Antes del Amanecer

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Cielo Rojo

 

Mi pulso estaba completamente desenfrenado, sudaba frío y el grito ahogado lo sentía aún en el pecho.

Miraba al otro extremo de la cama pero no había nadie, no me sorprendía de hecho resultaba decepcionante. Pero seria rasonable, ya no era una niña de siete años. De acuerdo a Hann era algo que debía haber superado años atrás. Y sucedía que una vez que había entrado en esa etapa donde de acuerdo a Hann ya no podiamos dormir juntos, las pesadillas desaparecieron gradualmente y en la actualidad llevaban años sin presentarse. Claro, hasta ahora.

—¿Por qué hoy? Se supone debía descansar perfectamente.

—Alessia ¿Estas lista? Debemos salir en una hora. —le escucha decir al otro lado de la puerta.

Amm... Vale no tardo.

No había siquiera bajado de la cama cuando ya le tenía frente a mí.

—Esto es increíble, ¿Aún dormías? Pero si... —se quedaba algunos segundos en silencio —¿Qué ha ocurrido?

—¿Qué? Nada porque...

—Estas sudando, y agitada. Fue... ¿Una pesadilla?

—Sí bueno, ya estoy acostumbrada lo sabes. Pero debo aceptar me tomó por sorpresa, creía tenerlo olvidado.

Me miraba por un instante que parecía eterno. Su mirada se suavizaba cuando mi mano rosaba su mejilla.
En lugar del usual "Vale, esta bien apura" o "El abrazo escaso de calidez", se acercaba a mí, tomaba mi mano y antes de que pudiese suponer o imaginar algo sus labios se habían unido a los míos. No se trataba de algo que no hubiese ocurrido anteriormente, es sólo que estaba vez la sensación era distinta, no me dejaba pensar, mi mente se mantenía en blanco y lo único en lo que podía enfocarme era en la plácida sensación.

Sin darme cuenta ya había colocado los brazos alrededor de su cuello por lo que el mantenía sus manos en mi cintura, sólo necesitaba un poco de apoyo, un poco más y...
¿Es que acaso siempre sabía lo que planeaba?

—Debemos irnos, es tarde. —se alejaba con un efectivo movimiento.

—Oh vamos, hace cuanto que...

—Viaje, ¿lo recuerdas?

Hann solía evadir mis avances en cuanto a contacto fisico se refería y era tan talentoso que parecía que nunca le podría atrapar. Aunque no sucedió lo mismo aquella noche que "casualmente" nos encontramos.

—¿Recuerdas el día en Brístol? Es uno de mis momentos preferidos.

—No ahora. Te veo en el auto, no tardes.

En otro momento el rechazó me habria dejado molesta o descepcionada, la realidad era que con alguien como Hann debías aceptarlo. Muy poco romántico o quizá cero, casi nada cariñoso pero demasiado sexy, lo extraño de su comportamiento comenzó un par de meses atrás constantemente venía a mí, me permitía estar mas cerca y el trabajo fue reduciéndose por lo que pasabamos mas tiempo juntos en los múltiples viajes y cambios de residencia.

—Estoy lista, la maleta esta arriba

—Vale

Hann salía del auto y caminaba hacía la segunda planta. Le veía alejarse con pasos lentos y elegantes. Su figura me recordaba aquella habitación pero antes de que el escalofrío se extendiera por mi cuerpo, noté los dos boletos de avión junto a su asiento. Normalmente nunca menciona a donde vamos asi que esta vez haría un poco de trampa.

El destino que marcaba no era para nada desconocido de hecho se trataba de mi lugar de nacimiento, Toscana, Italia.

—¿Y a dónde iremos esta vez? —le preguntaba con emoción fingida.

—No es muy lejos, creo que te agradara.

Debe estar de broma, ¿Por qué Hann tenía interés de regresar, si en Florencia hacía tan buen clima?, teníamos una casa maravillosa y todo lo que necesitásemos al alcance.

—Vale, sólo te advierto una cosa. No te atrevas a dejarme sola, no ahí.

—¿Le has visto?

—Los has dejado descuidadamente —contestaba abriendo la puerta del auto para salir rumbo al aeropuerto.

Dos horas de viaje, un paseo rápido en auto y estabamos ahí.
La antigua y exuberante edificación que pertenecía a Hann, por supuesto heredada por generaciones.

La verdad aun si la construcción era fría y quizá un poco lúgubre, jamás le había tenido en mi memoria como un mal momento en mi vida. De hecho me sentía segura estando ahí.

—Subire las maletas espera aquí

Independientemente de que aún permaneciera igual que en mis recuerdos, en esta ocasión se sentía demasido vacía, sin nadie quién te recibiera, Meg que era quien con tanto cariño me cuidaba, no estaba para darme la bienvenida, los colores vibrantes de las pinturas en la pared, el aroma abundante de las flores. La mayoría de los muebles estaban cubiertos por sábanas blancas y el polvo se hacia presente a cada centímetro.

—Lo siento, no tuve oportunidad de llamar a alguien que hiciera la limpieza. —escuchaba decir a Hann detrás de mí.

—No hay problema, es sólo que... Ha cambiado tanto, le recordaba como la última vez. El día en que decidiste que debíamos irnos.



EMBI

Editado: 29.03.2018

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