Astrid: La Búsqueda

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Capítulo V: Esna

Un fuerte pisotón azotó el pecho de Astrid y cortó su respiración por unos instantes. Lágrimas de dolor brotaron de sus ojos y su vista se nubló nuevamente. Apenas podía distinguir la silueta que estaba agrediéndola, provocando que su ritmo cardiaco se acelerase y su respiración se dificultara por la tensión y la adrenalina que llenaban su cuerpo. Su garganta de apretó como consecuencia, impidiéndole pronunciar palabra alguna.

— ¡Esperaba que cazar una bruja fuera más difícil! ¡Pero al parecer hoy es mi día de suerte! —gritó el hombre, para luego reír cruelmente y volver a presionar el pecho de Astrid con su pie—. Los borrachos que interrogué anoche eran bastante fuertes, me sorprende que una enclenque como tú pudiera darles aquella paliza. Quizás solo eran unos ebrios charlatanes… Bueno, nunca lo sabremos porque yo, el gran Prieto, ya los mandé al otro mundo.

Al ver que Astrid intentaba ponerse de pie, Prieto dio un fuerte puntapié en su abdomen, provocando que la muchacha tosiese para recuperar el aliento, mientras que el dolor del golpe hacia que las lágrimas rodaran por sus mejillas. El hombre blandió su espada para darle muerte, pero Astrid reaccionó instintivamente y lanzó un puñado de tierra directamente al rostro del hombre, que lo cegó y frenó su ataque en seco.

Astrid se puso de pie y comenzó a correr tan rápido como sus pies le permitieron, sin embargo, al poco correr, cayó violentamente al suelo con un gran dolor en su pierna. Un grito desgarrador resonó en el bosque, el cual espantó a las aves que se posaban tranquilamente en los árboles aledaños. Astrid vio con horror que un virote estaba clavado su pantorrilla derecha, causando un sangrado profuso. Aterrada, intentó seguir huyendo a gatas, ya que Prieto se acercaba furioso hacia ella con una ballesta en sus manos.

— ¡No estaba preparado para algo así, maldita perra! —gritó el hombre, para luego pisotear la nuca de Astrid, aporreando su rostro contra el suelo—. Será mejor que te mate de una buena vez. No quiero que alguien sepa que caí en un truco tan barato y menos en manos de una bruja.

El hombre terminó de cargar la munición de su ballesta y la acercó hacia la espalda de la muchacha, para no fallar un tiro certero al corazón. El cuerpo de Astrid se llenó de angustia, terror y desesperación, puesto que su corta aventura no tendría el desenlace que ella deseaba, mientras sus ojos no dejaban de derramar lágrimas de dolor e impotencia.

— Hasta nunca, bruja, tu cuerpo será mi chance de ser uno más en la élite de la Cruzada Divina… —exclamó Pietro antes de jalar el gatillo. Astrid, en un esfuerzo desesperado, levantó la cabeza del suelo, junto al pie de Pietro, y gritó a todo pulmón.

— ¡¡Fjola…!!

Tras ello, la muchacha se desmayó.

* * *

Astrid escuchó murmullos llamándola, como si estuvieran pidiendo ayuda, pero no logró ver nada, porque solo oscuridad rodeaba su visión. Un rostro pálido apareció sorpresivamente sobre el suyo, provocando que diese un grito de pánico.

La muchacha despertó de su pesadilla bajo un techo de madera, para nada familiar, mientras la luz de luna iluminaba la habitación en la que se encontraba. Sentía su cuerpo aporreado. En un instante llegaron a su mente los últimos recuerdos de lo que había vivido antes de caer inconsciente, lo que la sobresaltó y llenó de angustia.

Astrid se sentó con mucho esfuerzo en el borde de la cama y se dispuso a salir de aquel lugar, pero un dolor desgarrador le recordó que su pierna derecha no estaba en condiciones para caminar y se lamentó en voz alta.

— ¿Astrid? —escuchó Astrid desde fuera de su habitación; era una voz familiar que la hizo respingar.

De inmediato, la puerta de la habitación se abrió y una vela se acercó hacia donde ella estaba. Una silueta familiar hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas.

— ¡Fjola! —exclamó Astrid, mientras una dulce sonrisa se dibujaba en su rostro, al ver a su amiga nuevamente.

— Pensé que no volverías a despertar luego de todo lo que sucedió… —respondió Fjola con una voz a punto de quebrarse. Luego, dejó la vela en un velador que estaba al costado de la cama de Astrid y se sentó junto a ella.

Tras un momento de silencio, Astrid se lanzó a los brazos de Fjola y rompió en un llanto lleno de impotencia, mientras su amiga acariciaba su cabeza para reconfortarla y consolarla.

— Tuve tanto miedo… —sollozó Astrid.

El llanto de Astrid trajo a Fjola amargos recuerdos de la primera noche que vivió sola, luego de escapar de la casa de su padre. La luna llena era igual a la que iluminaba en ese momento la habitación, evocando sentimientos encontrados en ella.



Katsuru

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En el texto hay: busqueda, brujas, magia

Editado: 02.01.2020

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