Arcángel

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CAPÍTULO II

"El abrazo del alma"

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"No sabrá de mi".

El chico se movía de un lado al otro en la cama, su cuerpo transportado hacía fricción con las sábanas de seda dándole más calor a algunas partes de su cuerpo, el aire empezaba a escasear en sus pulmones.

"Tú no decidirás eso por él, es su elección".

Podía ver con claridad lo que sucedía, podía ver a dos personas discutiendo, en una casa antigua, el hombre de traje y la mujer con un vestido primaveral en donde se hacía más notorio su embarazo. Hasta llegó a pensar que podrían ser sus padres pero debido a que no podía ver sus caras, ni aceptaba, ni desechada la idea.

"Bien, vete, deja a tu hijo sin un padre por tu cobardía".

El hombre trató de acercarse pero la mujer interpuso sus manos, evitando el contacto.

"Es lo mejor, ya lo verás con claridad".

Oscuridad, el chico había parado de moverse, ya no emitía quejidos, y el frío aire de la noche ayudaba a enfriar su temperatura corporal.

Samael.

El grito de una mujer lo hizo despertar bruscamente, y al sentarse en la cama, notó las puertas del balcón que daba a la habitación abiertas de par en par. Las cortinas se movían de un lado al otro con el helado viento, sus frazadas estaban tiradas en el piso, su camiseta también, podía ver el caos de la habitación y con una maldición imploró no haber despertado a nadie de la casa con aquel alboroto; como pudo se levantó notando una sombra parada en la esquina de su habitación, de ojos blancos, lo miraba seriamente, con postura rígida.

"¿Que demonios?".

Con paso decidido camino hacia aquella sombra, con cada paso sentía que una energía extraña entraba en su cuerpo, quizá a un humano lo hubiese mandado por los aires, pero sabiendo que él no es un humano, se entendía mejor el porqué no lo hacía.

—Muéstrate,ahora—exigió.

La criatura solo asintió, revelando por efímeros instantes un juvenil rostro femenino, desplegó unas majestuosos alas blancas, de un blanco tan puro que casi deslumbra y simplemente se giró marchándose por el balcón, en rumbo al cielo.

"¿Sigo dormido?".

"¿Que hacía un Ángel en la tierra?, ¿cómo es posible que se mantengan bien, lejos del entorno 'puro' de los cielos?".

Tomó una sudadera que estaba tirada en el suelo y se dirigió al balcón, se podía ver a lo lejos al chico mirando directo a las montañas, con una hermosa noche estrellada, pudo ver una que otra constelación y una hermosa aurora boreal entre las montañas anunciaba que en pocos días comenzaría el verano recordar que los últimos días de invierno en Canadá, significaba que serían los peores, desde que se mudó ha aquel frío país, le había costado mucho adaptarse, él venía de un clima más cálido, en su antiguo hogar no habían inviernos tan fríos, el lugar se llamaba Meisth, su madre se había criado ahí, y el por 13 años también, después todo cambió; pero fue bueno mientras duró, mentiría al decir que tuvo una mala infancia, porque fue la mejor de todas, pero en ese momento, no sabía si aquello fue real. 

Un aroma a rosas llegó a sus fosas nasales y cuando giro la mirada vio a una chica de vestido blanco, sentada en el borde de su balcón, con un libro en sus manos,Camille.
Se veía a leguas que ese libro le gustaba, sus ojos estaban muy fijos en el libro y leía con una rapidez impresionante, se podía ver la tapa del libro desde aquí, decía "Tu sonrisa bajo la lluvia".

Simplemente la observó quieto, sin realizar ningún movimiento, ni emitir ningún sonido. Por un momento le cruzó por la cabeza la idea de agradecerle por haberlo ayudado, pero con una sacudida de cabeza la idea se esfumó. Mojo sus labios antes de girarse y entrar devuelta en la habitación, con el propósito de dormir.

Apenas las puertas se cerraron Camille miró en dirección a la misma con curiosidad, ella lo había visto ahí parado por más de quince minutos, mirándola. Por un momento pensó que querría decirle algo, pero no lo miro en ningún momento, que el pensara que no lo había visto hacia la situación menos incómoda, o eso creía la joven. Simplemente no podía apartar la mirada de ese balcón, el seguía siendo un extraño, nada había cambiado; pero había algo en el que llamaba su lado atrevido y feroz a salir.

La chica no sabía si esa reacción era debido a sus hormonas, ya que evidentemente el chico, bueno, no estaba para nada mal, o tal vez simplemente era el hecho de como lo habían encontrado, en una carretera, semi desnudo, embarrado y con las manos llenas de sangre. Definitivamente era lo segundo, eso no era normal.

Por un momento pensó que había hecho mal en ayudarlo y podría ser un asesino, los ojos de pánico de la chica fueron reemplazados por tranquilidad al saber que él estaba herido y sería más fácil derrotarlo.

Ella no tenía idea de la clase de persona que estaba en su hogar, ni que él ya estaba curado.

—Ves te lo dije, es el. 

Escondidos detrás de una nube se podía ver con claridad a dos individuos, uno de sexo femenino y el otro de sexo masculino. Ambos miraban atentamente a la chica sentada en su balcón, y a una distancia no muy grande se podía ver otro balcón, solo que este estaba cerrado, era la habitación en donde se encontraba el, el caído al que tanto habían buscado.

—Tu dijiste que él tenía alas.

—Las tiene,— afirmó el joven con seriedad.

—Los caídos no tienen alas, normalmente o se las arrancamos nosotros o ellos en forma de protesta contra nuestro padre se las arrancan,— habla con evidente cara de intolerancia. — Me haces perder mi tiempo, demonio.

—Ten cuidado en la forma en la que me hablas Nuriel, eres un Ángel, ¿dónde está el ejemplo?.— murmuró con diversión el demonio.

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Agustina

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En el texto hay: angeles caidos, demonios, inframundo

Editado: 21.08.2019

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