Atenea.

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Capítulo 39

Dante

Desde que llegamos a casa de sus abuelos Atenea se quebró y empezó a llorar y no había manera de que pare de hacerlo, todo porque su madre es una bruja que solo sabe hacer daño, espero que la ruptura sea definitiva, no quiero a esa mujer rondando a mi mujer ahora que está embarazada, por lo pronto se va a vivir a Boston conmigo, me da mucha pena por Aidan que esperaba pasar más tiempo con ella, pero también entiende que no es bueno para su hija permanecer en Newcastle.

En este momento quisiera decirle unas cuantas cosas a la bruja de mi suegra, es evidente que aparte de la discusión se atrevió a golpear a Atenea, su mejilla al rojo vivo lo decía todo, ahora está dormida después de que su abuela le diera un té.

— No sé cómo se las ingenia tu esposa para sacar todo de quicio, no me importa que me odie a muerte, pero si por ese odio absurdo le hace daño a la mujer que amo, no puedo ni debo quedarme de brazos cruzados…

— No quiero que hables con ella, es hora de que sea yo quien ponga las cosas en su sitio — Aidan al igual que yo está molesto y también preocupado, el embarazo es reciente y no me gustaría que por cosas como esta les pasará algo a mis bebés.

— Lo único que te pido es que Astrid no se acerque a Atenea, las cosas en lugar de mejorar han empeorado y no quiero que la moleste, mucho menos ahora que está embarazada y lo único que necesita es tranquilidad.

— Cuenta con ello, de mi cuenta corre que no los importune…

Cuando Aidan se ha ido voy directo a la habitación que los abuelos de Atenea nos han dado, está dormida y casi no se nota que ha llorado aunque en su mejilla está un tanto inflamada, solo espero que no le quede ningún moratón cortesía de su madre…

 

Aidan

Las cosas han ido demasiado lejos, Astrid está fuera de control y es hora de hablar claro, durante años se ha provechado del amor que sentía por ella para salirse siempre con la suya, solo un hombre enamorado puede soportar a una mujer que le hace la vida imposible día sí y día también, por fortuna yo ya no siento lo mismo por ella, me he dado cuenta muy tarde que no vale la pena dar amor a alguien que no está dispuesto a aceptarlo, simplemente desperdicié muchos años de mi vida esperando a ser correspondido, nada más llegar a casa voy directo a su habitación y entro sin llamar, todo está oscuro y lo único que se escucha son los sollozos de Astrid…

— Las cosas han ido demasiado lejos y lo sabes… — al advertir mi presencia enjuga sus lágrimas y me da la espalda.

— Mi hija me odia, al fin lograste quitármela del todo... — el tono afectado de su voz no me conmueve lo más mínimo…

— No digas estupideces, nadie te ha quitado a tu hija, tú te encargaste de alejarla — me molesta la oscuridad y enciendo la luz, Astrid se ve tan frágil, al parecer ha llorado toda la tarde al igual que mi hija.

— ¿Es verdad lo del embarazo?

— Si, es verdad, está de unas pocas semanas.

— Ese maldito tipo supo envolver a mi hija…

— Ya que has sacado a Dante a colación… me gustaría saber que tienes en contra de él…

— Acaso no ves que no le conviene a mi hija…

— Era Atenea quien debía decidir si Dante le convenía o no, y creo que la elección de nuestra hija es más que obvia… muy pronto van a casarse y espero que entiendas que después de todo lo ocurrido Atenea no quiera que estés presente.

— Jamás creí que me vería en una situación así, odiada por mi hija, resignada a ver como arruina su vida con un hombre que no le conviene…

— Seamos claros de una buena vez… ¿Qué tienes en contra de Dante?... ¿Acaso te gusta el novio de tu hija y por eso los quieres separar? , ¿Tal vez esperas que yo muera para correr tras él?… — sé que estoy forzando la situación, pero es la única forma de saber qué es lo que le pasa a Astrid con Dante, si no la llevo al límite jamás conoceré la verdad —…se sincera Astrid, Dante es del tipo de hombre con el que estarías dispuesta a retomar tu vida…

— Si me crees capaz de algo así, es porque no me conoces lo suficiente… — es increíble como Astrid puede pasar de las lágrimas a la furia —… ¿Quieres saber que me pasa con Dante?... pues que me recuerda al padre de Atenea, son tan iguales…  

— Deberías estar feliz de que sea igual al padre de Atenea, ya que por años has estado obsesionada con él… — ahora sí que no entiendo nada, ese hombre ha sido la sombra en nuestro matrimonio, Astrid me mira con cara de que sabe algo que yo no y suelta con desprecio…



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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