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Parte II: Matices de primavera (1)

Domingo 19 de abril.

Al irse fue como si perdiera una pequeña fracción de mi felicidad.

A menudo aparento ser muy serio o incluso enojón, pero al estar con ella o al hablarle, es diferente. Después de verla partir, comencé a acomodar mi casa. Me quedé pensando en todo durante dos horas, es común que haga eso, ya que siempre, después de estar con personas, siento la necesidad de apartarme para reflexionar lo que dije, escuché e hice. Por dentro surgen dudas que le dan vueltas a mi mente al grado de confundirme. Definitivamente me gusta Alicia, el problema es saber si yo le gusto o solo soy un amigo más. Es gracioso en cierta forma, lo más irónico es que yo le dije que quería ser su mejor amigo, cuando mayoría de los hombres evitan caer en eso. Simplemente me es fantástico que ella me considere su mejor amigo. Tiene menos de un año que nos comunicamos, en todo este tiempo nunca había dicho un “te quiero”. Luego me confesó que le costaba expresarse, por lo que intento que siempre lo haga conmigo.

Así en una cadena de preguntas, existió una pregunta clave, una pregunta que muchos de nosotros responderían con facilidad, pero para ella no fue así. La pregunta fue sobre a quién considerabas tu mejor amigo, pero ella no la respondió. Me dijo que no tenía un mejor amigo, pero que además no tenía ni un amigo. Ese día entendí muchas cosas: el porqué de su inseguridad, la manera en la cual me trataba, su dificultad para expresarse, por qué soy importante para ella. No tenía ni un amigo, me entristeció debido a qué sabía perfectamente lo que eso se siente, sentirse aislado del mundo. Escogí mi misión: evitar que se sintiera sola y ser su mejor amigo porque me necesitaba. Desde ese diciembre decidí ser su mejor amigo. Pero en este momento me gusta mi mejor amiga, lo que me provoca una confusión total en la cabeza. Las once pasaron. Las doce pasaron. Llegó la una de la tarde, y con ella un mensaje de Alicia.

Alicia: ¡Hola! ¡Ya llegué a Ambertag! ¡Me caíste de maravilla! Eres genial.

Me cambia el estado de ánimo y los pensamientos con tres mensajes. Me reconforta que se haya sentido bien con mi compañía, caerle bien y agradarle. La plática fluye como todas nuestras conversaciones. Cocino mientras respondo mensajes, entre tanto surge el comentario que está teniendo una conversación con su madre, y lo más importante es que el tema soy yo.

Leonardo: ¡¿En serio?! ¿Están hablando de mí?

Alicia: Sí...

Leonardo: ¿Qué dicen?

Alicia: Pues…que no nos hagamos idiotas, que nos gustamos…

Leonardo: Ah… ¿Y qué más?

Alicia: Pues que para ella nos gustamos desde niños, siempre nos acercamos mucho y nuestro trato es diferente, hasta cariñoso.  Y que de niña le dije que quería dormir contigo.

Leonardo: ¡¿De verdad parece eso?! De hecho, dormimos juntos…

Alicia: Sí… ¡Pero tú también pediste que durmiera contigo!

Leonardo: De esa parte no me acuerdo, ja, ja, ja.

Al decirme eso, me fue imposible evitar imagina el leve pudor en su mirada y la tonalidad surgiendo por sus mejillas blancas hasta ponerse roja. Recuerdo que ella quería dormir conmigo, pero no que yo lo pedí también. Con esto han retornado viejas memorias de la infancia y pensándolo bien, su madre no está equivocada. Desde niños existe una atracción entre nosotros, por ende, siempre hacíamos pareja para muchas cosas, cuando salíamos siempre la tomaba de la mano para cruzar las calles y nos quedábamos agarrados para no perdernos o separarnos. Ahora es distinto, tomarse de las manos puede dar a entender algo más. Claro que esto no significa más que la interpretación que le demos, así como un beso. Un beso puede ser un simple contacto entre labios, o puede ser un dechado de cariño que expresarlo en palabras tomaría siglos, por lo que lo condensa en un momento.

A Alicia le apena pensar que ambos nos gustemos, al platicar confiesa que se comienza a enrojecer. Los juegos siguen, me gusta molestarla con que será un tomatito, tendré un tomatito de novia. Pues aún seguimos siendo novios de mentira. Empezó a discutir conmigo por mis bromas, hasta decirme que la deje en paz y al aceptarlo entendió algo mal.

Alicia: ¡¿Qué?! ¡No! E-espera

Leonardo: Dijiste que te dejara en paz, ¿no?

Alicia: Es que creí otra cosa…



Lievanov

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En el texto hay: juvenil, drama, amor

Editado: 11.03.2019

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