Antes y Después de Olvidar Odiarte

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Capitulo 11: Su nombre en ti.

-Eres mía -Susurró sobre mi boca esa tarde mientras me acercaba a él y dibujaba círculos en mi brazo.

Su ex más significativa había sido tema de conversación. Grecia, así se llamaba. Ella lo había dejado marcado con ese agujero del corazón que yo estaba empeñada en reparar, pero... ¿Cómo hacerlo si él no hablaba de ella? No dejaba salir eso que tanto lo atormentaba y a la vez me cortaba las alas a mí.

Ángelo acariciaba mi cabello que desde esta posición caía sobre su pecho, observábamos el cielo que comenzaba a colmarse de estrellas desde la terraza de su casa, abrazados y enamorados, sin que nada midiera nuestros horizontes, amándonos sin necesidad de tocarnos, solo con el alma. Aún así eso no quería decir que nuestros cuerpos no sintieran y a veces la necesidad del uno por el otro no se convirtiera en más que un abrazo o un simple beso, existían momentos en que nos permitíamos perder un poco el control aunque él siempre lo recobrara en el último minuto, sabía que mi amado no quería cometer errores conmigo.

-No quiero hacer nada de lo que tú puedas arrepentirte después -Me dijo un día depositando un beso en mi frente.

-Lo agradezco -Sonreí.

-Es tu decisión, no la mía. Te deseo... pero te amo más.

Palabras reconfortantes salían de sus labios. No solíamos salir a sitios a comer o a pasear, ni siquiera tomarnos de la mano para que el resto del mundo notara que estábamos juntos, a él no le importaba, y a mí tampoco... hasta que me empecé a preguntar ¿Por qué no?

El no ser novios, nos unía y desunía a la vez. 

Éramos los mejores amigos y nos contábamos todo, incluso lo realmente estúpido o asqueroso, yo sentía que él confiaba ciegamente en mí, tanto o más que yo en él, mi Ángelo era muy cerrado pero yo estaba ciegamente segura de que no me mentía porque de hacerlo yo lo podía ver o al menos creía que era así y que con el resto del mundo existía un muro edificado especialmente para que nadie pudiera conocer lo que él realmente era. Quería sentirme especial en su vida.

Entrelacé mis brazos en su cuello, lo besé con cuidado desde la oreja, pasando por una de sus mejillas hasta capturar sus labios en un dulce beso, él mimoso y sorprendido ante mi gesto de cariño se volvió hacía mí para abrazarme y apretarme más cerca de él.

-Yo a usted la amo señorita, no dude de eso.

-Y yo a usted también, lobo mañoso.

Él era todo para mí, incluso comenzaba a volverme presa de sus exigencias y viceversa, hasta mis cosas de niña tonta podían sacar una sonrisa de sus labios.

Aquellos momentos son los mejores, cuando algo comienza, cuando dos personas se aman, todo más allá de una cama, más allá de un que dirán. Mi corazón se alborotaba cada vez que lo veía o que escuchaba su voz, esas eternas llamadas telefónicas que comenzaban cuando mi laptop estaba apagada y terminaban cuando nos dormíamos con los móviles encendidos y la llamada en línea.

Antes de irnos un día de salida con nuestros amigos nos detuvimos por su casa, él necesitaba cambiarse aunque ahora ya estaba casi listo y yo sentada junto a su computadora lo observaba como se perfumaba más de lo normal con esa loción que me traía loca.

-No me gusta mucho como me quedan estos jeans, ¿notas como me caen de la cadera? - Gruñó para sí enseñándome las formas de su cadera y como los jeans resbalaban por ellas. 

Antes de que me diera cuenta de sus intenciones vi sus jeans tirados en el suelo y su perfecto trasero enmarcado por el masculino bóxer negro, mi boca estaba completamente abierta y ni hablar de mis ojos, estaba tan sorprendida.

-¿Te gustan estos o estos? -Preguntó volviéndose hacia mí, que estaba apreciando su trasero y entonces ante mis ojos quedó otra parte de él, me puse colorada y me volví a mirarlo a los ojos como que no había pasado nada.

-Hmn... ehm... ahm... el que tu... tu... elijas... - Forcé una sonrisa.

Ángelo enarcó una ceja hacía mi y siguió jugando sucio.

-Quizás estos jeans, pero... - Se quitó el suéter, dejando a mi vista ese perfecto torso que ya tantas veces mis manos habían acariciado pero jamás visto en desnudo, ni siquiera sabía que tenía tatuajes hasta que su espalda quedó de frente a mí enseñando unas hermosas alas ubicadas cada una en sus omóplatos acompañadas de otros tatuajes alrededor de sus hombros. Atravesó la habitación en busca de otro suéter y no pude evitar seguirlo con la mirada, era la primera vez que veía a un hombre así en vivo y en directo, era muy diferente a las revistas, aunque su cuerpo era tan perfecto que cualquier revista envidiaría tenerlo de portada.



OkamimesMes18

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En el texto hay: adolescencia, primeramor, rupturas

Editado: 16.05.2019

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