Ascenso a ciegas

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11.

—¡Juro que me enerva! ¡Esa condenada mujer logra sacar mis peores demonios, de mi interior! —protestó Arnau, apretando la mandíbula con fuerza al tiempo que se ajustaba el arnés.

—Cielo, ya sabes lo que opino —canturreó Míriam, mimosa.

—¿Cielo? —Xavi sacudió la cabeza, hilarante—. ¡Sigue sonando bien extraño! —aseveró con un punto de ironía en el soniquete burlón de su voz.

¡Sí que había sonado extraño! Tanto como para que el aludido le dedicase una mirada ácida a la chica.

—¡Qué! No puedo evitarlo.

Manel se le acercó, sugerente, a ella.

—Podrías intentarlo conmigo —largó, dedicándole un pícaro guiño—. Juro que no me importaría.

Míriam coloco su mano, sobre la cara de este, empujándolo con fuerza para que se apartase.

—¡Olvídalo, chaval! ¡Ni se te ocurra hacerte ilusiones!

 

 

El calor apretaba con fuerza. Era una locura practicar un deporte tan extremo en aquellas condiciones. No les parecía importar, ascendiendo por la cara en la zona de sombra, de una de las caras más escarpadas y casi verticales de la gigantesca montaña. Cargados con reservas de agua fresca para mitigar cualquier síntoma de deshidratación. Una tortura que se volvía soportable, si se hacía por gusto.

—¿Sabes? Rubén, tu amigo, es muy majo —mencionó Míriam, con la voz algo entrecortada a causa del enorme esfuerzo que estaban realizando.

—Majo… ¿En qué te basas para decirlo? Solo lo viste una vez —largó Arnau, sin prestarle demasiada atención, tratando de colocar sus manos, y sus pies, en aquellas hendiduras, adecuadamente.

—¡A ti, todos los tíos te parecen majos, querida! —la criticó Xavi, con guasa.

—¡Todos no! —opinó después de reflexionar durante unos pocos segundos—. ¡Tú no me gustas! Eres demasiado aburrido y cansino. En general, sois un pelín aburridos, si tengo que ser franca.

—¿Aburridos? ¿Y por qué sigues con nosotros, en este grupo? —quiso saber él.

Míriam dejó escapar una larga exhalación antes de responder.

—Sois los únicos que logran soportarme. Y porque está Arnau.

—Depende de días, bonita…

—¡Ja! ¡Muy gracioso!

—También hace muy poco que te conocemos. Todavía es pronto para saber hasta que punto eres soportable —continuó ironizando aquél—. ¿Y si detrás de tu fachada hay un monstruo? ¿Una alienígena? ¿O una oscura asesina? —continuó burlándose. Míriam resbaló repentinamente en uno de los salientes en los que no pudo colocar bien el pie. ¿O él, quizá podría haberla puesto nerviosa? —¿Estás bien? —gritó de inmediato sabiéndole mal que sus críticas tontas le provocaran el pequeño accidente. La vio asentir, aún jadeando por el susto. Estuvo a punto de golpearse la cabeza con aquella protuberancia rocosa que se elevaba en su camino de ascenso—. ¡De acuerdo! Ya guardo silencio. Tampoco es que desee que te abras la cabeza —agregó, ajustando una sonrisa torcida en su cara, buscando aliviar el susto obtenido por sus inadecuadas ocurrencias.

—¡Exacto! ¡Deja de decir gilipolleces que pones a la niña alterada! —espetó Manel, frunciendo el ceño, cabreado. Querían evitar a toda costa cualquier accidente fortuito. Debían de andarse con mucho cuidado. Protegerse unos a otros, como mayor responsabilidad para regresar de una pieza a casa.

—¡Tíos, ya vale! Tanta tertulia ralentiza tan interesante subida. Y por favor, sed más cuidadosos —rogó Arnau, echando un vistazo exhaustivo a Míriam y asegurarse de que estaba bien.

—¡Claro cielo! —tarareó Xavi, divertido, recibiendo una fulminante mirada como respuesta a su inadecuado comentario, respondiéndole con una risilla burlona, y un gracioso guiño que lo enervó todavía más. ¡No le pareció nada gracioso que imitase a la chica! No le parecía nada divertido que ella continuase tratándolo como si continuase siendo suyo. Hoy, todo el mundo parecía buscar sacarlo de sus casillas.

 

 

 

Tuvieron que realizar varios descansos. Las altas temperaturas comenzaban a pasar factura.

—¿Y si mejor olvidamos lo de llegar hasta la cima? Estoy necesitando de un buen baño en el mar que me baje el exceso de grados en mi cuerpo, los cuales, podrían hacerme enfermar. ¡Cada poro de mi piel arde furiosamente! —protestó, con un tono de voz casi inexistente. ¡Era cierto! Empezaba a sentirse realmente enferma.

—¿Estás ardiendo? ¿Y cuándo no lo estás? —se mofó Xavi.

Arnau volvió a observarla con detenimiento intentando averiguar si de verdad deberían de abandonar la escalada. Si era cierto que ella estaría teniendo un golpe de calor. Su repentina palidez y ralentización a la hora de realizar sus movimientos se lo confirmó.



DenisBlue73

#9725 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 03.02.2019

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