Atentamente. Con cariño.

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Grandísimo idiota:

¡No puedo creer que me hayas dejado hacer eso! ¡¿Por qué no me dijiste que no ibas a mi salón?! Por tu culpa pasé la peor vergüenza de mi vida. Me dan ganas de matarte. Ahora tengo a ese chico siguiéndome por todos lados porque cree que lo del sábado solo fue una excusa para acercarme a él.

¡Te odio! ¡Te odio! ¡No podes ser tan tonto! Y no, no me vas a comprar con una flor bonita. Vas a tener que hacer algo mucho mejor que eso si querés que te perdone. Y no creas ni por un segundo que esto me va a frenar. Al contrario, ahora tengo el doble de motivación. Así que si querés hacer algo útil para que mi asesina interior se olvide de tu jugarreta podrías empezar por darme un perfil con el cual empezar a buscar.

Necesito saber tus gustos, tus pasiones, tu filosofía de vida, que es lo que esperás de una chica (Solo con que esperes algo de una chica ya podría descartar a la mitad de la escuela). Y nada de juegos esta vez. Fue muy incómodo, tonto. Y vos estabas ahí viéndome sin decir nada.

Realmente pensé que eras él. Ahora que lo veo en retrospectiva tiene más sentido su cara de sorpresa y confusión. Tendrías que haber visto su mirada desesperada. Fue muy graciosa. Estaba un poco asustado, pero eso es lógico. ¡Lo estaba acusando de decirme que le gusto! Debió creer que estaba loca, ni siquiera suelo hablar con él. ¡Qué vergüenza! Ahora lo tengo constantemente encima invitándome a salir. Y todo porque el Señor J. decidió olvidarse de un pequeñito detalle.

Que ahora me resulte un poquito gracioso no significa que estés perdonado. Estoy muy molesta, así que esto va a costarte caro. No te voy a restar puntos porque de alguna manera conseguís que me divierta incluso con mis propios errores, pero ya voy a encontrar la manera de hacerte pagar. Por el momento voy a quedarme tranquila esperando mi oportunidad.

Ya entendí lo de las cartas y es lindo que pienses así. Es un poco anticuado, pero eso lo hace más especial. Te imagino sentado frente a una hoja en blanco, con una lapicera en la mano y mi carta a un costado, pensando qué vas a contestar, dedicándome una parte de tu tiempo. Saber que ese tiempo, esas palabras, son solo mías, me hace sentir única. Tal vez soy un poco soñadora pero me gusta verlo así. Por eso sigo escribiéndote. No quiero perder esto. Es la razón por la que voy a tolerar tu payasada.

Al menos por ahora.

 

Con cariño. Jess.

 

P.D.: Los datos para armar un perfil en realidad no me sirven para nada. No voy a encontrarte más rápido porque me digas tu color favorito. Pero hay ciertas cosas que quisiera saber solo por curiosidad. Por ejemplo, ya que empezaste a escribirme porque te gusto, quisiera saber qué es exactamente lo que te gusta de una chica o cómo es tu visión del amor. Es algo cursi pero me interesa.



E. D. Laurent

Editado: 29.12.2018

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