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Parte V: Céfiros invernales (4)

Lunes 2 de noviembre.

Desperté en un mes nuevo. El día está frío. La vida se reorganiza.

Pronto será el cumpleaños de Gabriela, estoy pensando en qué regalarle. Lo único que se me ocurre es una rosa azul, la misma que pidió en abril, por eso me llega el objetivo de conseguirle una con la esperanza que sea suficiente para tocar su corazón. Al cabo de unos minutos me manda mensajes.

Alicia: ¡Hola! ¿Cómo estás?

No tocamos el tema del beso en Ambertag, no es necesario hacerlo, quiero que sea hasta verla en persona de nuevo para intentar que todo regrese a la normalidad, aún faltan cinco meses para otro abril.

La escuela se mira diferente, caminando entre el mar de personas, me siento como si hubiera vuelto al ayer, al pasado, a la vida. Sé que pasará tiempo para ver a Alicia de nuevo, pero valdrá la pena esperar. Durante nuestras conversaciones mantengo mis emociones controladas, con algo de miedo, no quisiera incomodarla.

 No hablamos tan seguido como antes, pero tampoco como después de terminar, sino un punto medio entre ambos, lo suficiente como para no sentirme inundado de nostalgia. En esta etapa, nuevas canciones, mismo trovador… Guardo mis sentimientos en la nevera para descongelarlos cuando ella regrese.

Durante el receso desayuno junto a Miranda.

—¿Qué pasó el sábado que viste a Alicia?

—Obtuve el mejor regalo del mundo— le dije.

—¡¿Cuál?!

—Verla, aún sigue gustándome.

—¿Por qué no lo intentan de nuevo?

—Eso quiero, pero debe ser en persona.

—Es lo mejor. Me alegro de que la hayas visto… Te ves diferente.

Intentarlo de nuevo, parece una buena idea incluso cuando mi instinto grita lo opuesto. Una parte de mí, la racional, me dice que no funcionará, que un vidrio que está roto jamás recuperará la integridad con la que empezó y es totalmente cierto. Es un argumento válido, pero mi parte sentimental es sorda y hasta ciega, no le gusta creer que existen razonamientos para no estar con Alicia, después de todo, ella es la única que es dueña de mis sentimientos. Esto es un dilema, y ganará la parte que alimente más con el tiempo.

Salgo de la escuela sin más por contar, mi tarde se convierte en noche y en rutina voy a dormir, no sin antes hablar un poco con Alicia, quien es más amigable de lo que era y así alimenta mi parte sentimental haciéndome creer en un futuro con ella.

 En mi estupor, en una obscuridad eterna y fría siento el perfume su cabello cerca de mí, veo a Alicia acercándose, pero con un toque diferente, más atrevida, segura de sí misma y diciéndome lo que quiero escuchar.

—Te extraño.

—¿En serio? —le pregunto sin creer lo que dice.

—Los meses no tienen forma sin ti, ¿por qué no todo vuelve a ser como antes?

—¡Quiero que así sea!

—Bésame… —exclama viéndome a los ojos y al no moverme pregunta: —¿Qué pasa? ¿No quieres besarme?

—Quiero besar a la chica que amo, y tú no eres ella.

—Soy justo la que quieres.

—No, eres la imagen apócrifa de ella, lo que me gustaría que ella fuera, pero que no lo es y eso está bien.

—Pero puedes tenerme a mí.

Despierto con el corazón alterado, sudando frío y con ansias de no dormir. Me doy cuenta que el misterio que rodea la figura de Alicia es el motivo de mi insomnio la mayoría del tiempo, pero con todo y eso no la cambiaría por nada, la amo tal y como es, es justo lo que estos meses me enseñaron. Debo verla para tener que sacar esto y concluir con los remolinos creando un nuevo inicio.

Es martes dos de noviembre y el invierno está por llegar a Telavilla, las hojas de los árboles han caído, las albas nubladas son cada vez más seguidas y pronto todo estará bajo cero. Tengo a alguien con quien platicar, un sueño, una esperanza y un futuro. Mis ganas de respirar han vuelto y la sed se sació con el céfiro de Ambertag junto a los labios de mi amada.  Ya no viajo por la carretera, camino por las calles, aunque algunas veces lo hago al filo de la autopista, con los carros a toda velocidad pasando a mi lado surcando el aire.

Llego a la escuela, a las mismas clases de siempre, pero la atmósfera es ligera, soportable y sobre todo inhalable. Mis clases transcurren con rapidez. El reloj gira sin miedo, jamás se ha detenido ni cuando le suplicaba parar, siempre supo que debía seguir girando, la sabiduría del tiempo me tenía guardado el momento de volver a ver a Alicia y seguramente tiene algo mucho mejor en camino.



Lievanov

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En el texto hay: juvenil, drama, amor

Editado: 11.03.2019

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