Atenea.

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Capítulo 24

Astrid

 

Siento que estoy perdiendo a mi hija poco a poco, sé que anoche se fue con ese tipo, y seguramente pasaron la noche en la misma habitación y la misma cama, tal vez no debí hacer tan evidente la antipatía que siento hacia Dante, pero hay algo en ese hombre que me recuerda mucho al padre de Atenea, a su verdadero padre... y eso es algo que me desconcierta y molesta a partes iguales, simplemente no quiero a ese hombre rondando ni a mis hijos, ni mi casa.

 

Es absurdo rechazar a alguien por el simple hecho de recordarme al hombre que una vez ame, al hombre que lloré al creer muerto y el hombre que me vendió con su hija en mi vientre...

Pues sí, lo sé todo... Sé que Aidan no es ningún monstruo, sé que ese hombre me ha amado de todas las formas en que un hombre puede amar a una mujer.

 

Y yo... yo he sido mezquina, orgullosa y solo le he hecho daño, con mis acciones, con mis palabras, con mi rechazo, pero en el fondo siempre me dio vergüenza admitir ante el que sabía la verdad, no quería admitir mi estupidez, porque fui una estúpida al dejarme embaucar por el mejor amigo de Aidan, ese hombre solo me utilizó, pero ha sido mucho más fácil callar durante todos estos años, si no hubiera permanecido encerrada en mi orgullo podría haber aceptado el amor de Aidan y habríamos sido una familia de verdad, pero fui yo la que nunca dejo que eso fuera posible, ahora sé que él puede morir, y me duele que sea así, me duele no haber podido amar a ese hombre maravilloso que sé que es, me duele no haber sido más valiente y admitir mis errores, y duele mucho más el hecho de haberlo herido tanto con mis palabras cuando me anunció su enfermedad, ya que ese instante es el causante de mi infelicidad actual, porque mi hija lo escuchó todo, y cree con justa razón que soy una mala persona.

 

Mi hija me ha acusado de amargada, me ha dicho que la deje ser feliz, y quiero que sea feliz, y a pesar de que su verdadero padre fue un desgraciado, no considero que ella sea un error, cuando la concebimos al menos yo lo hice con todo el amor del mundo y quiero que ella tenga un amor de verdad, no un amor loco de esos que duran un suspiro, quiero que ella sea todo lo feliz que yo no pude ser por culpa de mi orgullo, pero sé que con Dante no lo será y hare lo posible para lograr que ella abra los ojos y saque a ese hombre de su vida y encuentre a alguien que la merezca.

 

Atenea

 

El sábado con Dante fue de maravilla, después de desayunar me entregó una pequeña maleta con ropa que Bryan me trajo de casa, una vez vestida y arreglada pudimos salir y dar una vuelta por la ciudad, aprovechamos para visitar lugares que no pudimos ver la última vez, y entre besos, abrazos, caricias y palabras cariñosas se nos fue el día sin sentirlo, ya casi era de noche cuando decidí llamar a mi padre para decirle que regresaba a casa por la noche, además quería hablar con él para tratar de convencerlo de seguir el tratamiento.

 

Habíamos hablado de eso con Dante, él sabe lo importante que es mi padre para mí, por lo mismo ha apoyado mi idea de convencer a papá de seguir un tratamiento para su cáncer de páncreas, solo espero que cuando hablemos no ponga muchas trabas y acceda, esa era mi idea desde que supe que estaba enfermo, solo que después de la noche en que escuché a hurtadillas esa desagradable conversación con mi madre lo dejé pasar, pero yo no quiero dejarlo morir, mi padre merece ser feliz, podría divorciarse y quizá conocer a alguien que lo ame de verdad, si mi madre nunca pudo ver lo maravilloso que él es, seguramente alguien más lo hará, mis hermanos y yo podríamos vivir con eso, pero no con el sentimiento de pérdida, nuestros padres son muy importantes para nosotros, y es preferible tenerlos aunque sea separados a no tener vivo a uno de ellos, es verdad que en estos momentos mi madre no es mi persona favorita del planeta, pero no por eso deja de ser mi madre, la quiero, lo que se ha ido es ese sentimiento de admiración que tenía por ella.

 

Dante me acompaña hasta la puerta y me despide con un beso, prefiere regresar a su hotel, ni siquiera le pido que entre, no quiero que volvamos a pasar por ningún momento incomodo más, él ha venido de muy lejos solo por mí y no es justo que reciba un trato tan malo por parte de mi madre, a la que apenas entrar veo plantada al pie de las escaleras mirándome de una manera extraña, pero como no me apetece seguir discutiendo paso de largo y voy directa al estudio de mi padre sin siquiera saludarla.

 

Entro sin tocar la puerta, simplemente la abro y asomo mi cabeza, y veo la imagen que he visto durante años y de la que no quiero desprenderme nunca, y es la de mi padre sentado tras su escritorio concentrado en su trabajo, al percatarse de mi invasión levanta la vista de los papeles y me regala un sonrisa.



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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