Atenea.

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Capítulo 35

Atenea

Llevamos casi una semana en Boston y los asuntos de negocios de Dante parecen no tener fin, por momentos empiezo a impacientarme y hasta siento ganas de tomar un avión e ir directa a casa, pero Dante me dice que tenga paciencia, que apenas solucione todos sus pendientes iremos a Newcastle, la verdad es que nuestra estancia en esta ciudad no es lo que yo esperaba, más bien me siento un poco abandonada, las pocas veces en que salí del departamento lo hice acompañada por el chofer y no pude conocer prácticamente nada, quería conocer la ciudad, la empresa de mi novio, pero nada de eso ha ocurrido, Dante ni siquiera hace el intento de prestarme más atención y debo decir que eso me entristece y me cabrea a partes iguales, lo he notado preocupado, pero no he querido preguntar la razón, después de todo él es quien debe confiar en mí y decirme que es lo que pasa.

Las noches son el único momento del día en que compartimos algo de tiempo juntos, la química sexual se mantiene y con cada orgasmo olvido por un momento lo sola que me siento durante el día, nunca fui una mujer que dependiera de otro para sentirse feliz, me siento extraña por experimentar todas estas cosas.

Este día he decidido visitarlo en su oficina, espero le guste mi visita y poder almorzar con él y compartir un poco de tiempo fuera de esta cuatro paredes, el chofer me lleva directamente al edificio de la empresa de Dante, no es muy largo el trayecto, al llegar salgo del auto y acomodo mi abrigo para dirigirme a paso firme hacia las puertas del edificio, la chica que hace de recepcionista me recibe con una sonrisa y me deja pasar sin problemas, el trayecto en el ascensor es corto, al llegar a la penúltima planta el aparato se detiene, me dirijo con toda confianza al escritorio de la que supongo será la asistente de mi novio…

 

 

Dante

Esta semana ha sido un ir y venir, no he parado con mi trabajo, además del problema que estoy teniendo con mi madre, ahora reclama la anulación del testamento de mi padre… después de más de 30 años pretende que la herencia sea dividida entre los dos, Johan ha sido de mucha ayuda en todo esto, no le he hablado de este problema en particular a Atenea, prefiero que no sepa la clase de madre que tengo, suficiente tiene con la suya  y con todos estos líos ni siquiera le he pedido que se case conmigo, espero resolver todo esto pronto para poder irme con ella a Newcastle.

Mi madre en compañía de los vagos de mis medio hermanos han tenido la osadía de visitarme en la oficina ya que no me han encontrado en mi antiguo departamento, supuestamente con la intención de hablar y resolver el asunto de la herencia sin llegar a juicios y esas cosas, pero la verdad no estoy dispuesto a compartir la herencia de mi padre con una mujer que no ha actuado nunca como una verdadera madre y con los parásitos que tiene por marido e hijos…

— No voy a ceder madre, no veras de mí ni un solo centavo.

— Pues no es tu dinero el que estoy reclamando, hijo, es el dinero de tu padre — sin duda mi madre se ha convertido en toda una arpía interesada en compañía del sinvergüenza con el que está casada.

— Pues te recuerdo que mi padre no te dejó nada y puesto que era joven cuando murió no puedes alegar ningún trastorno mental, él simplemente no quería dejarte nada porque debió darse cuenta de la clase de mujer que tú eras, así que deja todo el teatro que no vas a obtener nada.

— Siempre fuiste un mal hijo, nunca has hecho nada por tu madre — y una vez más pone ese tono y esa cara de victima que no me creo ni por un segundo.

— ¿Porque habría de hacer algo por una mujer que nunca se preocupó por mí? — finge sentirse dolida y el imbécil de Darío me mira furioso.

— No le hables así a nuestra madre, el hecho de que odies a mi padre no te da derecho a tratarla mal, ella ha sido una buena madre y siempre se ha preocupado por nuestro bien estar.

— Por el bienestar de Elías y tú, porque a mí solo me ha visto como el idiota al que le sacaba dinero cada vez que se le antojaba por medio de sus chantajes estúpidos, a partir de hoy ya no recibirás un centavo más, si has tenido el valor de reclamar que la herencia se divida, debes tener el valor de mantenerte por tu cuenta o mejor aún… que el vago que tienes por marido trabaje por primera vez en su vida y te mantenga, yo ya estoy harto y con lo que has hecho has colmado mi paciencia — ahora la señora finge llorar a lagrima viva, pero después de todo lo vivido con ella sé que no debo creer en nada de lo que diga o haga, ya me ha jodido demasiado la vida como para aguantar sus teatritos.

— Dante, por favor… no seas tan cruel con mamá — lo que faltaba, el niñato malcriado también tiene algo que decir.

— Mira Elías, no me jorobes, estoy cansado de ustedes y de toda la mierda que los rodea, si fueses un poco más hombre y más responsable no estarías acompañando a esta mujer a pedir un dinero que no le corresponde, ya estás en edad de ponerte a trabajar, yo no pienso mantenerlos ni un día más — estoy tan molesto que acabo dando un golpe a la mesa.



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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