Atenea.

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Capítulo 27

Aidan

Mi hija se ha quedado con Dante, solo espero que hablen y logren solucionar el problema creado por Astrid, sé que hay mucho más de fondo, pero de todo corazón espero que regresen juntos y tan felices como lo estaban hace menos de un día, en este momento mi sangre hierve de furia por la actitud de triunfo de Astrid, no puede ocultar la satisfacción que le causa separar a Dante de Atenea.

Al llegar por fin a nuestra suite no me puedo contener más y le suelto a gritos todo lo que pienso en éste momento.

— No sé por qué te sientes tan feliz, cuando es tu propia hija la que sufre — no sé qué tienes en contra de Dante, pero no voy a permitir que eso destruya la felicidad de mi hija.

— Prefiero que sufra ahora que no está tan enamorada a que lo haga cuando ya haya perdido la cabeza por ese hombre — y por supuesto que Astrid no iba a ser menos, también me grita.

— Lo que haces está mal y lo sabes, acaso crees que no sé qué fuiste tú quien pago a la mujer que abordó a Dante en el bar… — Astrid me mira sorprendida, pero finge no saber de lo que le habló, no la dejaré irse de rositas cuando es la felicidad de mi hija la que está en juego —… así como también sé que fuiste enseguida a contarle eso a Atenea.

— Todo lo que hago es por su bien — en el fondo quisiera creerla, pero la verdad no puedo hacerlo, no después de ver que es capaz de cualquier cosa con tal de sepáralos.

— Eso ni tú te lo crees… Y mírame a la cara cuando te hablo ¡maldita sea!... — rehúye mi mirada, sabe que he descubierto su juego sucio, así que tomo su mentón entre mis dedos y clavo mis ojos en los suyos — Escúchame bien Astrid… no dejaré que le robes la felicidad a mi hija, puedes inventar cosas, mentir e incluso rebajarte a pagar a otros para que te ayuden a lograr separar a Atenea de Dante, pero aquí estoy yo para impedirlo y mientras yo esté vivo voy a hacer todo lo posible porque ella sea feliz, así que es mejor que pares con tu juego sucio, no sé qué pretendes, pero ni por un segundo me creo que lo hagas por su bien.

— Ese hombre no le conviene a mi hija, es un canalla y la va a lastimar.

— Seguro que no más de lo que tú ya lo has hecho en todo este tiempo, querida… — sé que es un golpe bajo, pero es necesario, me mira dolida, pero poco me importa dadas las circunstancias, lo único que quiero es que deje de meterse en la vida de Atenea y Dante — así que te pido que los dejes en paz de una buena vez, el hecho de que tú no hayas querido ser feliz no significa que ella no pueda serlo.

— ¿Y a ti que más te da?... ni siquiera eres su verdadero padre… — eso es lo último que Astrid logra decir antes de darnos cuenta que Atenea está en la puerta y acaba de escucharlo todo…

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Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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