Atenea.

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Capítulo 48

Dante

 

El tiempo pasa y nadie me dice nada, tengo miedo de que a Atenea le pase algo, no podría soportar vivir sin ella y me duele pensar que mis hijas no tengan a su madre.

Recuerdo lo que sentí la primera vez que la vi, ahora parece tan lejana esa mañana en el aeropuerto de Barcelona en donde vi sentada frente a mí a una mujer hermosa que me plantó cara y se dejó seducir a la primera oportunidad… eso fue lo que me gustó de ella y lo que me sigue gustando, me empeñé en que ella fuera mía y lo conseguí, ella es mi amiga, mi esposa, mi amante, mi compañera y la madre de mis hijas… si a ella le pasa algo estaré incompleto, en mi mente no hay lugar para imaginar mi vida sin ella…

Después de lo que parecen horas sale el médico que la estaba operando… su expresión no me dice nada, solo ruego porque no sean malas noticias, Marcus, su novia y Johan están conmigo, y apenas el doctor se pone a mi altura los tengo a mi lado para escuchar lo que este hombre tenga que decir…

— Logramos controlar la hemorragia… — eso es todo lo que necesitaba escuchar para tener un poco de tranquilidad.

— Gracias por salvarla…

— Eso no es todo señor Hamilton…

— ¿Mi esposa está bien o no? — mi alivio se ha esfumado, solo quiero que ella esté bien…

— Logramos detener la hemorragia y estabilizar los signos vitales de su esposa, pero para lograrlo tuvimos que hacerle una histerectomía…

— Hablemos claro doctor… me está diciendo que mi esposa está viva pero no va a volver a ser madre nunca más… — no es un pregunta, es una afirmación, Johan apoya su mano en mi hombro y Marcus me mira con pena…

— Exactamente señor Hamilton, su esposa no podrá tener más hijos, o extirpábamos su útero o la dejábamos morir desangrada… —me da igual que ella no pueda tener más hijos, tenemos a nuestras niñas y ella está viva que es lo único que me importa.

— Gracias por todo doctor… gracias por salvarle la vida — en este momento soy el hombre más agradecido, ella está bien, está viva y haré lo posible porque sea feliz con las niñas que tenemos y que en un futuro no eche en falta tener más hijos…

— Solo hice mi trabajo señor Hamilton, no tiene nada que agradecer, es una pena que ella haya tenido que pasar por un secuestro y ponerse de parto en esa situación, en este momento está siendo trasladada a una habitación, conforme vayan remitiendo loes efectos de la anestesia ella ira despertando, si desea estar junto a ella puede hacerlo.

— ¿Y mis hijas?

— Están en el área de neonatología, las tendremos en una incubadora un par de semanas, pero no se preocupe por ellas, sus niñas están perfectas a pesar de haber nacido antes de tiempo — en cuanto el doctor se va Johan me abraza mientras por primera vez en muchos años me permito llorar, llorar de agradecimiento por tenerla conmigo, Atenea está viva y a pesar de todo podremos seguir nuestra vida juntos, ahora acompañados por esas dos personitas que van a ser nuestra razón para levantarnos día tras día.

Atenea sigue descansando, no ha despertado aun, pero está fuera de peligro, ya he llamado a sus padres para contarles lo ocurrido y sé que es cuestión de horas para que lleguen a Boston a conocer a sus nietas, Electra está en casa, está en un estado que me preocupa, no solo fue traicionada por su novio que no era otro que Elías, mi medio hermano, que la engañó para saber todos nuestros movimientos y ayudar a su padre con el secuestro, también fue testigo de la muerte de ese desgraciado, solo espero que algún día pueda superar eso y seguir con su vida, Electra no merecía ser utilizada de esa forma, pero ya es pasado y no se puede hacer nada para evitar nada de lo ocurrido.

A mis hijas las tienen juntas en una misma incubadora, están en un sueño profundo, espero que podamos llevarlas pronto a casa, no he pensado aun en como las vamos a llamar, para eso tiene que despertar su madre y lo decidiremos juntos, es triste que por esta situación Atenea no haya visto nacer a sus hijas y que será algo que no va a poder repetir, algunas veces hablamos de tener por lo menos tres hijos, lamentablemente ya no podrá ser…

 

 

Atenea

Nada más despertar siento un dolor extraño en mi vientre, rápidamente llevo mi mano a ese lugar en donde debería estar mi panza y ha desaparecido… de repente recuerdo el secuestro, recuerdo a ese hombre cayendo muerto y a Dante a mi lado antes de que me desmayara…

— Todo está bien mi vida… — Dante… giro mi rostro y lo veo sentado junto a mi cama, tiene un aspecto penoso, la barba le ha crecido y sus ojeras son profundas…



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

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