Apnea

Tamaño de fuente: - +

Parte I: Gris monótono (3)

Lunes 6 de abril.

En la perpetua obscuridad suena la alarma desgraciada que se deleita de mi sufrimiento por verme despertar moribundo a apagarla. Son las cinco con cuarenta y cinco minutos de la madrugada y me arrastro hasta el baño para poder mojarme la cara con agua fría y así poder despertar. Mi piel se eriza, mi cerebro despierta y finalmente estoy consciente. Salgo de la helada ducha hacia el cuarto a cambiarme con mi uniforme escolar. Camisa blanca de manga corta, pantalón azul rey, zapatos y cinturón negros. 

Corro hasta la cocina a las seis con cuatro minutos. Preparo y como mi desayuno lo más rápido posible, mientras tanto empiezo mi plática diaria con Alicia, quien me desea un buen día y al responderle acabo lo que quedaba en mi plato. 

Tomo la mochila, mis llaves, el celular y mis auriculares. Regreso a mi cuarto por mi suéter color vino con coderas negras y cuello "v". Me despido de mamá y salgo a la calle.

Coloco los auriculares en mis oídos mientras camino por la acera. La mañana es agradable y tranquila, escucho canciones de un cantante que descubrí hace poco, me gusta la letra. El cielo es azul claro, las nubes se ven grises y los árboles parecen pintados con acuarelas en un tono apagado y sereno. Doy un leve suspiro al caminar.  Me gusta volar la mente mientras voy de un lugar a otro, es imposible para mí no hacerlo, es una forma de que sin importar cuán lejos esté el destino terminaré llegando. 

Atravieso el parque central del lugar y tomo un camino poco transitado para poder ir tarareando sin llamar la atención, siempre hay que aparentar ser normal frente a todos. Al pasar por dicho sendero, a mi derecha existe un área sin construcciones, verde, amplia y llena de flora que me hace imaginar lo que esconde dentro mientras escucho las estrofas de la canción que retumba mis oídos. Pronto empezará a florecer, la primavera está aquí.

He escuchado música romántica desde que tengo memoria, posiblemente porque a mamá le ha gustado ponerlas en la radio los fines de semana. Viendo películas de amor me di a la idea de que al escuchar una canción es mejor si piensas en alguien especial... Aunque por el momento sólo lo hago por gusto. Llego a la escuela mientras se me ocurre que Alicia está en camino a la suya, su ciudad es más grande y por lo tanto tiene más camino que recorrer. 

Escondo mis audífonos y el celular, ya que en la escuela me los quitarían por estar prohibidos. Paso desde el pórtico hasta la plaza cívica, esquivando alumnos a mi alrededor para conseguir llegar a mi aula. Al llegar saludo a mis amigos de clase que están en la mesa del profesor conversando como cada mañana. No pasa mucho tiempo antes de que la profesora de matemáticas llegue puntual a dar la clase, es una mujer robusta con cabello pelirrojo y muy sonriente. Recuerdo que hace un año, en segundo grado fui un mal alumno, ya que no me concentraba lo suficiente, pero hoy soy el primero de la clase, de cierta manera me siento revindicado con la maestra, ya que es muy buena en su labor. 

Me siento hasta el frente de la fila y saludo a mi amiga Gina sentada detrás de mí. 

La clase ha iniciado con un tema nuevo: trigonometría. Pongo atención en la pizarra a sabiendas que de concentrarme mucho lo terminaré entendiendo antes de los demás... Y justo así sucede conforme la clase va avanzando, puedo comenzar a calmarme. Lo malo de esto es que no me permiten adelantarme de tema o conversar con alguien, por lo que me mantengo respirando en silencio desde mi lugar. Un alumno más. 

Mi algo vibra en el bolsillo del pantalón, el timbre de un mensaje de Alicia. Sonrío al saber que al menos la profesora me permite usar el celular mientras me mantenga callado y así mi aburrimiento desaparece con los mensajes. 

Alicia: ¡Estoy en Historia y no entiendo nada! Ayudaaa. 

Leonardo: Tranquila, tal vez en la tarde pueda a ayudarte a estudiar el tema con calma... ¿Qué clase tienes después?

Alicia: Español y después Física, luego el receso. ¿Y tú?

Leonardo: Formación cívica y ética, y después Química. 

Lo sé, pláticas sencillas y monótonas que, a pesar de irme aprendiendo su horario, sigo preguntándole. Después de las clases llegamos al receso donde voy a desayunar a una mesa cerca del salón por si tocan no quedarme afuera. Junto a mis amigos desayuno y escucho su conversación, detesto cuando comienzan a charlar sobre fútbol, no sé del tema y no me gusta ese deporte debido a que soy pésimo jugando desde primaria. En un grupo de hombres depende de tu desempeño en el fútbol la popularidad que tendrás y aquí la razón de por qué tiendo a pasar desapercibido. 

El tiempo en la escuela transcurre sin novedad alguna, clases sencillas en las que participo levemente y mensajes entretenidos de ella. Al momento de salir de la escuela suena el tono y su mensaje aparece.



Lievanov

#7941 en Novela romántica
#655 en Novela contemporánea

En el texto hay: juvenil, drama, amor

Editado: 11.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar