Atentamente. Con cariño.

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Querida Jess:

Para cuando deje esta carta en el armario ya habremos pasado un tiempo sin hablar. Solo de pensar en eso ya te estoy extrañando. El motivo de mi ausencia fue algo demasiado inesperado. No tuve oportunidad de avisarte y lo único que se me ocurrió fue decirle a uno de mis amigos que tratara de ubicarte y decirte que no te preocupes. Estoy bastante intranquilo por eso, porque sé que él no te conoce y me inquieta pensar que tal vez no te encuentre.

Para evitar esos pensamientos pesimistas me puse a escribir la carta en pleno viaje. Sí, estoy viajando (si estás leyendo esto es porque ya volví, tomá en cuenta que estoy escribiendo el domingo después de mi última carta). Dejame que te cuente qué fue lo que pasó para que decidiera irme con tanta prisa.

El viernes, al volver de la escuela, estuve pensando en lo que me habías escrito sobre postergar el encuentro hasta estar seguros de que no tendríamos más problemas. Eso me hizo pensar que yo tenía uno sin resolver y que te había prometido hacerlo.

Cuando llegué a casa junté todo el valor que pude y le dije a mi papá que necesitaba hablar con él un rato. Por su cara puedo decir que se sorprendió bastante, y más aún cuando mencioné el tema que quería aclarar. Como era de esperarse, lo primero que hizo fue ponerse a la defensiva, pero se tranquilizó cuando le dije que solo quería hablar y que no pretendía juzgarlo, sino entenderlo.

Charlamos un buen rato. Insistió en que no tiene ninguna amante y que las noches que llegaba tarde las pasaba en un bar o demorándose intencionalmente en la oficina. Me explicó que a veces las relaciones no funcionan por mucho que se quiera a la otra persona. Dijo que quiere a mi mamá y que le duele saber que está lastimándola, pero que su matrimonio ya no es como antes.

En cierta forma lo entendí, yo mismo pasé por algo así, te lo conté hace un tiempo. Lo que no podía entender, y se lo dije, era porque tardaba tanto en decírselo. Le pedí que fuera sincero con ella antes de que la situación empeorara, que tenía mi apoyo en tanto le permitiera seguir con su vida y ser feliz, porque ambos tienen derecho a serlo.

Tal y como vos dijiste, lo entendió perfectamente. Hasta ese momento todo iba bien, lo que pasó después fue la sorpresa. Cuando dije que lo hablara cuanto antes, no pensé que fuera a hacerlo a los cinco minutos. No salió tan bien como esperaba. Mamá acabó llorando y encerrándose en su habitación el resto del día, y papá intentando ayudarme a buscar una solución para que se recuperara de la ruptura.

La única solución que encontró fue mandarla de vacaciones a casa de mi abuela, y es ahí a donde estoy yendo en este momento. Como verás no me dio tiempo a escribirte, así que, entre las corridas y los preparativos del viaje, me acerqué a casa de un amigo que vive a un par de cuadras y le pedí que te diera la noticia.

Aunque estoy escribiendo en el asiento del colectivo sé que si lo estás leyendo es porque ya volví, y puedo asegurarte que te extrañé mucho aunque para mi aun no haya pasado la semana. Espero que también me hayas extrañado.
 

Atte. J.

 

P.D.: Jess, cuando fui a dejar esta carta vi la tuya y me llamó la atención, así que preferí leerla primero. Te juro que no tenía idea de que algo así podía pasar. Me preocupaba que no te pudieran avisar, pero en el momento no me pareció algo tan difícil.

Ya volví, ya estoy bien, no te preocupes. No me pasó nada grave, solo eso que te escribí más arriba. No sé qué decirte, soy un estúpido. Debí asegurarme de que te habían dicho, llamar, mandar un mensaje. O conseguir tu número al menos para decírtelo yo mismo.

No puedo creer que hayas pasado por eso toda esta semana. No me voy a perdonar nunca haberte hecho sufrir de esa manera por un descuido idiota. Soy un imbécil. No sé cómo no me di cuenta de que había otras opciones. Espero que puedas perdonarme, aunque ni siquiera estoy seguro de que yo mismo pueda hacerlo. ¡Qué forma de amarte la mía! Lloraste y sufriste por mi culpa. Si ahora me odiás lo voy a entender. Tenés motivos de sobra para hacerlo. No tengo excusa. Soy un idiota, perdón.



E. D. Laurent

Editado: 29.12.2018

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