Atenea.

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Capítulo 47

Dante

El trayecto desde Boston hasta Medfield ha sido un infierno, demasiado tráfico para mi gusto y además la preocupación por no saber cómo se encuentra Atenea me va a matar, su embarazo no ha sido un embarazo normal, no sé si ha comido siquiera, espero que ese desgraciado no les haya hecho daño, tiemblo de impotencia al pensar que pueda maltratarlas o algo peor…

Mientras nos vamos acercando a la propiedad el oficial a cargo nos dice que debemos bajar de los autos y acercarnos caminando, que mientras menos alboroto se armé será más difícil que sospechen que estamos aquí y poder entrar y sacarlas de este lugar.

La casa de mis abuelos no se ve en muy buen estado, de las pocas veces en que los visité en mi niñez no guardo muchos recuerdos, eran cariñosos conmigo y me daban lo que mi madre no, pero en cuanto llegaron mis otros hermanos yo pasé a un segundo plano, seguramente por eso le dejaron la casa a mi madre, pensando en que alguna vez uno de eso idiotas pudiera heredar está casa que sin duda vio tiempos mejores, por fuera parece que no hubiera nadie dentro de casa, pero bien sabemos que no es así, algunos de los agentes empiezan a rodear la casa y en un determinado momento el agente a cargo me pone la mano en el pecho…

— Señor Hamilton, usted debe esperar aquí, no es aconsejable que entre.

— Mi mujer embarazada está ahí adentro, no puede pedirme que me quede esperando, necesito entrar y saber que ella y mis bebés están bien… déjeme entrar con ustedes — mi tono es conciliador, no sea que si saco mi mal genio me mande a la mierda y no me permita ir con ellos.

— ¿Es consciente de que su presencia podría entorpecer el rescate si los secuestradores entran en pánico?

— Prometo no interferir, pero déjeme ir… por favor —por mi mujer y mis hijos vale la pena suplicar.

— Está bien, puede venir con nosotros pero bajo su responsabilidad — asiento en señal de aprobación y voy con los agentes… veo que uno de ellos está abriendo la puerta con una herramienta metálica, una vuelta, dos vueltas y el cerrojo hace click.

Entramos a la casa con sigilo y en completo silencio caminando prácticamente en puntillas, escuchamos voces y es ahí hacia donde nos dirigimos, las voces provienen de la cocina, los agentes empujan la puerta y rápidamente logran atrapar a mi madre y a Elías… los dos me miran sorprendidos y también asustados, los agentes les preguntan en donde las tienen, Elías no suelta prenda, pero mi madre al verme tan furioso termina por decir que las tienen en el ático de la casa, mientras un par de agentes se aprestan a esposar a mi madre y mi medio hermano los otros agentes y yo nos disponemos a subir la escaleras… al menos ahora sé que Atenea está aquí y espero que pronto todo esto termine y podamos vivir sus últimas semanas de embarazo en paz…

Conforme nos vamos acercando al Ático empezamos a escuchar una risa espeluznante que reconozco a la perfección, es el hijo de puta de mi padrastro, pero también se escuchan unos sollozos, me tortura pensar que son de Atenea y que ese tipo le haya hecho daño…

Los agentes tiran la puerta sin ningún miramiento y mis ojos se posan en el cuerpo de Atenea que yace en el piso inmóvil, mi padrastro al percatarse de que todo está por acabar no puede rendirse sin luchar y toma a Electra como rehén, saca una pistola y apunta con ella en la cabeza de mi cuñada que está paralizada por el susto y no para de llorar…

— Si se atreven a dar un paso más voy a matarla… — nadie se mueve, pero tenemos que hacer algo, no puedo dejar que mate a mi cuñada y mucho menos que Atenea siga inconsciente sin saber si ella y mis hijos están bien o mal.

— Si quieres dinero te daré lo que me pidas, pero suelta a Electra y déjame sacar a mi mujer de este lugar — estoy hablando en un tono calmado, debo contenerme, porque lo que ahora quisiera es matar a golpes a este hijo de puta.

— No me creas tan imbécil Dante, con la policía aquí es imposible que logre salir sin tener problemas, seguramente ya habrán atrapado a la zorra de tu madre y al idiota de Elías…

— Ellos cooperaron y están libres — miento descaradamente pero poco me importa.

— ¡¡¡¡Malditos traidores!!! — ese sobresalto hace que la pistola se mueva y de un tiro al aire que nos pone de los nervios a todos, pero en medio de eso para mí hay un soplo de esperanza, ya que Atenea está moviendo sus pestañas y creo que en cualquier momento puede despertar.

— Señor… cálmese, no ha hecho nada que pueda lamentar… — el agente trata de hacerlo entrar en razón pero sé que es inútil, la mirada de mi padrastro es la de un demente y temo lo que se esté cruzando en este momento por su mente retorcida…



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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