Atenea.

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 55

Atenea

 

Desde que llegamos a Londres Dante y yo hemos podido disfrutar los dos solos, amo a mis hijas, pero nos hacía falta estar solo los dos, pero eso no significa que haya olvidado el verdadero motivo que nos trajo a Londres, hoy es el día en que veré cara a cara por primera vez al hombre que me dio la vida, el hombre del que mi madre estuvo enamorada perdidamente, el hombre que nos vendió y se olvidó de nosotras hasta ahora en que me necesita para salvar a su otra hija, en el fondo debo admitir que me duele que nos haya despreciado a mi madre y a mí cuando yo ni siquiera había nacido.

 

No puedo disimular los nervios que siento con Dante, me conoce demasiado bien como para fingir con él, salimos del hotel tomados de la mano, pedimos un taxi y nos dirigimos al hospital en donde se encuentra esa chica, sé que ese hombre nos espera, ya que Dante se aseguró de decirle que íbamos a encontrarnos para hablar con el doctor y hacer las pruebas de compatibilidad, durante el camino nos sumimos en un silencio cómodo, cuando el taxi nos deja en la puerta del hospital, tomo un respiro profundo y entramos, Dante aprieta mi mano en señal de apoyo y ese gesto me hace mirarlo y sonreír, en recepción preguntamos por el doctor que lleva el caso de esa chica, ya frente a la puerta del consultorio Dante llama y una voz nos indica que pasemos, el doctor que es un hombre de unos 50 años nos mira y señala las sillas frene a su escritorio, agradezco no tener que ver a ese hombre, esperaba que estuviese esperando junto al médico.

 

— El señor Williams me avisó de que venían, lo primero que deben saber es que estamos en una carrera contra el tiempo, su hermana necesita ese trasplante lo antes posible, su salud está muy deteriorada, si su medula no es compatible no habrá nada más que hacer, no hay tiempo para buscar otros donadores — así que ese hombre se apellida Williams…

— Estoy aquí para hacerme las pruebas y créame que a mí también me gustaría que esto se haga lo más rápido posible — el doctor me mira fijamente como buscando algo en mí que asociar con mi padre biológico, sostengo su mirada, no tengo nada que ocultar.

— Entiendo su situación familiar, aun así su padre agradece que haya accedido a ayudar a su hermana —el tono condescendiente de este hombre me molesta y es inevitable responder, aunque Dante aprieta mi muslo intentando hacerme callar.

— En primer lugar… doctor… ese hombre no es mi padre, ni esa chica mi hermana, si estoy aquí es porque yo también soy madre y me gustaría que si una de mis hijas enferma alguien le ayude, eso es lo que me mueve a estar aquí, ni el señor Williams ni su hija me interesan más allá de lo que haré por ellos… así que cuide su tono conmigo, que podría largarme de aquí sin importarme nada — el rostro del hombre se torna serio y asiente — ¿he sido clara?

— Mucho, creo que mejor iniciamos con las pruebas, puede cambiar su ropa y ponerse la bata que hay en la habitación, me muestra una puerta y yo paso mientras Dante espera fuera con el doctor.

Cuando salgo el doctor me explica que para el análisis solo me sacaran una muestra de sangre, me pregunta también si tengo alguna enfermedad grave que me pueda impedir ser donante, le explico a breves rasgos que mi embarazo fue un tanto complicado y que mis hijas nacieron prematuras, pero igual tengo la impresión de que está confirmando una información que ya tenía desde antes de que llegara, una vez obtiene la muestra de sangre la envía directamente al laboratorio.

— ¿Cuándo podremos saber los resultados? —pregunto después de haberme vestido y estar sentada frente al doctor con Dante nuevamente a mi lado.

— Hoy mismo, si desean esperar un par de horas a que esté listo el resultado.

— Esta bien, volveremos en un par de horas…

— El señor Williams… —levanto la mano antes de que continúe, no me interesa nada de lo que tenga que decir ese hombre.

— No me diga más, usted sabe la razón por la que vine, no necesito saber nada de ese hombre, ignoro si los unen lazos de amistad, pero le agradecería que no lo nombre y si puede dígale que no quiero conocerlo y que agradezco que no se haya presentado, no quiero saber nada de él, de la misma forma en que él nunca quiso saber nada de mi…

— No sea injusta… el sufre…

— No soy injusta, soy consecuente, no me voy a poner a sentir compasión por una persona que lo único que hizo por mí fue engendrarme… — salgo conteniéndome para no dar un portazo.

 

Al final decidimos salir a dar una vuelta para matar ese par de horas, Dante respeta mi silencio y se limita a pasear tomando mi mano, recorremos las calles de Londres perdiéndonos en el mar de personas que circulan por las aceras, cuando Dante me lleva a una cafetería lo sigo sin decir nada, sé que es momento de hablar…



Gabymelf

Editado: 10.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar