Arcángel

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CAPÍTULO I

"Un recuerdo"
••••••••

La lluvia cae desesperadamente en una gran tormenta, el olor a petricor inundado mis fosas nasales el largo camino de tierra completamente líquida embarra mis pies descalzos. Con agonía comienzo a recorrer el sendero en busca de ayuda, mi pantalón vaquero se arrastra por el piso completamente despedazado, ya no hay rastro de mi camiseta, las alas la rompieron. 
 

Completamente débil caigo al piso con el peso de las alas en mi espalda, el barro mancha todo mi pantalón, las alas están llenas de barro debido a su gran tamaño y al hecho de que las he arrastrando kilómetos, mis manos llenas de sangre y una estúpida mueca en mis labios. Levantó la mirada con la esperanza reflejada en mis ojos, de que el camino sea más corto, pero en su lugar solo vi oscuridad, árboles y un camino sin fin. 

Me levante con las piernas flanqueantes, intente caminar pero solo a unos pasos volví a caer y mis alas conmigo. El negro de mis alas ya era marrón, y lo blanco de mi piel, violeta debido a los golpes. En un pequeño charco de lluvia a unos metros veo mi reflejo, mi aperlado cabello cae mojado por mi frente y mis ojos celestes lucen más apagados de lo normal. Una mueca se formó en mis labios al ver un gran moretón con un corte en mi mejilla derecha, el color violeta empieza a ocupar mi mejilla y un oscuro verde en los bordes. Eso durará un tiempo.

Levanto mi mirada con rapidez al escuchar un coche acercarse y al momento de girar, mis alas no estaban, toque mi espalda en busca de alguna cicatriz pero no había nada, ni siquiera una cicatriz, su efímera aparición me sorprendió. Al ver al frente vi un par de botas de lluvia rojas correr hacía mi. Mis ojos no perdieron de vista sus grandes y inocentes ojos negros. Su roja cabellera se alborota al correr y una mueca de preocupación invade su rostro al llegar a mi.

-Oye, ¿estás bien?- pregunta observando mis ojos con cautela, hasta que los mismos bajan a mi rostro y un jadeo sale de su boca. -¡Oh dios mio, estas herido! -chilla pasando su mano por el moretón, con cautela inspecciona mi cuerpo en busca de otras heridas, -Dios, tienes todo el abdomen machucado, ¡Santiago, ven aquí rápido!. -grita en dirección al coche de donde sale un chico idéntico a ella, -¿Cual es tu nombre?.

Mis ojos viajaron a los suyos y con dificultad lo pronuncie

-S-sam, soy Sam.

Con cautela asiente, mira al chico correr hacia nosotros y luego vuelve a mirarme, sus ojos derrochan intriga, algo normal a decir, ¿quién miraría de otra forma a un extraño herido en mitad de un campo desierto y con sangre en las manos?. Exacto, nadie.

-¿Que le ha pasado?-Pregunta el chico pelirrojo al llegar a nuestro lado, su mirada de horror no me pasó desapercibida.

La chica que aún continúa examinando mi rostro, levanta la mirada hasta su ¿hermano?, y se encoge de hombros. Ambos comienzan a decidir qué hacer conmigo como si yo no estuviera ahí sentado escuchándolo todo, con molestia aclaro mi garganta llamando su atención.

-Solo necesito que me lleven al hospital más cercano, puedo arreglármelas solas.

-El hospital más cercano queda a diez kilómetros y está anocheciendo, es más conveniente que pases la noche en nuestra casa, te curemos y mañana por la mañana te llevemos al médico. -habla el chico, la chica asiente en aprobación antes de viajar su vista a mi ropa, aparta la mirada sonrojada al notar que prácticamente estoy en bóxer, ignorando a la chica miró ah el chico.

-Bien.

Como puedo me subo en su coche y emprenden camino a su hogar, por la ventana del coche veo las montañas a lo lejos y una hermosa aurora, ahora que la lluvia a parado me permito observar por efímeros minutos el hermoso paisaje, el campo con margaritas, las montañas con nieve en la parte más alta de la misma, los colores de la aurora, el cielo completamente estrellado.

Mis ojos viajan a mis manos con sangre y los recuerdos empiezan a aturdir mi memoria, el hombre golpeándome una y otra vez, yo golpeándolo con la ira consumiendo mi cuerpo, mis alas saliendo de forma violenta, finalmente... yo matando al hombre, el recuerdo de mis manos enterradas en su pecho con mis manos sacándole el corazón me hacen estremecer.

Yo le arranqué con mis manos el corazón a un hombre.

Una penetrante mirada me obliga a levantar la mirada, la chica me mira por el espejo retrovisor con el ceño fruncido. Desvío mi mirada de la suya para mirar el camino, el cansancio empieza a drenar mi cuerpo y mis ojos se empezaron a entrecerrar, mantengo mis ojos abiertos lo mas que puedo, si algo he aprendido es que no puedo dar el privilegio de verme débil, y dormido soy presa fácil.

Mis párpados comenzaron a pesar y mi lucha no sirvió de nada, finalmente caí en la oscuridad de un sueño profundo.

••••••••


-Ya hemos llegado, - murmura la chica mientras me sacude tratando de despertarme. 

Abro los ojos lentamente notando una enorme casa frente al coche, con pereza bajo del mismo con la chica a mi lado en rumbo a la su casa. Al llegar a una especie de escalera de madera veo su porche a solo unos pasos y unas grandes puertas de madera perfectamente pulida, con solo ver la fachada de la casa notas fácilmente que el dinero a esta familia le sobra.

-¿Ah tus padres no les molestara que tengas a un extraño en tu casa?, -pregunté haciéndola pegar un salto de la sorpresa.

Ella es graciosa, sus grandes ojos me miran con cautela y suspira.

-No te diré nada, puede que seas un asesino y a juzgar por la sangre en tus manos no lo dudo, así que camina callado y sin preguntas Jack Frost.

¿Acaba de llamarme Jack Frost?.

-No eres muy educada, y dejame decirte que no está bien juzgar a las personas por lo que ves.

Con un encogimiento de hombros se adentra en su hogar, un largo suspiro sale de mi boca empieza a hacer frío pero yo sigo sin entrar, es de mala educación entrar sin que te den permiso. Unos pequeños copos de nieves caen en la palma de mi mano y rápidamente queda solo humedad, levanto mi vista al cielo y veo como cae la nieve.



Agustina

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En el texto hay: angeles caidos, demonios, inframundo

Editado: 21.08.2019

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