ser normal. 



RJ Cuervo

Editado: 14.01.2019

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