Ascenso a ciegas

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4.

Una visita al rocódromo le daría un cambio de aliciente a una semana que terminó una pizca complicada, con aquella mujer poniéndole aún más difícil la tarea de cuidar de la anciana. ¡Era perfeccionista, insoportable, irritante…! ¿Por qué se empeñaba en colocarlo al borde de un ataque de nervios y que renunciase a su trabajo? ¿Era lo que ansiaba? ¡Desde luego, no le daría ese gusto! Una visita a la que le acompañaron sus amigos. Todavía no probaron los circuitos del local. De hecho, no conocían siquiera el lugar, ni a Rubén, un buen amigo de Arnau desde el instituto. Este, se alegró nada más verlo desde la distancia, de camino hacia él.

—¡Joder tío! ¡Pensé que ya te habrías olvidado de mí! ¿Acaso se te tragó la tierra?

—Ya me conoces… Siempre ando ocupado.

—Ya veo. —Echó un ojo a su grupo de amigos que se habían quedado rezagados para darles algo de privacidad—. ¿Es tu nuevo grupo de travesuras? —Cuando mencionó la palabra «travesuras» hizo reír a Arnau que sabía perfectamente a qué se estaba refiriendo.

—¡Exacto! Te los presentaré.

Hubo unas presentaciones formales y en cuanto tuvo la ocasión, Míriam se acercó en último lugar con cierto apetito, y no era el de la comida.

—¡Vale! Esto es increíblemente… —Fue a decir una ordinariez. Sin embargo, y ante el gesto de prohibición de Arnau, rectificó, desviando la mirada hacia las paredes verticales llenas de obstáculos interesantes que se repartían por todo el local—; … increíblemente chulo.

—Me alegro de que os guste —comentó Rubén, en general, buscando esquivarla. ¡Alerta! ¡Cazadora sin escrúpulos! No era precisamente complicaciones lo que él estaba buscando, a pesar de darse mucha cuenta de que ella lo observaba con ese puntito de deseo que le causaba escalofríos, y no precisamente de esos tan buenos que te invitan a «picar»—. Por cierto, tío, tienes que ver mi nuevo juguetito.

—¡Ya me tienes ansioso por verlo! —exclamó él, en seguida, emocionado, buscando con la mirada lo que su amigo estaba mencionando. ¡Y allí estaba después de dar unos pasos más! Una pared vertical con salientes complicados y algunos enganches en la zona del techo, que simulaba una pared montañosa de lo más sugerente—. ¡Quiero probarlo ya! —exclamó, observando aquello con un exceso de emoción.

Rubén avisó a uno de sus ayudantes que trajo un equipo de escalada para su amigo, y para cada uno de los componentes de su grupo. Míriam se empeñó en que se lo colocase él. Se negó en rotundo a que se lo colocase el otro chico que seguía a la espera de si su jefe necesitase algo. Lo cierto era que ella misma podría colocárselo incluso con los ojos cerrados. Pero claramente era una declaración de guerra, y un deseo de desencadenar celos en Arnau y que le hiciese caso. Y este tuvo que aceptar.

—¡Caray chaval! Tu novia debe de estar encantada contigo. Menudas manos —susurró ella, a un volumen audible, observando de reojo a su ex novio.

Rubén no dijo nada. Solamente la dedicó una mirada ácida, dándose prisa por acabar y alejarse cuanto antes de ella. Era peligrosa. ¡Demasiado! Y su corazón ya pertenecía alguien.

Arnau ni siquiera se dio cuenta de todo esto, ya que estaba empezando a ascender por aquel interesante circuito, junto a Manel y a Xavi.

Míriam ascendió con un ritmo rápido, llegando a alcanzar a Arnau que iba en cabeza. Grácil, silenciosa y eficaz, cual fiera salvaje en medio de la jungla a la espera de alcanzar y dar caza a su cena, fue acortando espacio entre ella y su pieza.

Y Arnau, esta vez, sí se dio cuenta de ello, echando un vistazo hacia aquella sensual mujer que, incluso en aquella posición obligada y extraña, resultaba exuberante, e incluso peligrosamente atractiva. Ya había dicho que no. Y tenía que obligarse a que no le resultase apetecible. Que no fuese todavía un motivo para atraerlo hacia ella y caer, como un bobo, nuevamente en sus redes.

—¿Te está gustando lo que ves? —formuló ella en cuanto lo descubrió, observándola.

—¡Pero qué dices! Solo me aseguro de que mi equipo no tiene problemas. Como de costumbre —explicó, quitando importancia al asunto.

Míriam esbozó una perversa sonrisa que lo hizo abandonar. Estaba jugando con él, como solía hacer. Y ya la había puesto sobre aviso de que no jugase más a eso.

Arnau continuó con la escalada, no tardando en alcanzar los salientes y rebasarlos. Su amigo lo esperaba abajo a la espera de escuchar algún tipo de opinión. Y en cuanto alcanzó la cima, se la dio, a pleno pulmón.

—¡Joder! ¡Esto es la caña!

—¿Te gusta? —preguntó Rubén, desde allá abajo.

—¡Demasiado! Es muy similar a una de esas paredes cabronas que te ponen en vilo.

—¡Sabía que te encantaría! —gritó aquel, mostrando una torcida risilla victoriosa. Había logrado impresionar a su amigo. Y para impresionar a Arnau, ya tenía que ser algo meramente sugestivo y sobre todo, peligroso. Y el circuito tenía esa pizca de picardía y riesgo, aunque continuase sin el verdadero y emocionante riesgo de caer a un vacío donde ni siquiera encontrasen parte del esqueleto, si este se hiciese añicos contra el suelo.



DenisBlue73

#9796 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 03.02.2019

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