Apuesta de Amor

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Capítulo 18

—Menos mal que habías dicho que querías verme como me ponía el camisón —le dijo mientras lo besaba también.
—Puedo decir tantas cosas —le decía riéndose.
Esa noche para suerte de ellos el bebé durmió de lo más tranquilo. Esa noche la amó como quería y al fin pudo susurrar su nombre en su oído.
—Te quiero Caleb —le dijo mirándolo mientras él la tenía apretada contra su pecho.
—Y yo a tí —le contestó besándola.
Así pasaron varios días, cada día se querían más y salían a pasear como una familia felíz, la semana había pasado y con ésta dio inicio al lunes, un lunes quizás diferente para ambos.
—¿Se puede? —preguntó tocando a la puerta de la habitación.
—Sí —le contestó mientras vestía al bebé.
—Hoy iremos de compras —le dijo mientras jugaba con su hijo.
—¿Otra vez? —le preguntó desconcertada.
—Sí, ¿por qué no?, hace meses que no vamos otra vez.
—Pero el bebé ya tiene ropa.
—No importa, quiero comprarle más para los próximos meses.
—Bueno, está bien.
Minutos después bajaron para irse. Quién iría a decir que en el mismo lugar donde ellos estaban, se encontrarían con la ex esposa de Caleb.
—Caleb, qué casualidad encontrarte por aquí —le dijo sonriéndole.
—¿Brenda? ¿Qué haces aquí? —le preguntó intrigado y asombrado.
—Pues paseando, ¿y a ésta niña no me la presentas?, ¿es tu hermana?, como nunca me habías dicho que tendrías una... —le dijo mirándola de arriba abajo.
—No, es mí mujer. Esmeralda, te presento a Brenda mi ex mujer.
—Encantada —le contestó de lo más simpática.
—El gusto es mío, no sabía que Caleb pudiera tener gustos tan... tan sencillos —le dijo.
—Pues sí los tiene. Si nos disculpas tenemos que seguir comprando, gusto en conocerte —le dijo y siguieron caminando.
—Creo que no te agrado para nada, ¿no?
—Digamos que no. Pero ella no me interesa lo que me haya dicho, sólo sé que lo único importante que tengo junto a mí eres tú.
—¿De verdad yo soy lo más importante para tí? —le preguntó asombrado.
—Sí y nuestro bebé —le respondió sonriéndole.
En ese momento Caleb la abraza y la besa apasionadamente, recorrieron un poco más las tiendas y luego volvieron a la casa.
—Qué bueno que has llegado Esmeralda, el bebé ha estado llorando desde hace media hora y creo que tiene hambre.
—Ok, voy contigo a verlo —le dijo siguiéndola.
Segundos después de levantarlo y darle de comer se calmó, un rato más se quedó dormido en sus brazos, por lo que subió las escaleras rumbo a la habitación para dejarlo dormir en su cuna.
Días habían pasado desde ese inesperado encuentro con su ex mujer, y entre Caleb y Esmeralda las cosas iban de maravillas, ahora sí, podía decir que era suyo y de nadie más, o eso era lo que ella pensaba. Aquel mismo día, la anterior esposa de Caleb, los fue a visitar a la casa. Y la joven fué a abrir la puerta encontrándose con aquella grata sorpresa.
—Yo abro —contestó yendo hacia la puerta de entrada.
—¿Se encuentra Caleb? —le preguntó sin decirle más nada, ni siquiera por falsa amabilidad.
—Sí, pero, ¿me podrías decir para qué lo buscas? —le preguntó tratando de ser amable.
—Necesito hablar algo personal con él.
—Está bien, pasa —le dijo sin poder sacarle más palabras, y entró.
Los dejó solos, ya que igual pensó que Caleb le iba a pedir que se fuera, para que ellos hablen tranquilos, creía que confiaba en ella y que no tenía problemas en que se quedara con ellos, pero se dio cuenta que no era así, así que prefirió ir a ver al bebé.

Después de una hora de estar Brenda con Caleb hablando sobre eso ‘tan algo personal’ se fue. Mientras estaba amamantando al bebé, Caleb entró al cuarto.
—Por fin se ha ido —le dijo sentándose al lado de ella para ver al bebé como bebía la leche.
—Ah —le contestó simulando estar concentrada en el bebé y casi mirándolo de reojo.
—¿Qué tienes? —le preguntó poniendo su mano en la barbilla de la joven para que lo mirara.
—Nada, ¿por qué? —le respondió normal.
—Qué raro, te noto extraña —le contestó sonriendo.
—No amor, no tengo nada.
—¿Cómo me dijiste? —le preguntó asombrado.
—¿Amor? —le dijo mirándolo de reojo y avergonzada.
—Nunca nadie me había dicho esa palabra —le dijo mirándola a los ojos.
—Si te molesta no vuelvo a llamarte así.
—No, al contrario, suena bonito de tu boca cuando me llamas así.
—Bueno, gracias.
—De nada Princesa —le dijo acercándose a ella para besarla dulcemente.
—¿Puedo preguntar qué te ha dicho Brenda? —le preguntó de reojo.
—¿De verdad quieres saberlo?
—Sí.
—Bueno, pues vino a decirme que no estaba muy bien economicamente y me pidió dinero —le dijo mirándola detenidamente.
—Ok, ¿y por qué te me quedas mirando? —le preguntó desconcertada.
—¿No me dirás nada que me pidió dinero?
—¿Qué quieres que te diga?, pues si le diste es problema tuyo, es tú dinero Caleb, no el mío. Tú eres el dueño de regarle dinero o no, así que en eso no puedo decirte nada. Lo que sí se me hace algo extraño, es que haya aparecido en el shopping aquel día, digo, como que no me coincide mucho eso de que haya estado en ese lugar y luego venir a decirte que no tiene un centavo, más aún cuando le diste demasiada cantidad de dinero cuando se separaron.
—Eso mismo le pregunté yo también y me dijo que con ese dinero que le había dado pagó algunas deudas y bueno me dijo también que le sobró algo de allí, pero que no era mucho, y otra vez vino a parar aquí.
—Dirás que vino a sabotearte.
—Quizás. Pero lo único que espero es que no vuelva más, porque con la suma de dinero que le di casi le duraría una eternidad.
—¿De cuánta cantidad me estás hablando?
—De unos cien mil dólares.
—Por ser tu ex mujer le pagas muy bien —le contestó seria sin creerse la cantidad que le había dado.
—¿Y tú ahora qué quieres?, ¿no te alcanza con que me tengas atado a ti? —le dijo algo serio.
—¡No quiero nada Caleb!, sólo te lo dije porque me pareció algo exagerada la suma de dinero, y si de verdad te tengo atado a mí, ¿por qué no te largas?, quizás y todavía sientes algo por ella —le respondió enojada.
—Le di ese dinero así no me molestaba más, no la quiero volver a ver más, no siento nada por ella.
—Entonces no debes sentir nada por mí tampoco, ya que casi siempre repites que te tengo amarrado a mí, al parecer para ti esto es un sacrificio lo que haces, no sé, pareciera como que te atosigas de mí o te sofoco, no lo entiendo, ¿primero me dices que me quieres y me amas y luego me dices que te tengo atado?, desde el día en que me dijiste la verdad y paraste tu teatro que armaste para mí, no te molesté ni te estuve de encima como para que digas eso, ni el bebé te molestó a pesar de que siempre lo callaba por su llanto para que su papá no lo escuchara. Ninguno de los dos te molestó o te jodió hasta tal punto de sacarte de quicio —le contestó enojada y entrando al cuarto de baño para darse un baño.
Apenas entró a la bañera, se le cayeron un par de lágrimas, quizás eran por bronca y rabia que le diga siempre lo mismo, casi siempre le decía en la cara que lo tenía atado a ella, pero a la vez le decía que la amaba, estaba confundida y quería saber en verdad lo que sentía por ella. No tardó ni diez minutos en terminar de bañarse, y salió con la bata de toalla. Vio a Caleb teniendo al bebé en brazos y haciéndole cariñitos, cosa que el cuadro se le hizo de lo más tierno y esbozó una sonrisa. 



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: poker, apuesta

Editado: 05.04.2018

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