Atenea.

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Capítulo 33

Atenea

 

Disfrutamos de la comida en silencio y al terminar me siento nerviosa y excitada, ha llegado el momento de hacer el amor con Dante y mis ganas por ser suya se mezclan con la inseguridad por mi poca experiencia en la cama, si bien no soy virgen, han pasado más de 4 años desde que tuviera sexo por última vez, en mi vida en Barcelona dejé eso de lado y me concentré en mis estudios, ahora estoy aquí ligera de ropa y con el hombre del que estoy enamorada mirándome como si yo fuera la mujer más hermosa del planeta.

 

— Después de esta noche, no más huidas y no más peleas… ¿puedes prometer eso?...

— Intentaré no hacerlo más…

— No quiero que lo intentes, quiero que no lo hagas más, vamos promételo… — no sé porque no puedo hacer esa simple promesa, los dedos de Dante se aventuran por mi escote, su cercanía hace que la temperatura de mi cuerpo se eleve, mi respiración se acelera conforme sus dedos bajan las tiras de mi vestido y presa de su seducción termino prometiendo lo que me pide.

 

Después de sacarme esa promesa Dante me dice entre susurros cuanto me desea y las ganas que tiene de hacerme el amor, yo me dejo seducir por sus palabras y correspondo a cada uno de sus avances, poco a poco me va desnudando y me dice lo hermosa que soy, Dante sigue completamente vestido pero en cuanto empieza a abrir uno a uno los botones de su camisa mis ojos no pierden detalle y observan cada porción de piel que deja a la vista, cuando su torso queda expuesto a mí no puedo evitar tocarlo, Dante toma mi mano y la guía hasta la presilla de su pantalón, clara señal de que desea que sea yo quien siga descubriendo su cuerpo, no lo dudo y lo hago, aunque con manos temblorosas, doy un respingo al bajar el cierre y descubrir que no lleva ropa interior, lo miro un tanto sonrojada, el simplemente sonríe y me pega a su cálido cuerpo, sentir su torso pegado a mis pechos y como mis pezones se endurecen por el contacto es maravilloso, cuando la mano de Dante se aventura en mi entrepierna tiemblo nerviosa, pero sus manos son hábiles y no me cuesta relajarme y entregarme por completo, para cuando me tiende en la cama y se coloca sobre mi cuerpo estoy completamente lista para tenerlo dentro, solo que mi adorado novio tiene otras cosas en mente, se toma su tiempo, besa cada rincón de mi cuerpo, toca, lame muerde y acaricia, las palabras son innecesarias, pues nuestros cuerpos lo dicen todo, siento su entrega, su amor, su deseo…  y sin necesidad de tenerlo dentro logro tener el primer orgasmo de mi vida, al darse cuenta de que ha logrado hacerme llegar a la cima sonríe satisfecho, pero no me da tregua, cuando aún siento los espasmos del orgasmo vivido Dante coloca su pene en mi entrada y mirándome a los ojos entra poco a poco, debo decir que al principio me cuesta adaptarme a tu tamaño y lo que al inicio era incomodo poco a poco se convierte en placer, rodeo sus caderas con mis piernas y lo invito a moverse, lo hace suave al principio, y conforme nuestros cuerpos adoptan un ritmo aumenta la intensidad y llego a mi segundo orgasmo, Dante me besa con pasión y un par de embestidas después lo siento vaciarse en mi interior.

Lo hacemos un par de veces más durante la noche y dormimos abrazados en la posición de la cucharita, me despierto cuando el cielo empieza a dibujar trazos naranjas en el horizonte, señal inequívoca de que un nuevo día está por llegar, giro lentamente entre los brazos de este hombre que me vuelve loca y me permito admirar su rostro dormido y sereno, me encantan su labios y no me resisto a besarlos suavemente tratando de no despertarlo, en mi intento por abandonar nuestra cama e ir a limpiarme y aliviarme, solo consigo que se despierte y se aferre a mi cuerpo sin querer soltarlo, entre risas consigo librarme de sus brazos, me envuelvo en el cobertor y me encierro en el cuarto de baño, me doy una ducha y disfruto del agua fría sobre mi piel, en este momento me duele cada rincón de mi cuerpo, fue una noche intensa y aun así tengo ganas de más, al salir del baño me encuentro a Dante sentado apoyando su espalda en el cabecero de la cama, me mira con intensidad y mi vagina se humedece al instante…

 

— ¿Cómo te sientes? — pregunta y puedo sentir preocupación en su voz…

— Mejor que nunca — mi respuesta lo relaja de inmediato y le arranca una sonora carcajada, y yo ni corta ni perezosa me meto en la cama con él.

— Esto está demás — me dice quitando la toalla que cubre mi cuerpo y pegándome al suyo, disfruto del sabor de sus besos y del calor de su piel.

— Me gusta estar así contigo, cuando te conocí jamás creí que pudiéramos estar así alguna vez…

— Yo en cambio, ya perdí la cuenta de las veces en que nos imagine así…

— Te creo, en nuestro primer encuentro me pareciste un seductor buscando una chica con la que tener un polvo en el aeropuerto — finjo indignación y eso lo hace reír.



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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