Apuesta de Amor

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Capítulo 16

—¿Cómo está el bebé más lindo del mundo? —le dijo y el bebé le sonrió como si lo hubiera entendido—. Necesito hablar contigo—le dijo y se sentó frente a ella.
—Dime—le dijo mirándolo a los ojos.
—Quiero darle mí apellido al bebé.
—¿Estás seguro?, mira que si en verdad no quieres no te obligaré.
—Sí, estoy seguro. Quiero dárselo, el bebé es mí hijo también y quiero que lleve mí apellido.
—Está bien, ¿y cómo harás?
—Se encargarán mis abogados.
—Está bien.
—¿Qué te parece si caminamos un poco los tres por el jardín?
—Ok.
Caleb la tomó de la mano y se fueron a caminar por el lugar los tres teniendo al bebé en brazos. Los días fueron pasando y el bebé se hacia cada vez más grande y gordo, era la alegría de la casa tanto para ellos, como para Margaritte y Richard. Una mañana en que se despertó Esmeralda primero, le dieron ganas de darle besos a Caleb en el cuello y pecho
—Buen día, dime si no quieres que te despierte así, no me molestará si me dices que no —le dijo un poco alejada de él.
—Para nada me molesta, al contrario me encanta.
—Bueno, me alegro —le dijo sonriéndole y él hizo lo mismo y luego le dio un beso—. Sabes... he estado pensando en algo, ¿qué te parece si nos... nos casamos? —le preguntó sonriéndole y él borró su sonrisa.
—¿Estás loca o qué? No me voy a casar contigo, una cosa es que quiera darle mí apellido al bebé y otra muy diferente es casarme contigo, y no insistas porque no cambiaré de opinión.
—Pero por algo no quieres casarte y quisiera saberlo.
—No te lo diré.
—¿Por qué?, sí me has dicho que me amas, ¿por qué no confías en mí y me lo dices? —le preguntó mirándolo a los ojos.
—No me pidas una respuesta, porque no te la daré y se acabo. No me casaré contigo y punto final a ésta absurda discusión —le dijo levantándose de la cama.
—¿Qué?, ¿acaso te da vergüenza tenerme como tú mujer o sólo me quieres para lo que te conviene? —le preguntó seria.
—No es eso, ya deja de inventar y no me fastidies más con ese tema —le contestó entrando al baño y cerrando la puerta de un golpe.
—¡Si tan sólo me dijeras el porqué no quieres casarte tal vez te dejaría de molestar con ese tema! —le respondió pegada a la puerta del baño.

—Tal vez y te tendría que coser la boca —le dijo desde el baño riéndose.
—¡Atrévete Caleb Callaghan! —le contestó enojada.
—Ganas me sobran —le dijo.
—Anda, ¡¿quién te lo impide?! —le preguntó desafiándolo.

No lo escuchó más y salió del baño viéndolo serio pero sin poder reaccionar la besa desesperado, pero ella lo empuja bruscamente.

—No me quieras besar para solucionar lo que estamos discutiendo —le contestó enojada y molesta.
—Sólo tú estás discutiendo lo que no tiene sentido para nada, tú fuíste la de la brillante idea de querer casarte, no la mía—le dijo abriendo la puerta de la habitación para irse a la suya y ella lo siguió.
—¡Para ti no es importante, no tiene sentido, pero para mí sí lo tiene! Quiero una familia, no un ‘novio’ que sé que de un día para el otro puede que cambie de idea y me ponga de patitas a la calle con hijo y todo o sin él —le contestó seria, pero él no entendía.
—Todo lo que ves no es un cuento de hadas cariño, yo no soy el Príncipe y tú no eres la Princesa —le dijo mientras sacaba la ropa de su closet y al darse vuelta sintió que cerraba la puerta de un golpe.
Hasta la cena, Esmeralda no bajó para nada, y cuando llegó la hora, lo hizo con el bebé en brazos, se sentó frente a él y comenzó a cenar mientras hacia comer al bebé. Ninguno de los dos hablaba y si él no abría la boca menos lo iba a hacer ella.
—¿Qué tienes con esa cara? —le preguntó para tratar de conversar de algo.
—Tú mejor que nadie lo sabrás —le contestó seca.
—Oh vamos, no me digas que sigues enojada por lo de ésta mañana —le dijo casi riendo.
—No, ¡como crees!, ¿yo enojada?, por favor —le respondió irónica.

—Entonces cambia esa cara.
—Si tú cambias de opinión lo haré.
—Yo no cambiaré de opinión ni nada.
—Entonces olvida que cambie ésta cara, hoy has sido muy injusto conmigo.
—¿Injusto por qué?
—Porque no me has dicho la verdad del porqué no te quieres casar conmigo.
—No comiences otra vez.
—Tú dime el porqué y te dejaré de molestar —le dijo introduciendo un pedazo de comida.
—No te lo diré aunque insistas, así que termina de una vez por todas con el estúpido asunto del casamiento —le dijo serio y seco.
—Está bien Caleb, no te hablaré más de esto —le contestó de la misma manera que él y sin decirle más nada, se levantó y subió las escaleras.



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: poker, apuesta

Editado: 05.04.2018

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