Ascenso a ciegas

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12.

Esther se comportó durante el resto de la semana como aquella niña que se sentía como si todo el mundo conspirase contra ella. Y con respecto a Arnau, ella empezaba a rozar los límites de su paciencia, con sus desprecios y algunas órdenes innecesarias, buscando que desistiera y se largase. Además, Míriam continuaba pisándole los talones con el fin de llevárselo a la cama. En pleno golpe de calor, y con una notable deshidratación, lo que había empezado a arder en plena pasión, terminó por llevarlos hasta el hospital, colocándola bajo observación. Obviamente, no dejaría de intentarlo, aún encaprichada con él.

La chica había hecho varios intentos frustrados por provocar otro encuentro solitario. Arnau había hecho lo posible por evitarlo, metiendo en el mismo lote a Manel y a Xavi, haciendo las quedadas para tomar algo, o salir a la playa. Tuvieron que posponer los ascensos arriesgados, evitando tener otro sobresalto más. Y con tanta compañía, ella se sintió desatendida y enfadada.

Siendo así, y llegado el viernes, optó por pasar de quedar con ellos, tomando la siguiente opción de citarse con Rubén, al cual había ignorado durante el resto de días. Le agradaba tener opciones extras escondidas en su chistera. ¿Por qué tener uno, cuando podría disfrutar de más opciones que esa única? Y lo llamó, en vez de ir a su local. Buscaba evitar peleas por ir a deshoras. Y tampoco quería dejarse ver en público, por allí, flirteando con él. Sus manías eran urgentes. Le urgía complacerse.

—¿Sí? —formuló él, aún sabiendo de quién procedía la llamada. La desgana podía hacerse latente en su tono cansado de voz.

—¿Rubén? Soy Míriam. ¿Me echaste de menos?

Lo escuchó suspirar claramente al otro lado del auricular. Y eso significaba problemas.

—Mira… yo.

Las dudas confirmaron su peor intuición. Sin embargo, prosiguió, como si nada.

—¡Sí que lo hiciste! ¡Pero qué diablillo!

—Oye… lo que ocurrió fue un terrible error.

—¿Tal vez no lo disfrutaste? ¿No te gustó? ¿No te parecí buena para ti?—inquirió, airada—. Es más… ¡Sofía no te lo hubiera dado! ¡Ella te tiene abandonado! Tienes suerte de tenerme a mí, ahora. Siendo así, ¿de qué te quejas? ¿Y a qué llamas error? ¡No soy un maldito error! —protestó con energía, cabreada.

—¡Me dejé llevar! Y nos acostamos… no debí.

Ella hizo una larga pausa haciéndole saber de su terrible enfado.

—¿En serio? ¿Esa es tu opinión, sobre mí? ¿Te agradó aprovecharte? ¡Porque yo iba en serio!

—Hablé con Sofía. Volvemos a estar juntos. No puedo tenerte a ti como una segunda opción. Lo siento. Ella es a quien de verdad amo.

Míriam gruñó con ferocidad.

—¡Me dejaste una vez! Y me costó hacer cosas… cosas que… ¡Bah! Déjalo. Porque esto no quedará así. Volverás a mí. ¡Puedo asegurarlo! —espetó, concluyendo con la llamada.

La frase retumbó en la cabeza de Rubén. ¿Cuándo la había dejado por primera vez? ¿De qué estaba hablando? ¡Si no se conocían! Parecía enferma. Dolida, pero enferma… ¡mentalmente! Suerte que, con su aclaración, por lógica, lograría hacerla desaparecer de su vida. ¡Tenía que suceder de ese modo!

La llamada entrante de Sofía interrumpió sus pensamientos, y sonrió. Su amada había regresado a su corazón. Algo que ansiaba con todas sus fuerzas. ¡Fue un error traicionarla! No volvería a hacerlo más.

 

 

Arnau se notó cansado. Desganado… hastiado. No respondió a los mensajes, ni llamadas de una Míriam desquiciada. ¡Suficientes problemas tenía ya, notándose así de ahogado. Buscaba un espacio en calma donde poderse situar.

Además, Magdalena había continuado con sus intentos por hacer posible que él y su nieta hicieran migas. ¿Por qué no quería ver que ella lo odiaba de un modo cruel? ¿Sus desprecios no habían sido tan exagerados como para sacar su mal humor en demasiadas ocasiones? ¡Aquello había sido la gota que colmaba el vaso! Tal vez, todo el mundo tuviera razón. Tal vez, sería mejor olvidar el vivir unas vacaciones de excesos, pudiendo evitar trabajar más de lo normal. Agotarse innecesariamente. Tal vez debería de disfrutar de lo poco que quedaba del verano, en buena compañía, divirtiéndose, dentro de sus posibilidades.

—Definitivamente, voy a dejarlo —se murmuró, decidido.

E hizo la llamada.

—Hijo, ¿qué dices? Mira, siento que mi nieta se haya comportado de un modo tan borde y desconsiderado pero…

—Necesito descansar. Todo esto me bloquea. Y probablemente, el desear más de lo que tengo, me esté precipitando hacia el agotamiento físico y psicológico. Mejor será que haga una pausa. Por mi salud… Por mi bien.



DenisBlue73

#9833 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 03.02.2019

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