Atentamente. Con cariño.

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Querido J:

Te cuento un poco como fue esta primera semana:

El lunes, como ya te dije, papá fue a su primera reunión de A.A. Al principio estaba muy nervioso, incluso hizo un berrinche para no ir, parecía un nene. Sin embargo, volvió muy contento por el apoyo que le brindó el grupo y se puso ansioso por la próxima reunión.

El martes empezó a sentirse un poco distraído, pero no parecía nada grave así que lo pasamos por alto. El que sí dio un poco de problemas ese día fue mi hermano. Lo llamaron sus "amigos" y se fue sin avisar. Papá salió a buscarlo y lo trajo a tirones. Discutieron un poco, pero Víctor no parecía enojado, al contrario, estaba casi contento.

En los días siguientes no pasó demasiado, solo aumentaron las pesadillas y el mal humor. En las reuniones papá explicó su estado y le dijeron que era completamente normal los primeros días, y que era en este periodo donde se ponía a prueba su voluntad. Aun así se puso insoportable, y como bien dijiste, estuvo a punto de tener una recaída.

Eso fue el sábado. Yo había salido a hacer unas compras, y, cuando volví, lo encontré sentado en un rincón, con una botella en la mano y una foto de mamá. Estaba llorando, me dio mucha pena. Cuando lo acompañe a acostarse me preguntó si estaba orgullosa de él por no haber tocado la botella. Al parecer había intentado aguantar hasta que yo llegara. Ya casi no tiene fuerzas, parece que tengo que cuidarlo aún más que antes, pero la diferencia es que ya no me pesa tanto.

Lo único que no sé y me desespera es cómo sacarlo de la casa. Si está todo el día acá encerrado le va a costar más. Vos que siempre podés encontrar una solución a mis problemas ¿Qué decís que puedo hacer con ese tema? Necesito un punto de vista fresco.

Ya que te hice un resumen de la situación me toca preguntar sobre vos. ¿Por qué aun no hablaste con tu papá? A esta altura resulta demasiado obvio que no va a salir de él contarte. Tenés que buscar una forma de tener esa conversación sin que represente un problema. No me uses como excusa, a mí ya me ayudaste. Si bien te necesito para apoyarme, eso no impide que resuelvas tus problemas. Perdele el miedo a enfrentarlo, no te va a comer. Es tu papá y te quiere, y por muy mal que esté su relación con tu mamá eso no va a cambiar. Pensalo, prometiste dejarme ayudarte.

 

Con cariño. Jess.



E. D. Laurent

Editado: 29.12.2018

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