Atenea.

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Capítulo 29

Atenea

 

Después de casi dos meses de haber huido de casa y de haber pensado mucho en todo lo sucedido, pude darme cuenta de muchas cosas, sobre todo la extraña relación entre  mis padres, una relación basada en el amor de mi padre hacia una mujer que nunca lo amó, también pensé en Dante y en nuestra incipiente relación que empezó y termino en un abrir y cerrar de ojos, debo confesar que lo extraño y conforme los días pasaban mi deseo de volver crecía, pero por una cosa u otra aun no lograba tomar mis cosas y volver a casa… sé que mi familia debe estar preocupada, Dante con toda seguridad habrá vuelto a Boston porque dudo que esté esperando por mi después de casi dos meses de ausencia, soy consciente que he sido una irresponsable al no decir a donde iba, pero de verdad necesitaba desconectarme del caos que era mi vida, ahora me siento más fuerte, más centrada, he asumido que aunque no sea la hija biológica de Aidan Bellamy él es el único padre que conozco, ni siquiera tengo el impulso idiota de querer saber quién fue mi padre biológico, eso es lo de menos.

Ese día después de salir del hotel subí a un taxi y me dirigí a uno de los tantos aeropuertos de Londres, con todo el dinero que tenía compré un boleto a un lugar en que no me iban a encontrar, es más ni siquiera iban a sospechar que me iba allí, compre un boleto a Ecuador, me iría con mi amiga Nina, sabía que ella me recibiría con los brazos abiertos y me prestaría sus oídos para escuchar mis penas y su hombro para llorar tal como lo hizo durante nuestra convivencia en Barcelona, el vuelo que había disponible haría dos escalas, una en Madrid y otra en Panamá, no me importaron las horas extras de espera en otros aeropuertos, lo único que quería era alejarme de todo y de todos, las horas de espera antes de tomar el vuelo me tuvieron nerviosa temiendo que me encontraran y frustraran mi plan de escape, solo cuando estuve sentada en mi lugar dentro del avión pude sentirme algo más tranquila, en Madrid tuve que esperar como tres horas,  y en esa terminal aproveche para llamar a Nina y decirle que iba de camino, tal y como había pensado mi amiga dijo que me esperaría en el aeropuerto, no hizo preguntas y lo agradecí, ya tendría tiempo de contarle todo lo sucedido en cuanto pisara su país, después de esa llamada decidí apagar mi teléfono, no era tan idiota como para deshacerme de él sabiendo que lo podría necesitar después, además contaba con muy poco dinero y ni muerta iba a usar mis tarjetas con el riesgo de ser rastreada y encontrada por Bryan y sus hombres.

El cruce del Atlántico fue incomodo, tanto por la estrechez de mi asiento de clase turista como por los compañeros de fila que para mí mala suerte fueron un tipo con aires de galán que intentó entablar conversación conmigo y  una señora con un bebé que no dejaba de llorar, dormir fue imposible, me mantuve despierta hasta la llegada a Panamá, por fortuna esta escala fue muy corta, una hora apenas para repostar combustible, dos horas después aterrizaba mi avión en Quito y el piloto anuncio un clima frio, la niebla que se veía por la ventana lo decía todo, era casi media noche cuando llegué y tal como mi amiga había prometido me esperaba en la salida con una mini pizarra en donde estaba escrito mi nombre, a pesar de lo mal que me sentía en ese momento sonreí en dirección a Nina y me acerqué corriendo para abrazarla, al sentir su abrazo no me pude contener por más tiempo y me descompuse llorando, para cuando me calme un poco salimos del aeropuerto y subimos a un auto que según me dijo Nina era de un amigo y se lo había prestado.

De camino a Otavalo le conté todo lo sucedido desde mi vuelta a Newcastle, Nina me escuchó y en algunos momentos maldijo y dijo palabrotas en contra de mi madre, y la verdad no me afectó porque mi amiga tenía razón,  mi madre era una víbora y no merecía ni mi cariño ni que yo estuviera mal por su culpa, en cuanto llegamos a su casa y me llevó a la que sería mi habitación, al ver mi cama caí rendida y dormí por horas.

El lugar en donde me encontraba era simplemente maravilloso, nada de edificios ni rascacielos que arruinaran la belleza del paisaje, la casa de Nina estaba cerca de un bosque de eucalipto en donde ella dijo que había una cascada, a pesar de que el clima era lluvioso en este lugar sentí paz, esa que perdí hace unos pocos meses en cuanto me di cuenta que mi familia era un farsa.

La familia de Nina me recibió con los brazos abiertos, ellos consideraban que lo que había hecho mucho por su hija cuando estudiábamos en Barcelona era algo que solo lo hacían las buenas personas, ellos me dieron su cariño y yo me limite a dejarme querer, porque la verdad es que me hacía mucha falta sentir eso, a los pocos días de estar en Otavalo y porque no quería ser una carga para los padres de Nina, decidí ayudar en el taller de artesanías, la verdad al inicio me costó un poco de trabajo aprender, pero al cabo de unos días le había agarrado el truco a la elaboración de collares y pulseras y me sentía una artesana más, las trabajadoras del taller mujeres indígenas en su mayoría me aceptaron dentro del grupo y como por fortuna gracias a Nina y mi estadía en España sabía hablar español no me supuso mucho esfuerzo comunicarme con todos, durante la semana trabajábamos en el taller y los fines de semana los aprovechábamos para hacer turismo por la zona, conocí muchos lugares hermosos que Nina me había enseñado en fotos hace algunos años, pero que en vivo eran todo un espectáculo, podría vivir toda la vida en este lugar si mi corazón no estuviera en otro sitio, añoraba a Dante, a mis hermanos, pero sobre todo pensaba en mi padre y en si estaría siguiendo el tratamiento para tratar de vencer su enfermedad, cada día me decía que al siguiente haría mis maletas y volvería a Newcastle, pero ese día no terminaba de llegar…



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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