Antes y Después de Olvidar Odiarte

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Capítulo 13: Soy Tuya

 

De vuelta a la ciudad luego de un viaje relámpago Ángelo y yo nos encontrabamos sumidos en un silencio que a mi parecer era un poco incómodo, él parecía contrariado y yo preocupada de que mi actitud de antes le hubiera incomodado, habíamos tenido una pequeña discusión que involucraba a algunas amigas suyas y creo que él no estaba precisamente feliz con eso. 

Quería estar a solas con él en otro ambiente para poder conversar, pero no sabía ni siquiera que decir, llegamos a su casa y él abrió la puerta dejándome entrar delante de él, no vi a sus padres por ahí como solía ser siempre, al contrario parecía estar muy sola la casa.

-Iré a la cocina, adelántate a mi cuarto -Dijo tendiéndome su mochila.

Subí las escaleras muy triste, no quería discutir con él, nunca habíamos discutido, al menos no desde lo de su ex y odiaba ser como fui, quizás no debía haberlo forzado a irnos como lo hice y ahora no había ganado absolutamente nada. Dejé la mochila en una silla junto a la computadora y luego fui hasta la cama y me recosté observando el cielo de la habitación como si fuera la cosa más interesante del mundo, estaba haciendo calor así que me desabotoné algunos botones de la camisa a cuadros que llevaba puesta dejando ver inconscientemente un poco de mi escote y el borde de mi sujetador blanco.

Me dispuse a escuchar algo de música de mi móvil mientras esperaba a que Ángelo subiera, pensaba en muchas cosas, sobre todo, ¿En qué momento él se había convertido en parte importante de mí? Ni con Santiago había sentido la necesidad de tenerlo cerca, de echo casi ni nombraba a Santiago pero con mi roquero era muy diferente, Ángelo ocupaba gran parte de mis pensamientos y mi día a día.

-¿Amor? -Me llamó una voz y al volverme noté a Ángelo recostado junto a mí en la cama.

-No te escuche llegar- Susurré sonriendo.

-Estabas entretenida...

-Lo sé -Él se acercó y me dio un beso muy suave pero yo lo retuve con mis torpes brazos y él se dejó venir acercándose más a mí y envolviéndome firmemente en los suyos. Su beso fue tierno y cada minuto se iba extendiendo más de mis labios a mi rostro, mi cabello, mi oreja, mi cuello, y sus manos seguían el camino que sus labios iban formando, el peso de su cuerpo cayó delicadamente sobre mí sin que sus labios se alejaran de los míos.

Acaricié su cabello mientras él acariciaba el mío e iba dándome pequeños besos hasta el escote de mi camisa, yo sonreía nerviosa, sus manos se detuvieron en los botones y luego volvió a besarme para posar sus manos en ambos lados de mi rostro me hizo levantarme de donde estábamos hasta estar casi a la misma altura, él sobre mí; seguimos besándonos así y sus manos volvieron a los botones de mi camisa, yo no lo detuve.

Uno a uno cedió a su ligera presión hasta que la camisa quedó abierta de par en par, acarició cada parte de mi torso hasta mi pecho con sus labios y sus manos en ligeros roces, entrelazó sus dedos con los míos y besó tanto mis labios que me sentía embriagada.

-Dime que me detenga - Susurró junto a mi oído.

Yo estaba nerviosa y no coordinaba bien sus palabras.

-Detente si así lo deseas - Respondí cautelosa respirando fuertemente por el nerviosismo y los sentimientos encontrados dentro de mí.

-¿Estás segura, amor? - Preguntó mirándome a los ojos.

Asentí.

Volvió a besarme y sus manos bajaron por mi abdomen hasta mi vientre, justo sobre el broche de mis jeans.

-Pequeña, ¿Estás segura? -Susurró esta vez con voz muy ronca.

-Sssssiiii.... si... es... estoy segura -Respondí tartamudeando antes de acercar sus labios de vuelta a los míos.

  -Mi Gabriela, no quiero que hagamos esto y mañana te arrepientas. Por favor, dime... ¿Estás segura? 

-No hay forma ni manera en la que pueda arrepentirme de esto, quiero ser tuya Ángelo... hoy o mañana. Te amo y estoy completamente segura de ello.  

Sus besos se volvieron más calurosos, y yo empezaba a sentir que flotaba en el aíre junto a la escarcha que el sol dejaba en las paredes de su cuarto desde la ventana, él se recostó junto a mí acercándome aún más a su cuerpo y haciéndome sentir su pecho desnudo una vez que se quitó su camiseta.

Volvió a susurrarme al oído.

-Amor... ¿Estás segura de esto? -Sus preguntas me aturdían.



OkamimesMes18

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En el texto hay: adolescencia, primeramor, rupturas

Editado: 16.05.2019

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