Ascenso a ciegas

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16.

Era media tarde y tras el beso, Arnau pensó que habría suficiente por hoy. El insistente interés de la chica le daba muy mala espina.

Y ella lo captó.

—Lo siento. Me excedí —murmuró, colocándose el cinturón, una vez colocada la toalla sobre el asiento para no mojarlo con su biquini. No tuvo tiempo a cambiarse de atuendo, con las prisas.

—Esto se nos va un poco de las manos —comentó Arnau, sin apartar la vista del frente—. Me tienes confuso.

—Creo que yo lo estoy también —reconoció ella—. Quizá si cenásemos juntos, y hablásemos largo y tendido sobre ello...

—¡Por hoy es suficiente! Además, mañana volveremos a vernos. Aunque mañana no querré hablar de esto. Te lo adelanto. No menciones nada al respecto.

—¡No soy tan estúpida! Son cosas personales que implican privacidad.

—Eso es… Por cierto, ¿continúas estando segura de que quieres hacerlo? —inquirió, intentando nuevamente que abandonase una idea tan arriesgada para ella.

—¡Que sí! Sí lo estoy.

Arnau soltó de golpe una larga bocanada de aire que parecía estar conteniendo con los nervios.

—Esto es una locura. No estás cualificada para hacerlo.

—¡Aprendo deprisa! ¿Recuerdas? ¡No es tan difícil! Estuve practicando en el un rocódromo. Y no, una sola vez. Además, apenas me queda tiempo para terminar de disfrutar de todo esto. Se me pasaron volando las vacaciones. Y tengo que hacer cuanto me queda pendiente, en un breve espacio de tiempo. ¡Demasiadas cosas se quedaron en el aire, por hacer…!

—Esa no es la escusa perfecta para hacer una estupidez de este nivel.

Sonrió nerviosa. Más aterrada que ella lo estaba, no lo podía estar él.

—¡Tranquilo! No pasará nada. Por favor… ¡Pero qué pesimista que eres!

—Solo soy precavido… Y sensato.

—Siendo así, relájate y disfruta. Una taquicardia causada por una crisis peligrosa de ansiedad podría acarrearte serios problemas.

—Habló de nuevo la doctora… Ahora entiendo por qué tu abuela prefiere tenerte lejos. ¡Eres muy cansina!

—¡Y tú un mentecato!¡ Deberías de cuidarte más! ¡Y lo que hago es velar por la salud de los demás, atontado! Ese es mi trabajo.

—¡No veles por la mía! Sé cuidarme perfectamente bien.

—Pues no lo parece —murmuró ella, entre dientes—. Chicos... —susurró, cruzándose de brazos; poniendo cara de pocos amigos.

Detuvo su vehículo delante mismo del portal del edificio de la chica.

—Hasta mañana… a las seis y media. Cuanto antes nos plantemos allá, antes empezaremos, y terminaremos. El sol empieza a calentar demasiado temprano.

—Un madrugón…

—Puedes echarte atrás —insistió.

—¡Ni de coña! —espetó molesta mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad, cansada de que se lo repitiera incansables veces, con unas ganas inmensas de salir escapada del vehículo. Ahora era ella quien quería huir y dejarlo con la palabra en la boca. Dejar de ver aquella cara de muermo que se le ponía cuando se cabreaba. Eso fue lo que su niña interior pensó, burlona—. Duerme a pierna suelta y tranquilo, que seré puntual —largó, con mala leche.

—Ojalá te lo pensaras mejor y terminaras por decir que no.

—¡Y dale! —bisbiseó arrugando la nariz, con su paciencia ya perdida.

Y en cuanto cerró la puerta de golpe, el coche salió quemando rueda. Dejando el dibujo de las cuatro sobre el asfalto. Él también prefería perderla de vista. La consideraba molesta, desafiante, aburrida, y tremendamente insoportable, para su gusto. En un principio, porque le estuvo complicando la vida, y ahora, porque continuaba con el mismo patrón de ponerle las cosas lo más enrevesadas posible. Además de ser la nieta de su jefa. Alguien que debería de ocupar la lista de «mírame y no me toques». Por fuera se había vuelto repentinamente una hermanita de la caridad. Pero por dentro estaba seguro de que el diablillo que se manifestó en un principio, pronto volvería a dar la cara, nuevamente. No pensaba bajar la guardia, por si acaso.

La llamada de Xavi lo sacó de sus cavilaciones. Podía escuchar claramente a Manel, de fondo.

—¿Te hace una salida de tíos? Una cena, y luego unas copas… ¿Qué me dices?

¡Un cambio de aires! ¡Eso sí que estaría genial! Algo que pudiera arrancarle de su cabeza los demonios que ahora danzaban a su salud, y a favor de su locura, dentro de ella.

—Mandadme la dirección por Google Maps, y la hora, y allí estaré.

No quería entretenerse demasiado preguntando. Mejor, hacerlo así de rápido.

—En cuanto cuelgue, la mando.



DenisBlue73

#9799 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 03.02.2019

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