Ascenso a ciegas

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8.

El ascenso fue un éxito. Cuando consiguieron coronar la cima, Arnau lo comparó con un buen y potente orgasmo. Conseguir alcanzarla, había logrado tener un efecto excitante en él. Aquella cara de la montaña no había dejado de darles problemas, teniendo de abandonar el ascenso en varias ocasiones, complicándose la situación. ¡No les resultó nada fácil! Pero lo consiguieron. Un triunfo más que apuntarían a otros tantos conseguidos hasta día de hoy. A pesar de que no todo se le diera tan bien como aquello. Con Esther, probablemente no alcanzaría esa misma suerte. Él era un intruso en su vida y en la de su abuela, y punto. No había nada más que se pudiera discutir, ni que se le pudiese perdonar. Aquella mujer sabía lo que deseaba hacer, y lo conseguiría a toda costa.

—¡Qué vistas más bonitas! —exclamó Míriam, alcanzando con su mirada la línea del horizonte—. Mereció la pena hacer este gran esfuerzo.

—¡Ya lo creo! —Arnau le dio la razón.

Una breve pausa los llevó al mismo punto de inicio en el que aquella mujer lo quería colocar.

—¿Te das cuenta cómo los esfuerzos más acertados terminan por merecer la pena? —expresó, junto a un suspiro que salió entrecortado junto al jadeo de su cansancio. Claramente se refería a que estaba tremendamente empecinada en volver a poseerlo.

Arnau fue a criticarla. Sin embargo, Manel los interrumpió.

—Chicos, el descenso será igualmente largo. Aconsejo que hagáis unas cuantas fotografías rápidas, nos recuperemos un poco e hidratemos, y regresemos abajo cuanto antes. Pronto anochecerá. Y no querré estar aquí arriba cuando oscurezca.

—¿Para qué correr tanto? Al fin y al cabo, eso será lo más emocionante: un descenso mucho más peliagudo le dará ese puntillo de excitación al asunto —intervino Xavi, visiblemente eufórico.

—No me apetece abrirme la cabeza contra cualquier saliente que no detecte. Haz tú lo que quieras.

—¡De verdad que sois unos cobardes en potencia! —Los criticó Míriam—. ¡A ver si soy la única con la valentía ceñida a mi decisión, por aquí!

—¡Haz lo que quieras tú también! Por mis huevos que no me haréis pasar por el aro —les criticó duramente Xavi.

Arnau no pudo evitar reír. En el fondo, la seguridad era la regla más sensata en este tipo de deporte o distracción. Y su amigo era quien tenía más que razón. El riesgo terminaría por producir cualquier indeseado accidente.

—Será mejor que bajemos —dijo él, dando la razón a su amigo y logrando que Manel, y la única mujer del grupo, pusieran los ojos en blanco.

—¡Miedicas! —masculló Míriam, molesta.

 

 

 

Tardaron un buen rato en llegar a suelo firme. Y cuando lo lograron, el teléfono de Arnau sonó impaciente.

—Me debes una comida... —apostilló una voz femenina—, o cena… o como demonios quieras llamarle.

—¿Cómo? ¿Qué diantr…? —Echó un rápido vistazo a la pantalla y dejó salir un gruñido seco—. ¿Qué tal, Esther? —murmuró desganado cuando logró poner nombre a aquella voz. Observó cómo Míriam arrugó la nariz cabreada. Aquella condenada mujer insistía en poner sus manazas sobre su mayor deseo—. ¿Ya le fuiste con el chisme a tu abuela para que me despidiera?

—Mi… abuela tuvo una intensa charla conmigo. Parece que le caes demasiado bien como para escuchar mis súplicas. Me temo que llevo todas las de perder —espetó furiosa. A continuación la escuchó proferir por lo bajo una sarta de improperios y saboreó la victoria.

—¡De perlas! Un punto para mí y…, ¿ninguno para ti? —canturreó, victorioso.

—¡No cantes victoria! No todos los días alguien consigue hacerme cambiar de parecer. Por lo tanto, deja de tentar a la suerte —le advirtió, airada.

—Está bien… si no hay más remedio… —Recordó que aún le quedaba ayudar a sus amigos y compañeros de equipo a llevar parte del equipo en su maletero, y guardar parte del mismo, en su casa. Y que aún quedaban unos cuantos kilómetros por devorar, cosa que quitaría parte de tiempo a una cuenta atrás que acabó por ser demasiado apretada.

—Cenar… hum; creo que podré sacar algo de tiempo para ti, quizá. No sé… ¡No soy de esos a los que se le pueda hacer cambiar de parecer con facilidad! —se burló, intentando no reírse, buscando que pareciera una amenaza similar a la que ella mencionó. Más, como una evasiva en tono socarrón, que como una amenaza igual de seria que la suya—. De todos modos, ya sabrás que soy un tipo impresentable e irresponsable que probablemente te vaya a dar plantón —criticó ácidamente, realizando una fea crítica a sus equivocadas opiniones hacia él, desde que supo de su existencia.



DenisBlue73

#9801 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, suspenso

Editado: 03.02.2019

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