Apuesta de Amor

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Capítulo 19

—Iré a la cocina a traer algo para beber —le dijo abriendo la puerta y él la vio—. ¿Quieres algo? —le preguntó antes de irse.
—No —le contestó y volvió a ponerle atención al bebé.
Subió unos segundos después con un vaso de agua, lo dejó sobre la mesa de noche y entró al baño a colocarse el camisón, para luego irse a dormir.
—Apaga la luz cuando te vayas a dormir.
Un rato después, sintió que entraba a la cama y se acercaba a ella.
—Es como me siento, atado a ti —le dijo susurrándoselo y con ternura.
—No me lo repitas tanto Caleb, con una sola vez que me lo hayas dicho me bastaba.
—¿Me dejas terminar? —le preguntó serio y se quedó muda—. Es como me siento en verdad, atado a ti, y es como quiero estarlo, nunca me sueltes —le respondió y la hizo darse vuelta para mirarlo.
—¿En serio lo dices? —le preguntó mirándolo a los ojos preocupada.
—Sí, solo contigo me sentí como me siento ahora, y quiero que esa soga invisible que me tiene atado a ti no se rompa nunca —le contestó acercándose para besarla apasionadamente y ella correspondió a sus besos atrayéndolo más a ella.
—Caleb... te amo —le dijo sujetándolo de sus mejillas.
—Y yo también lo hago —le dijo besándola.
Aquella noche fue una de las más románticas que habían tenido, no hacía ninguna falta ambientar el cuarto, porque el amor que entre ellos se profesaban bastaba con poner el ambiente en una atmósfera llena de amor.
Se mantuvieron despiertos después de la madrugada. Solamente pudieron dormir muy pocas horas, ya que alrededor de las diez de la mañana, tocaron el timbre y abrió Margaritte.
—¿Se encuentra Caleb?
—Me temo que sigue durmiendo.
—¿Podría esperarlo?
—Pues sí, aunque el señor no sé a qué hora se levantará.
—Está bien, usted no se preocupe, lo esperaré igual —le contestó algo hipócrita entrando a la sala y sentándose.
Dentro de la habitación, Caleb despertaba a Esmeralda.
—Cariño, tocaron el timbre —le dijo algo adormilado aunque escuchando todo.
—¿Y qué pasa?, está Margaritte —le contestó abrazándolo más contra ella.
—Lo sé, pero no te das una idea de quién es.
—No, y ni quiero pensar a ésta hora de la mañana.
—Es Brenda —le respondió tratando de levantarse pero ella se lo impidió.
—¡Ay no!, ¿no me digas que te levantarás? —le preguntó aún con los ojos cerrados.
—Pues sí, entró a la casa aún cuando Margaritte le dijo que estaba durmiendo.
—¿Por qué ahora comenzó a venir?, ¿así era cuando yo no estaba? —le preguntó ya abriendo los ojos y mirándolo.
—No. Nunca apareció.
—¡Entonces ésta mujer te quiere otra vez!
—¡No me quiere!, ¡y yo menos la quiero! —le casi gritó levantándose de la cama y despertando al bebé.
La joven se levantó, se puso una bata y fue hacia la cuna para tomar al bebé en brazos, y darle de comer.
—Iré a ver qué se le ofrece —le dijo poniéndose frente a ella.
—Haz lo que quieras —le contestó sin mirarlo con voz seria y escuchó que cerró la puerta de un golpe—. Ay Caleb, tu papi es duro de entender que su ex quiere hacer lo imposible por recuperarlo y él no se da cuenta —le decía mientras el bebé tomaba la leche y la miraba con esos hermosos ojos azules.

Un buen tiempo después, de haber hablado Caleb con su ex esposa Brenda, él entra nuevamente a la recámara.

—¿Y bien?... ¿qué quería la idiota esa? —le preguntó despectiva viéndolo mientras se acercaba.
—Esmeralda no la llames así.
—La nombro como se me antoja, puedo llamarla de varias maneras posibles, pero esa es la más leve que tengo con respecto a ella —le dijo mirándolo fijamente a los ojos seria y sin expresión alguna.
—¡Ay ok!, llámala como tú quieras, me da igual.
—¿Te da igual?, pues creí que no. Como te alteras cuando le digo cualquier cosa menos su nombre —le dijo sarcástica y obviando las palabras—. En fin... ¿a qué vino?
—Mmm... dinero no era.
—Raro que todavía lo mantenga.
—Pues sí.
—Entonces, vino a pedirte más —le respondió segura de que era eso.
—Mmm... no exactamente.
—¿Entonces a qué vino?
—Dijo que se quedó sin dinero y me pidió si podía venirse aquí por un tiempo, hasta que vuelva una amiga de viaje, y después irse a la casa de su amiga una vez que ésta regresara.
—Ya me imagino qué le habrás dicho, ¿y sabes algo?... hasta prefería que le dieras dinero, creo que con eso te he dicho todo Caleb.
—Bueno, pues, ¿qué querías?, ¿que la dejará?, me dio lástima cuando me lo dijo.
—A ti te dio lástima ella cuando te lo dijo, pero no te dio lástima el día en que me empezaste a tratar como un trapo, sin siquiera preguntarme aunque sea una sola vez el cómo estaba o cómo me sentía. Pero no te preocupes, eso ya pasó gracias a Dios. Ahora que creí que todo iba a ser casi perfecto entre tú y yo, me vengo a enterar que tu ex se viene a quedar aquí, por las estupideces que hizo con todo el dinero que le diste. La verdad que no tiene dónde caerse muerta, y bueno, para qué seguirte diciendo, si a simple vista salta lo arrastrada que es. Tal parece que la arrastradita te sigue dominando, porque todavía no te la puedes desprender de ti. Ella es la que bloquea tu pensar y el no querer casarte otra vez.
—¡Y otra vez con lo mismo! —le gritó e hizo llorar al bebé.
—¡Caleb!
—Lo siento —dijo arrodiyándose frente a ella para ver al bebé y acariciarlo para calmarlo—. No es eso, tienes que entenderme que no fui feliz en mí anterior matrimonio, al principio sí, pero luego todo cambio, y no quiero volver a pasar por lo mismo.
—Pero tú también sabes que yo pasé por lo mismo, sin embargo aunque no te conocí como hubiera querido, quiero casarme contigo, volver a ponerme un bonito vestido como el de una Princesa para que solo tú me veas, yo sí quiero ser tu mujer, quiero ser tu Princesa ese día si llegaría, vamos Caleb, casémonos, no te arrepentirás —le dijo posando una de sus manos en una de las mejillas del hombre que amaba.
—¡No me insistas Esmeralda! No entiendo la constante repetición que me haces con respecto al querer casarte conmigo. No le veo la urgencia que tienes en quererte casar. ¿Será que quieres tener parte de todo lo que tengo? —le preguntó hipócrita.
—Eres un desubicado en siquiera pensar y preguntarme eso, ya sabes bien que dinero no me falta. Y si quiero casarme contigo es porque quiero ser parte de ti, y no de tu mugroso dinero y cuanta propiedad tengas. Dices amarme pero tal parece que tú me amas de la manera en que tú quieres, estás vacio por dentro Caleb, tu corazón se ha hecho de piedra al no querer volver a amar, pero a amar de verdad, a amar sin mentiras ni traiciones, porque todavía tienes la idea de que yo soy o comenzaré a ser como Brenda —le contestó decepcionada levantándose de la silla para acercarse a uno de los cajones donde tenía la ropa del bebé para después vestirlo—. Espero que le des el alojamiento en la casa que está retirada de ésta casa, porque no pienso aguantarla dentro de la casa, ni que éste revoloteando como ave de rapiña entre tú y yo.
—¿Y qué te hace pensar que la aceptaré aquí?
—De todo me hace pensar, y no quieras negarlo. Te conozco como si te hubiera parido.
—Pues tuviste a mí hijo —se lo recalcó obviando la posesión.
—Es más mío que tuyo, practicamente yo sola lo cuido.



Sylvie Dupuy

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En el texto hay: poker, apuesta

Editado: 05.04.2018

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