Ascenso a ciegas

Tamaño de fuente: - +

3.

—¡Abu!

—¡Mi niña!

Ambas se dieron un apretado abrazo demostrando cuánto se habían echado de menos. Estuvieron durante un par de minutos resistiéndose en soltar la una a la otra. Y por fin, Esther decidió apartar un poco a Magdalena y observar con más detenimiento, su aspecto, aunque sin soltarla de los hombros.

—¡Abuela! ¡Estás estupenda!

La anciana frunció los labios, buscando mostrar seriedad en su respuesta.

—¡Ya os adelanté por teléfono que me encuentro perfectamente bien! ¡Pero como sois unos desconfiados…!

—¡Pero abu…! —Fue a contradecir su comentario y desvió la mirada hacia el muchacho que esperaba detrás de ella, paciente.

—¿Él es el ocupa, abuela? —formuló, con un tono de desprecio.

—¡No soy un ocupa! —se defendió él enseguida.

—Cielo, él es Arnau. El chico del que te hable. —Fue en su busca invitándolo a que se adelantara para hacer formal la presentación—. Esta es mi nieta de la que te hablé —le comentó a él—. Mi nieta Esther. La doctora más guapa de su promoción.

—¿Una «matasanos»?

Su crítica la indignó.

—¿A quién estás llamando «matasanos»? ¿Debo recordarte que, de no existir nosotros, el mundo sería un desastre?

—¿Desastre? —Simuló un escalofrío—; ¡para terminar en la consulta de un doctor tengo que estar muriéndome! No me gustan ni las agujas, ni nada por el estilo —explicó, junto a un gesto de repulsa.

—¡Por favor, muchachos! ¿Podrías destilar un poquitín de paz? ¡Parece que estemos en la guerra! Y aquí, nadie es el enemigo —los regañó la anciana.

Arnau mostró su mano esperando que ella se la estrechara. Esther se lo pensó un poco. Miró a su abuela y luego, después de resoplar como un caballo desbocado, la obedeció. A la vez, le hizo una advertencia mediante un susurro.

—¡Cuida muy bien a mi abuela! La precio muchísimo, y si no lo haces, te las verás conmigo. Y te advierto que soy un adversario muy, muy duro.

—¿Es una amenaza?

—¡Es una clara advertencia!

—¡Chicos! ¿Nos vamos? No es que me apetezca pasar toda la mañana en el aeropuerto. Hay un montón de cosas pendientes por hacer.

—Sí. Será lo mejor —sentenció él, observando por el rabillo del ojo a su dura rival. Esther fue a cargar con sus maletas, nuevamente, y Arnau la detuvo—. Deja que las lleve yo.

—Siempre que no pierdas ninguna.

—Mujer de poca fe —gruñó entre dientes, frunciendo peligrosamente el ceño.

Empezaron a andar y Magdalena no pudo resistirse a un interrogatorio. Quería saber más cosas de su nieta preferida. Pero antes, ya que habían llegado hasta el coche de Arnau, colocaron todo en el maletero. Este le abrió la puerta a la anciana cortésmente para que entrara, y luego hizo lo mismo con su nieta. Ella le dedicó una mirada avinagrada como si no estuviera conforme con tanta adulación. Desconfiando plenamente en él. Aunque no dijo nada. Simplemente se deslizó dentro del vehículo, colocándose enseguida el cinturón. Aquel tipo tenía pinta de gustarle el pisar a fondo el acelerador. Además de que las normas de tráfico obligan a llevarlo colocado para prevenir.

 

 

 

—¿Qué tal tu trabajo?

—Estoy supliendo alguna que otra baja. Aunque lo que realmente voy necesitando es la estabilidad en mi trabajo. Uno que me dure mucho tiempo, sería lo mejor.

—En eso te doy la razón, preciosa. ¿Y tu novio? ¿Cuándo piensas traerlo hasta aquí, y presentármelo?

La muchacha se detuvo para encararse a ella.

—¿Novio? ¡No tengo tiempo para tener pareja! Lo primero será mi estabilidad laboral. Y ya, más adelante, probablemente considere tener una familia.

—¿Qué dices? ¡Las mujeres necesitamos ser queridas. ¿Cómo es que tú no lo necesitas?

—Porque a veces, un hombre es igual a un problema y una sarta de quejas. —Escuchó reír a Arnau y eso la molestó—. ¿No lo consideras así? ¡Siempre pidiendo! Siempre dependiendo de nosotras, como si fuésemos vuestras esclavas —se quejó.

—¡No todos somos iguales!

—¡No! ¡Claro que no! —protestó entre dientes, echando un vistazo hacia atrás.

—¡Vamos cielo! Arnau es un amor. Es como el nieto varón que nunca tuve.

Eso la espantó.

—¿Nieto? ¿Un intruso? ¿En qué demonios estás pensando, abuela?

—¡Lo digo en sentido figurado, hija! Por Dios, nunca dejas de estar a la defensiva.



DenisBlue73

#9722 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 03.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar