Antes y Después de Olvidar Odiarte

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Capitulo 5: Combustión de Emociones

La solución a los problemas, no siempre es esa alternativa que esperas, sonríes porque quizás por el momento te hace feliz, pero esa no es la verdadera felicidad, es solo un suplemento de la misma y cuando despiertas a la realidad la cosas dejan de tener sentido, y deja tu interior de creer que todo está bien ¿Cómo podría estar bien? ¡Es imposible! Se supone que la ley de la vida dice que debes luchar por aquello que quieres, deseas o anhelas ¿pero que tenía esto que ver? ¡TODO! Porque no sabía lo que quería, quizás lo que quería ya no era a Santiago y por eso decidí rechazarlo cuando me pidió volverlo a intentar, si realmente fuera sido él el indicado¿Entonces por que sentí ese nudo intenso en mi interior cuando Ángelo me dijo que tenía novia? A todas estás... ¿Quién era Ángelo García? Él era nadie, un nadie a quien le estaba permitiendo más de lo que debía, él no tenía porqué complicarme las cosas ni desordenarme la vida confundiendo todo lo que había querido hasta ese momento ¿Qué quería? ¿Era Santiago el motivo de mis sueños y esa esperanza y cariño que me había ofrecido en el momento en que lo conocí?

Todas estas cosas daban vuelta en mi cabeza como excusas, en el fondo sí, quería a Santiago aunque no le perdonaba haberme mentido y que hubiera salido con otra chica cuando éramos novios, pero a pesar de todo él estaba ahí... siempre ahí ¿Por qué tenía tantas inseguridades en ese momento?

  

-Ya es hora de que tomes tu medicina nena –Escuché a mi madre hablar incluso antes de que entrara al salón trayendo consigo el odioso frasco de medicina que me habían prescrito para aliviarme del fuerte resfriado que había pescado.

-Ay no mamá... me lo tomo luego ¿vale? Además me siento bien –Dije en un tono de voz increíblemente ronco que obviamente no ayudaba mucho a mantener la imagen de "estar bien".

-Tienes que tomar la medicina Gaby, sino no te curarás y tardarás más en volver al colegio –Santiago estaba sentado junto a mí y parecía realmente preocupado.

-Vamos pero... ¿y si me lo tomo luego?

-No, señorita tenemos que seguir las indicaciones del médico y muy clarito dijo cada seis horas, te toca ahora mismo. Vamos... es solo una cucharadita –Mi madre ya empezaba a destapar el frasco.

-No, no mami de verdad... ahorita no.

-¡Gabriela Isabel! Como sigas... -Empezó mi mama en tono de reproche pero fue interrumpida diligentemente por Santiago.

-Hagamos algo señora Florencia... ¿Por qué no me deja ese medicamento acá y yo converso con la consentida de la casa hasta lograr que se lo tome? –Sugirió.

-Pero... bueno, está bien... te haces responsable de que la consentida, como tu dices, se lo tome. Acá se los dejo.

El silencio inundó el salón durante varios minutos luego de que mamá se fuera, Santiago sostuvo una mirada penetrante hacía mi la cual traté de evitar hasta que habló.

-Eres indudablemente preciosa.

Sus palabras me hicieron volver mis ojos hacía el.

-¿Qué... que dijiste? –Otra vez el tartamudeo, no podía evitarlo cuando me sentía nerviosa o incómoda, él estaba muy cerca.

- Solo digo la gran verdad... que eres absolutamente preciosa, creí que después de la fiesta sería la última vez pero... no puedo olvidarte.

-Gracias por el cumplido –Respondí tratando de mirar hacia otro lado.

-No las merece. Gaby, la verdad es que... tenemos que hablar de nosotros –Guardé silencio instándolo a continuar –La situación entre los dos... lo que pasó y lo que sucede ahora.

-Yo no creo que sea conveniente... -Tomé el frasco de medicina y respirando profundo serví un poco en una cuchara y me la lleve a la boca, tragué tratando de no pensar en el desagradable sabor y luego proseguí –Estoy enferma Santiago, no es tiempo de ponernos en estas circunstancias... no estoy para discutir, no otra vez.

Sonrió.

-Yo tampoco quiero discutir contigo, todo lo contrario –Sostuvo mi barbilla con sus finos y largos dedos haciéndome volver mi mirada hacia sus ojos, detestaba ese tono verdoso de su mirada porque me hechizaba y no me sentía consciente de nada. –Te quiero.

Antes de poder detenerlo ya me estaba besando, sin importarle la medicina, mi resfriado ni nada en este mundo, pero fuera de conmoverme no sentí nada y entonces lo supe, no era él. Antes cuando Santiago me besaba, era como si cohetes explotaran a nuestro alrededor, ahora... no sentía nada, solo unas ganas horribles de que parara, había dejado de verlo de una forma especial.



OkamimesMes18

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En el texto hay: adolescencia, primeramor, rupturas

Editado: 16.05.2019

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