Ascenso a ciegas

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7.

Lo estaban esperando. El local estaba concurrido. Decorado en colores alegres a juego con unos vistosos murales, en contraste con el color más claro del suelo y el techo, y unas pinceladas de negro en el mobiliario. El personal que trabajaba allí adentro se movía con una sublime rapidez, tratando de abastecer eficazmente a sus clientes sin hacerles esperar demasiado. El lugar olía divinamente a comida recién hecha, con una combinación de aceite mezclado con aromas casi imposibles de adivinar, pero igualmente apetecibles que provenían de la cocina... y a café. Míriam fue la primera en recibirle. Para ser exactos, se lanzó en su busca hasta alcanzarlo y guiarlo a una marcha lenta hacia la mesa en donde les esperaban el resto. ¿Por qué no seguir intentándolo? Ahora que existía aquella mujer de por medio, por intocable que su nombre sonase, bien podría ella misma colocarse en ese primer lugar. ¡No iba a dejarla ganar! Además, pensó que siendo ella su ex, tendría más boletos para ganar, que aquella desconocida. ¡Él, ya se le había escapado una vez! ¡Ya habían sido varios hombres los que había perdido por el camino! Y no se permitiría ni una derrota más. Aunque tuviera que ser drástica, al respecto. ¡No se permitiría tener ni un fallo más!

—¡Hola cariño! —lo saludó entre adulaciones, nada más llegar hasta donde Arnau se encontraba.

—¡No estoy de humor para nada! Y no me llames así —la advirtió, tratando de ponerla en su lugar.

—En serio… ¡Quiero intentarlo una vez más! ¡Sé que podríamos volver juntos! ¡Hasta me portaría mejor con tu amigo del rocódromo, dejando a un lado mi insolencia!

—¿Insolencia? Trataste de ligártelo delante de mis narices. Al menos ten un poco de respeto… por ambos.

—Resulta que tu amigo es muy mono. Y que lo único que pretendía era ponerte celoso —canturreó, anclándose a su nuca, dispuesta a besarlo.

Él la rechazó de inmediato.

—Lo dejé muy claro, Míriam. Solo podemos ser amigos. O lo respetas, o incluso, ni eso. Fin de la discusión.

—¡Ah! ¡Mira qué bonito! Al enemigo, ni agua. —Arnau clavó su mirada en ella con furia. Su ocurrencia no había sonado nada graciosa. Ella tampoco es que estuviera conforme con sus reglas. Lógicamente, no dejaría que aquello se quedase así.

En silencio, empezaron a caminar hacia la mesa para encontrarse con el resto, que los esperaban ya con impaciencia.

—¡Media hora para llegar hasta aquí! ¿Queríais luciros como si fuerais modelos de pasarela, o algo así, delante de tanto público? —protestó Manel.

—¡Déjalos! Estaba haciendo las paces —explicó Xavi, divertido—. Pero Arnau le dedicó una mirada ácida que lo hizo levantar los brazos, a la defensiva, y borrar la risilla de sus labios.

Fueron veloces a la hora de pedir lo que querían. Y luego, trataron de ser pacientes y aguardar a que la camarera regresase con todo aquello que le habían recitado, con las papilas gustativas salivando, y que aquella mujer joven, morena y tan alta y delgada que más bien parecía una bailarina que necesitase un empleo a tiempo parcial para pagarse las clases, había apuntado al dedillo.

Xavi volvió a la carga cuando ella se marchó.

—Por cierto… con la pija, fatal, ¿no? —preguntó Xavi, meditabundo—. Poco durasteis esta mañana.

—¡Es una mujer dura de roer! Juro que me enerva hasta un punto crítico —confesó disgustado—. Desde que vino a visitar a su abuela, que mi vida se está volviendo un infierno. Mi empleo estival está a punto de largarse por el retrete.

—¡Quítala de en medio! ¡Y ya!

Arnau torció los labios, pasmado.

—¿Eso piensas? ¿Que podría hacerla desaparecer con un simple chasquido de dedos? —le reprochó a la chica, en un tono crítico.

—¡Podrías!

Arnau negó levemente con la cabeza.

—¡No Míriam! ¡Imposible! Si quiero tener contenta a Magdalena, su nieta va a conjunto. Si disgusto a la niñita, tendré un pie en la puñetera calle.

—¿Quieres que hable con ella? No me costaría nada, te lo aseguro.

Él arrugó el ceño, tan sorprendido, como preocupado. Conocía demasiado a aquella mujer y no era precisamente de las que fueran a buenas desde un primer instante.

—Mejor no… O empeorarás mucho más las cosas.

—Dale otra oportunidad. Llámala disculpándote, y pide otra cita —sugirió Manel.

Arnau volvió a negar con la cabeza, contrariado.

—Mi estómago ruge demasiado y será mejor que lo contente. Seguramente, pensaré mucho mejor si lo lleno, que teniéndolo tan vacío —argumentó, huyendo de continuar con aquella incómoda conversación.

—De todas formas, de ponerse tontorrona, déjamela a mí —insistió Míriam—. ¡Verás como se le pasa la tontería en seco!



DenisBlue73

#9713 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 03.02.2019

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