Atenea.

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Capítulo 19

Aidan

 

Es de madrugada, Bryan ha llamado para decirme que hubo un problema en la salida del club en donde se encontraba mi hija con su casi novio, ahora vienen de camino, no he querido que Dante regresara a su hotel es mejor que pase los días que le resten en Newcastle en mi casa, en donde pueda tenerlo cerca y hacerme una idea clara de lo que este hombre siente por Atenea, su mirada me ha dejado claro que la desea, pero eso no basta, quiero que este enamorado de mi hija y sea capaz de cuidarla y protegerla, quiero que ella viva un amor de verdad, un amor de esos que yo no pude tener.

 

Sonrío al ver a mi hija salir del auto tomada de la mano de Dante, no sé porque pero este hombre me inspira confianza, veo bien a mi hija a su lado, me alegra que ella se haya dado una oportunidad con él, no la había visto sonreír así desde que se fue a Barcelona, mi hija ha cambiado mucho en los últimos años, ya no veo más a la niña consentida que una vez fue, ahora es una mujer fuerte, ha aprendido a valorarse por ser quien es y no por lo que tiene, eso me complace mucho, soy un padre muy orgulloso de todos sus hijos, a todos los quiero por igual, no importa que Atenea no sea mi hija biológica, para mí es, ha sido y siempre será mi hija, yo soy su padre desde el momento en que ella siendo una bebé me miró con sus enormes ojos verdes tan parecidos a los de su madre, fue un amor a primera vista, ese amor de padre e hija fue haciéndose cada vez más grande, fue a mí a quien dijo papá por primera vez, he sido yo quien cuidó de ella cuándo estuvo enferma, he sido yo su cómplice para ciertas travesuras y he sido yo quien la ha apoyado en todo momento, por verla feliz todo ha valido la pena, aunque se me negó el amor de su madre, he tenido el amor de mis hijos y eso me ha hecho feliz.

¡Cómo pasa el tiempo!... hace más de 25 años que mi vida cambió por completo, y mi felicidad me fue arrebatada por la persona en quien yo confiaba ciegamente, nunca olvidaré el día en que Astrid confesó estar enamorada de mi mejor amigo, así como tampoco olvidaré el día en que con todo el desprecio del mundo él me dijo que solo la enamoró para demostrarme que no siempre iba a lograr todo lo que me proponía, jamás creí que me odiara y mucho menos que me envidiara, lo había compartido todo con él, él lo sabía todo de mí y aprovechó eso para hacerme daño y vaya que lo hizo.

 

Cuando Astrid y él se fugaron me volví loco, los busqué por todos lados sin éxito alguno, pero finalmente desistí, no tenía sentido ir tras de una mujer que no sentía lo mismo por mí, pasaron los meses y no volvimos a saber nada de ellos, los padres de Astrid estaban desesperados por encontrarla, pero parecía que se la hubiese tragado la tierra y que no volveríamos a tener noticias suyas, hasta que un buen día recibí una llamada que movió mi mundo nuevamente, el que una vez fue mi mejor amigo llamó pidiéndome que fuera por ella.

Según él, no la amaba y ya se había hartado de ella, no quería cargar con ella y mucho menos con el bebé que estaba esperando, lo maldije por ser tan cobarde, por querer abandonarla, incluso le ofrecí dinero para que no la dejara y no le rompiera el corazón, nada de eso sirvió, él ya había tomado una decisión y según sus palabras lo mejor que podía hacer era dejarla a mi cargo si yo aún la quería en mi vida, no podía negarme, a pesar de todo yo seguía amándola y ni siquiera me importaba que estuviera embarazada de ese poco hombre.

 

Nos pusimos de acuerdo para encontrarnos y que ella regresara conmigo, sin embargo el no perdió su oportunidad de sacar ventaja de la situación y me pidió dinero, yo accedí a dárselo con tal de que desapareciera de nuestras vidas.

 

Los encontré en Candelario, un pueblito español que no pude detenerme ni a mirar porque eran otras mis preocupaciones.

 

Dame el dinero y llévatela, puedes esperar por ella, ha salido de compras y seguro no tarda en llegar ­ el que una vez fuera mi amigo llevaba una mochila al hombro, era claro que solo quería el dinero y en cuanto lo tuviera en sus manos se iría sin mirar atrás.

¿Estás seguro de lo que haces? tenía que asegurarme de si eso era lo que realmente quería.

Segurísimo, al inicio era entretenido estar con ella y disfrutar de lo que me podía ofrecer, poco a poco me empecé a aburrir y con el embarazo esa mujer me ha hartado por completo.

¿No podías haberte cobrado tu odio hacia mi sin hacerle daño a ella?

En realidad no, sabía que la amabas y por eso lo hice, era la única manera de hacerte daño.



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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