Atenea.

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Capítulo 42

Astrid

Cuando recibí la llamada de mi madre diciéndome que Atenea lo sabía todo no pude hacer otra cosa que salir corriendo para aclarar las cosas de una buena vez, desde ese día en que por primera vez le di una bofetada no he dejado de sentirme mal, mi hija se casó ayer con ese hombre que si bien no me agrada debo respetar porque es la elección de mi hija y el padre de esos nietos que vienen en camino.

Aidan viene conmigo y eso me brinda algo de seguridad para volver a ver a mi hija, aun así el mantiene las distancias, no hemos vuelto a tocar el tema del divorcio, en mayor parte porque cuando el tema surge yo prefiero desviar el tema o irme… que irónico que quiera a un hombre que ya no siente nada por mí, cuando en otro tiempo hubiese sido feliz con la idea del divorcio…

Cuando llegamos a la casa de mis padres mi madre nos conduce a su salón y ahí están mi hija y su esposo, Dante acaricia sus manos y la mira con adoración, es innegable que ese hombre ama a Atenea… no entiendo como no pude verlo antes, claro que eso a ella nunca le importó, ha luchado por estar con este hombre y eso es algo que en el fondo admiro, aún recuerdo cuando me dijo que ella no iba a desperdiciar ninguna oportunidad de ser feliz como lo hice yo.

— Mi abuela me lo ha contado todo, pero sé que hay más y solo ustedes pueden decírmelo — el tono calmado con el que mi hija dice las cosas me sorprende, no me cabe duda de que ella ha madurado y es inevitable sentirme orgullosa de ella — creo que es hora de dejar a tras las mentiras y los secretos…

— Tu padre y yo estamos al tanto de la conversación con tu abuela, pero tienes razón, aún quedan cosas por decir… — tomamos asiento frente a mi hija que me mira de manera distinta, ya no veo reflejados en sus ojos el desprecio y la decepción de las últimas veces — … la primera es que yo soy responsable de todo lo que ha pasado a lo largo de estos años, por causa de mi inmadurez y mi empeño en creer en un hombre que en realidad no me amaba, por despreciar el amor que me ofreció tu padre durante todos estos años, nunca quise ver la realidad y me empeñe en guardar luto por alguien que andaba por la vida feliz y sin preocuparse de la mujer que abandonó y de su hija… pero tienes derecho de saber quién es…

— Mamá — me interrumpe — … no me interesa saber quién te ayudó a concebirme, ese hombre nunca ha sido mi padre, adoro a mi padre, a ese que ha estado conmigo desde que tengo uso de razón, al que me ha apoyado incluso en mis momentos de locura, adoro al padre que se hizo a cargo de la hija de su mejor amigo y de la mujer que amaba, Aidan Bellamy es mi único padre, el otro no es más que un desgraciado que se aprovechó de ti y cuando no nos quiso más nos vendió — mi hija tiene tanta razón, escuchar de su boca como fueron las cosas duele, pero esa es la verdad, su padre biológico nos vendió.

— Respeto tu decisión hija, si no quieres saber nada de él ni por curiosidad lo entiendo, además el no merece tener una hija como tú…

— Hay algo que no tengo claro… la abuela me dijo que por años creíste que ese hombre había muerto porque mal interpretaste las cosas…

— Cuando Aidan me encontró en España que era a donde había huido con ese hombre… debo decir que no lo hizo de manera sutil, de hecho pasé mucho miedo y las circunstancias me hicieron creer lo peor de él,  creí por años que Aidan ordenó a uno de sus hombres que mataran a tu verdadero padre…

— ¿Y cómo descubriste que no estaba muerto? — rio con amargura antes de responder.

— Lo vi en Londres caminando de la mano con otra mujer, feliz de la vida… y cuando me vio fingió no conocerme, pocas semanas después nos reunimos y me lo contó todo, formó una familia con una mujer que tiene el dinero suficiente para mantenerlo, siempre fue un vividor, pero nunca me di cuenta… como te habrá contado mi madre, en cuanto supo que la empresa de tus abuelos estaba en ruinas buscó la manera de deshacerse de nosotras.

— Toda esta historia es tan absurda…

— Lo sé hija, pero se volvió absurda por la falta de comunicación entre tu madre y yo, ella me odiaba al creer que me había deshecho de ese hombre, además creyó por mucho tiempo que sus padres la vendieron para salvar la empresa… — Atenea escucha atentamente a su padre y no puedo negar que a pesar de no llevar la misma sangre siempre han estado unidos, desde la primera vez que Aidan tuvo a mi hija en su brazos la quiso aunque al inicio yo no dejaba que se le acercara por miedo a que le hiciera daño.

— Papá… tú aprovechaste la situación económica de los abuelos para casarte con mamá… ¿por qué no los ayudaste sin tener que obligar a mi mamá a darte el sí?

— Yo amaba a tu madre en ese entonces, además quería cuidar de ustedes… y no es que tu madre accediera a casarse tan pronto, nos casamos cuando tú ya tenías unos seis meses de nacida, tu madre se resistió por meses y yo me impacienté y terminé por obligarla a casarse con la ayuda de tus abuelos, siempre supe que eso estuvo mal… esperaba contarle la verdad, pero nunca pudimos hablar como personas racionales, tu madre siempre estaba lista para atacar y defenderse, nunca tomaba bien lo que yo decía, por eso nunca pude decirle como eran en realidad las cosas… — todo lo que Aidan dice es verdad, por lo mismo prefiero no decir nada y también finjo que no me ha afectado escucharle hablar de que me amaba, en pasado, es evidente que se cansó y ya no siente nada por mí.



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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