Ascenso a ciegas

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9.

Llegó muy justo de tiempo. Y la encontró en el lugar en el que se habían citado. A las puertas del mismo local. Si ella le hubiera permitido alargar algo más la conversación, él hubiera propuesto recogerla y llevarla. Bueno, quizá… tal vez.

Arnau dio suaves golpecillos a la esfera de su reloj de muñeca.

—¡Llegué a tiempo! —anunció con una risilla revoltosa.

La vio fruncir los labios.

—Por poco. Entremos.

La siguió, como si su orden hubiera sido dada por un alto mando del ejército y no pudiera negarse a obedecer. ¡Le encantaría adivinar qué pudiera estar pensando! Sin embargo, la transparencia no parecía formar parte de ninguna de sus cualidades más destacadas.

Consiguieron turno en la larga fila mientras de fondo sonaba una de las canciones de las lista de «Los Cuarenta Principales». Arnau no podía apartar la mirada de la arrogante mujer. Por si ya iba suficientemente preocupado, que fuese tan puntillosa lograba inquietarlo todavía más.

—¿Sabes qué vas a pedir? —se adelantó ella, sin molestarse en mirarlo.

—Creo… que sí.

—¡Estupendo! Así nos ahorraremos poner de los nervios a los clientes que van detrás de nuestra posición en la fila. Paso de follones —parloteó, aún con la mirada perdida.

—Tranquila. Sé lo que quiero.

Ya no obtuvo otra queja, ni respuesta.

Llegó la hora de pedir. No hubo problema. Todo fue rápido y al poco, se encontraban escogiendo una de las mesas que se encontraban vacías. Arnau se mantuvo en silencio desde que se acomodó. No sabía qué decir para empezar una conversación con ella. Finalmente, fue Esther quien rompió el silencio:

—No te haré la pelota. Es más; te vigilaré de muy cerca. ¡Así que aviso que te andes con mucho cuidado!

Él le dedicó un gesto de resignación. ¿Tendría que quejarse por sus molestas evasivas? ¿Discutir? ¡Un segundo! Antes de meter la pata, necesitaba investigar.

—¿No me dijiste que querías hacer las paces, conmigo?

—¡Solo es un aviso! El resto, lo iré notificando conforme no me vaya gustando alguna de las cosas que haces.

—Genial… —farfulló cansado, junto a una larga exhalación.

—Y… ¡Ah! Con respecto a ese amigo tuyo…

Arnau elevó un dedo.

—¿No estábamos hablando de mí? —La esquivó—. ¡No metas a terceras personas, en esto!

—¿De verdad te fías de él?

—¿No está esto muy rico? —continuó zafándose de tener que responder a tan incómodo interrogatorio que, al fin y al cabo, no estaba relacionado con él. Clavando la mirada en su apetitosa hamburguesa.

—¡Sigues cambiando de tema!

—¡No es asunto mío lo que haga mi amigo! —largó enfadado—. Por cierto, ¿vas a dejar que me quede todo el mes de agosto en casa de tu abuela? Quisiera conservar el empleo.

—¿Y si no eres de fiar? ¿Y si eres como ese… bastardo?

—¡Oye! ¡Oye! ¡No nos andemos por las ramas! ¿quieres? ¡No puedes criticar a alguien, sin pruebas! —protestó enérgicamente.

—Además… —Esther dejó su hamburguesa en la envoltura de cartón con la que se la sirvieron, apoyó los codos sobre la mesa y adelantó el cuerpo hacia él—; ¡harás todo y cuanto te diga! —bisbiseó, acercándose excesivamente al rostro del chico.

Arnau elevó las comisuras de sus labios, divertido, clavando su verde mirada en ella.

—¡Si lo que pretendías era besarme no hacía falta que me trajeras hasta aquí! —murmuró, divertido—. Cualquier lugar hubiera valido —agregó, continuando con su ácida ironía.

—¡Sigue jugando conmigo y saldrás escaldado! —espetó ella, arrugando la nariz, con disgusto. Retirándose con rapidez hacia una distancia segura. Él no pudo evitar reír. ¡La encontraba tan graciosa cuando se cabreaba!—. ¿Y desde cuándo te va eso de la escalada? —formuló a continuación, cambiando radicalmente de tema, como si quisiera arreglar una pizca la situación.

Lo pilló por sorpresa, pero lo agradeció. Aquella mujer de severo carácter por fin aflojaba un poco.

—Veamos… —Dio un mordisco a su hamburguesa y se lo terminó antes de responder—; digamos que, de pequeño, ya apuntaba a maneras. Me hice varios boquetes en la cabeza subiendo en donde no debía —explicó, en un tono socarrón.

—¡Todo el mundo es revoltoso de pequeño! Esa lógica es demasiado aplastante.

—No… no. Lo mío era tener a mis padres en vilo, y cada dos por tres, en el hospital —agregó, divertido.



DenisBlue73

#9791 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 03.02.2019

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