Apuesta de Amor

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 01

Los Ángeles, California


―Esta noche iremos a uno de los casinos más importantes de Las Vegas ―le contestó acomodándose su moño del esmoquin su marido. 
―Está bien, entonces, ¿no me piensas llevar a cenar como me habías dicho? ―le preguntó confundida. 
―No, cenaremos en el casino ―le dijo serio. 
―Está bien, como tú digas ―le respondió colocándose los aretes de diamantes. 
―¿Estás lista? ―le preguntó mirándola con el vestido de raso negro largo, hasta los tobillos, ajustado al cuerpo, y escote recto. 
―Sí, ¿pero con qué piensas que iremos? ―le preguntó sin calcular la distancia de estados. 
―¿Eres estúpida o qué tienes en la cabeza Esmeralda?, iremos en tu jet privado ―le dijo gritando. 
―No lo soy, ni me hago como para que me hayas dicho eso, sólo que no sé muy bien eso de las distancias de un estado a otro ―le contestó sarcástica. 
―Entonces cierra la boca. Que lo único que sabes hacer bien son firmar cheques ―le respondió hipócrita. 
―El dinero no es mío, tú bien sabes que puedo hablar con mí padre y decirle que te reboten todas las tarjetas de crédito que tienes gracias a mí padre y a mí ―le contestó de la misma manera que él. 
―Haz lo que quieras, igual al final sé que no lo harás, no tienes agallas para hacer tal cosa, eres demasiado cobarde. Todavía sigues siendo la nena de papá, y eso tú misma lo sabes muy bien, cada vez que discutíamos y seguimos discutiendo te vas a la casa de tus padres y lloras como una niña malcriada. Y eso es lo que no soporto en una mujer ―le contestó despectivo. 
―Nadie te dijo que te tenías que casar conmigo. Tú aceptaste ―le respondió sin afectarle. 
―Bueno, apúrate en ponerte el abrigo ―le dijo alterado. 
―Ok, no me apures ―le dijo desconcertada. 
―Soy tu marido y cuando te digo que te apures, ¡lo tienes que hacer idiota! 
―¡Deja de insultarme! Tendremos que ir en auto hasta donde está el jet ―le contestó furiosa. 
―Ok, entonces, ¡¿qué esperas?! ¡Vamos! ―le dijo tomándola del brazo fuertemente y saliendo de la mansión para ir rumbo al auto. 

Una vez llegados allí, bajaron para que uno de los pilotos los lleve hacia Las Vegas.

 

Las Vegas, Nevada

Llegaron a Las Vegas en cuarenta minutos, cuarenta minutos que le parecieron una eternidad, el jet privado aterrizó en uno de los casinos más lujosos de la ciudad, bajaron a la planta inferior donde fueron a cenar. Transcurriendo la noche mientras que conversaba con algunas mujeres de diferentes situaciones, su marido se acerca hacia una de las mesas de póker y se sienta. Alguien se acerca a él preguntándole algo.

―¿Está ocupado el asiento? ―le preguntó amable. 
―No, si quieres juega conmigo, sólo nosotros dos. 
―Me parece bien. Dinero apostaremos, ¿verdad? 
―Sí. ¿Por cuánto? ―le preguntó sacando la chequera. 
―Cincuenta mil dólares, ¿te parece? 
―Perfecto ―le contestó haciendo el cheque por esa suma.

Aquella cantidad se había ido de un sólo soplido, y su marido iba por más, los cien mil dólares que había apostado se le fueron también y al verse desesperado por no ganar, se le ocurre una brillante idea.

―¿Ves aquella rubia que tiene el vestido negro? ―le dijo señalándola. 
―Sí ―le respondió intrigado. 
―Si ganas, te la quedas ―le contestó sin importarle. 
―¿Perdón?, ¿pero quién es? 
―Mi mujer, si ganas es toda tuya. 
―¿No te arrepentirás después? 
―No, no lo haré, no me importa. 
―¿Me dices que no tienes más dinero y quieres apostar a tu propia mujer? ―le preguntó asombrado aunque en sus pensamientos le encantaba la idea. 
― Así es, no tengo más dinero conmigo y ella es lo que apostaré. 
― Ok, como tú digas, mira que una vez que me lo dices no hay vuelta atrás, no me gusta que me pidan lo que una vez me apostaron. 
―No te preocupes, no la pediré de vuelta. 
―Me parece bien, entonces, ¿comenzamos? ―le preguntó serio. 
―Claro, ¿empiezas tú primero? 
―Como quieras. 

Empezó el juego y una vez más ganó su rival, ella iba a ser mujer de otro hombre sin que Esmeralda lo supiera. 
―Ahora sí, quiero mí premio. 

Su marido se acercó a ella para avisarle.

―¿Podrías venir conmigo un minuto? ―le preguntó tranquilo. 
―Sí, ¿qué pasó? ―le preguntó intrigada. 
―Nada, sólo ven conmigo.

Se acercaron hacia un hombre que se la quedó mirando con atención. Esmeralda, comenzó a sospechar que algo no iba del todo bien. Aquel hombre era un misterio para ella, jamás lo había visto en su vida, y peor aún cuando su marido ni siquiera se lo presentaba. Solamente, se mantenía callado, y cuando su esposo mantenía la boca cerrada, era señal de haber hecho algo sucio a sus espaldas.



Sylvie Dupuy

#1183 en Novela romántica
#133 en Novela contemporánea

En el texto hay: poker, apuesta

Editado: 05.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar