Apuesta de Amor

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Capítulo 12

—¿Has visto que no te pasó nada? —le respondió mirándola a los ojos algo especial.
—Sí —le dijo y la ayudó a entrar a su Audi TT dorado en el asiento del acompañante.
Minutos después estaban llegando al restaurante donde ya había reservado una mesa, era muy bonito y algo romántico, era raro en él algo así para ella. El recepcionista los acompañó a la mesa y se sentaron.
—Sólo por ésta noche haré una excepción contigo, puedes pedir lo que quieras del menú.
—Gracias Caleb por ser tan bueno conmigo, a veces no sé como agradecerte todo lo que haces por mí —le contestó sarcástica.
No le respondió, sólo la fulminó con la mirada. En medio de la cena, tomó su copa de vino.
—Feliz cumpleaños Esmeralda —le dijo sonriéndole.

—Gracias Caleb, creí que no te acordabas —le dijo chocando las copas, la de ella con gaseosa.
—Pues claro que me acordé, por algo te traje aquí, no habrías pensado que te traje aquí para declararme que siento algo por ti cuando no hubo ni hay nada de amor entre nosotros.
—Está bien, no tienes que repetírmelo a cada rato, me acuerdo de las cosas que me dicen y si tengo que decirte algo, te aclaro que tú eras el que venía a mí, no yo a tí.
—Por favor tengamos esta cena en paz. No quiero discutir contigo.
—Está bien. Como tú digas —le contestó y después cenaron tranquilos.
La velada fue casi perfecta, salvo por las frasecitas de Caleb que la hacían sentir mal algunas veces. Luego de unos instantes de terminar el postre pidió la cuenta y se retiraron. Llegaron a la casa y apenas la ayudó a bajar del auto se enganchó el taco de la sandalia en el borde del auto de la parte del piso y Caleb la sostuvo quedando a escasos centímetros de sus bocas.
—Lo siento, me tropecé con la sandalia. Creo que no debí llevar esta noche esta clase de taco puede que me caiga y me haga daño la panza —le contestó sonriendo.
—Vamos adentro así te ayudo a sacártelas —le dijo abrazándola por los hombros y entrando a la sala, para hacerla sentar en la alfombra que estaba frente al hogar a leña.
—Ay por fin, mis pies me estaban matando, los siento hinchados, pero bueno, creo que me iré a dormir, de seguro se me pasará el dolor —le respondió intentando levantarse.
—Espera un poco más, ahora vuelvo —le dijo y fue a la cocina por dos gaseosas y chocolates.
—¿Tú a la cocina? —le preguntó picándolo.

—Bueno sí, no me quedaba de otra —le contestó justificándose.
—Ok.
—Toma, come los que quieras —le respondió entregándole la caja de bombones.
—Gracias —le contestó sonrojada—. ¿Si me los como todos no te molestará? —le preguntó avergonzada por el antojo que le dio apenas los vio.
—No, estás antojada de nuevo, lo comprendo —le dijo sentándose al lado de ella mientras le daba una copa de gaseosa.
—Gracias otra vez.
—De nada.
No sabía qué le había pasado en ese momento y siente que la abraza por los hombros, y le hace apoyar su cabeza en su pecho.
—Caleb, ¿te sientes bien? —le preguntó sorprendida sin saber que hacer.
—Sí, sólo por este momento quiero que te quedes así conmigo.
—Está bien, como tú quieras —le respondió sin saber qué más decirle.
—Sí te digo que me des un beso, ¿lo harías? —le preguntó teniendo su rostro entre sus manos y viéndola a los ojos.
—Claro —le dijo y le besó la mejilla, pero él corrió la cara para que su beso se posara en la boca de él.
Sus besos comenzaron a subir de intensidad, succionaba el labio inferior de la joven, y a la vez abría más la boca para besarla salvaje y apasionadamente, la dejaba sin aire la forma en que la besaba, lo disfrutaba a pleno, pero sabía que no la amaba y por eso lo detuvo.
—Caleb ya déjame por favor —le dijo tratando de soltarse de él y de sus labios.
—¿Qué tienes?—le preguntó intrigado.
—Nada, sólo quiero irme a dormir. No está bien lo que haces y tú mismo deberías saberlo —le contestó mientras se limpiaba alrededor de la boca ya que se le había corrido el brillo labial.
—Lo sé, pero un poco de satisfacción para los dos no nos vendría mal —le respondió con sonrisa pícara.
—Tú siempre piensas en lo mismo.
—Y tú no digas lo contrario porque sé que te ha gustado como te he hecho el amor.
—Hacer el amor y sexo son dos cosas completamente diferentes, y lo que quieres de mí solamente es sexo. Hace un rato atrás tú mismo me lo dijiste, tú no me amas, así que lo que me hiciste durante todo este tiempo sólo fue sexo —le dijo y se levantó como pudo, teniéndose del sillón.
—¿A dónde vas? —le preguntó levantándose también.
—A dormir.
—Espera que te ayudo a subir —le dijo alcanzándola.
—No necesito tu ayuda, puedo arreglármelas sola como lo hice en todos estos meses que pasaron —le contestó seca subiendo el primer escalón.
—No seas tan orgullosa, sé que no puedes subir sin ayuda, así que te guste o no, te ayudaré —le respondió tomándola de la cintura fuertemente y subiendo con él.
Terminaron de subir y la acompañó hasta la puerta de su habitación.
—Ya puedes irte donde más te guste —le dijo empezando a cerrar la puerta luego de entrar.
—¿No tendrás dificultad para descambiarte y ponerte el camisón? —le preguntó y ella se quedó callada—. Lo suponía, vamos déjame que te ayude a desvestirte —le dijo entrando a la habitación.
Le desató el moño que estaba por detrás y luego bajó el cierre del vestido, y quedó semi desnuda frente a él.
—Me da vergüenza de ti, de que tengas que verme de ésta manera —le dijo apenada.
—Como si no te he visto desnuda.
—Me viste, pero no así.
—No te sientas avergonzada, mira, para que te sientas algo bien te diré que después de todo sigues siendo atractiva con la panza. ¿Dónde está el camisón?
—Deja que lo busco —le dijo y lo sacó del cajón para dárselo.
La ayudó con el camisón, y la condujo hacia la cama para luego taparla con las sábanas y el cubrecama.
—Gracias por todo.
—De nada —le dijo sentándose en el borde de la cama.
—Ya puedes irte, ya terminaste con tu trabajo —le contestó dándose vuelta para no verlo.
Unos minutos más se volvió a dar vuelta para verlo y se sorprendió con lo que estaba haciendo.
—¿Qué haces? —le preguntó asombrada.
—¿No puedo dormir por ésta noche contigo? —le preguntó acercándose a la cama y Esmeralda se quedó sin saber qué contestarle.
—No deberías, pero como tú eres el dueño de todo, yo simplemente creo que tendré que aguantármelas —le contestó mirándolo.
—Creo que no me hicieron falta palabras para decírtelo yo, tú solita bien lo dijiste —le respondió entrando a la cama.
Era la primera vez que él sin que Esmeralda se lo dijera dormía con ella. Y eso le agradaba. Por lo menos no se sentiría tan sola aunque sea por esa noche, le pareció muy extraño el hecho de sentir su mano alrededor de su cintura o mejor dicho alrededor de su panza. Le encantaba la sensación de su brazo y mano en su cuerpo, se acercaba cada vez más contra ella hasta tal punto de sentir su respiración en su espalda descubierta, la ponía nerviosa sentirlo tan cerca pero tan lejos a la misma vez. De poco en poco se fueron durmiendo y a la mañana siguiente al darse vuelta no lo sintió al lado suyo. Se levantó, se duchó y bajó a desayunar como los demás días.



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: poker, apuesta

Editado: 05.04.2018

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